Es muy lamentable escuchar críticas infundadas; gente que se considera apta para emitir comentarios y que no tiene fundamento abunda en nuestro país
Por: Carlos Santamaría Ochoa06/09/2010 | Actualizada a las 18:18h
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Es muy lamentable escuchar críticas infundadas; gente que
se considera apta para emitir comentarios y que no tiene fundamento abunda en
nuestro país.
De esta manera, hemos visto históricamente la forma en
que funcionarios opinan sin ton ni son; los diputados son expertos en este tipo
de menesteres, ya que hablan de todo sin conocimiento a profundidad.
¡Vaya!, lo vemos en el fútbol, cuando la gente critica al técnico tal o cual
haciendo ver que la estrategia no es la adecuada, y cuando se les pregunta qué
harían si el jugador fulano de tal cambiara de perfil, no tienen la mínima idea
de lo que se habla, y por consecuencia, emiten opiniones absurdas, que rayan en
lo estúpido.
Lo mismo pasa en el sector magisterial: Elba Esther
Gordillo, aquella mujer que, a la sombra de Carlos Jongitud nace como lideresa
y se enquista en el poder de uno de los sectores más importantes en el
desarrollo de una nación.
La Gordillo, como se le conoce, supone que es eterna y se
ha autonombrado como la mandamás de los mentores sometidos a través de las
siglas del SNTE –Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación- a grado
tal que lo que diga la señora es ley, no importa que no tenga la mínima idea de
diferenciar una “i” de un número romano. Recuérdese el discurso que con motivo
de la Influenza AH1N1 hizo y que dejó perplejos a todos.
Hoy, la mujer que tiene todo menos capacidades
intelectuales, ha criticado a la Secretaría de Educación Pública, cuando mucho
de lo que es esta dependencia es gracias a la forma en que se desenvuelven los
miles de sindicalizados maestros que no tienen idea de lo que representa tener
en sus manos al educación de los niños.
¡Qué tiempos aquellos cuando los maestros eran verdaderos guías y nos mostraban
lo que había que enseñar! Hoy, bajo mil pretextos, los mentores se han
convertido en una especie de burócratas conformistas y demagogos, de flojos y
tramposos que solamente buscan sus días económicos como pretexto para faltar a
dar clases, y no para atender asuntos de carácter personal y urgente. No hay ya
de esos profesores, como la que cantó Serrat en aquella hermosa melodía en
catalán.
El diputado federal panista Julio Castellanos criticó la
declaración de la señora Gordillo –no nos constan sus estudios magisteriales-
sobre el hecho de que Josefina Vázquez Mota y Alonso Lujambio están más preocupados
por la presidencia que por la educación. Como dicen los jóvenes: “¡hoooooola!”
Seguramente la mujer que se ha enquistado y ha cometido atrocidades en aras del
poder sabe lo que es ser profesor. Seguramente, cuando llega su yerno no ha
empleado el grotesco influyentismo para ubicarlo en un buen cargo. Seguramente,
la señora Elba Esther no tiene a cientos de trabajadores en casa con plaza de
maestros y muchas horas de clase, cuando no alcanza la nómina a cubrir las
necesidades del país.
Es muy probable que la señora de referencia no conozca a
qué huele una barra de tiza para el pizarrón, y menos, que sepa cómo se maneja
una computadora y un proyector, o un pizarrón inteligente.
Dice el diputado que la Gordillo frena la calidad
educativa, y eso lo sabemos todos, porque se dedica a hacer grilla barata desde
sus oficinas o desde su residencia en Miami y a través de la vía telefónica.
La educación en México no merece este tipo de lastres.
Los seguidores de la vieja dirigente magisterial son precisamente aquellos que
hicieron que nuestros hijos, aparentemente, salieran bien librados de la prueba
enlace, al exigirles que copiaran las respuestas para alterar una realidad
nacional y local.
Pero la mujer sigue ahí, solapada por quien manda en el país,
así como por otros que mandan en algunos estados, siguiendo con sus arbitrarias
designaciones de plazas y privilegios. Nadie se atreve a desmentirla porque
puede ser sujeto a las represalias de todos conocidas.
No pensamos que Lujambio ha sido el mejor secretario de
educación en el país, sin embargo, tiene muchos méritos más que la señora
Gordillo, porque al menos el hombre se ha dedicado a conformar un equipo de
trabajo competente, apto, diligente, procurando evadir a los viejos dinosaurios
“gordillistas”, que solo van a las oficinas a grillar, a chatear y a coquetear
con jovencitas que pretenden que un “viejo rabo verde” de esos les ayude a
obtener una plaza, aunque sea en una prefectura.
El lector no nos dejará mentir: la señora Elba Esther
Gordillo y su sindicato son parte de lo que frena el avance educativo en
México, porque tienen miedo de experimentar los cambios que se requiere hacer,
porque no tienen idea de la manera de pensar de los muchachos y niños de hoy,
porque no saben qué significa el término “educación”, para ser claros.
Mientas sigan viviendo en el presupuesto las y los
Gordillos, seguiremos teniendo el grave déficit educativo que se cobija y
disfraza a través de resultados ficticios de “enlaces” virtuales, que solamente
sirven para engañar.
Mientras estos sujetos vivan, no podemos vanagloriarnos
de ningún resultado académico, en ningún nivel, por favor.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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