Vivimos en una sociedad ávida de innovaciones: ya llegaron las computadoras cuando aparecieron las portátiles verdaderas, es decir, las lap tops...
Por: Carlos Santamaría Ochoa23/01/2010 | Actualizada a las 14:02h
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Vivimos en una sociedad ávida de innovaciones: ya
llegaron las computadoras cuando aparecieron las portátiles verdaderas, es
decir, las lap tops, y luego comenzó el desarrollo de máquinas más pequeñas y
con una gran capacidad: surgen las mini computadoras hasta llegar a unas que
prácticamente caben en la bolsa del pantalón, aunque hay una marca muy
prestigiada que ha presentado un modelo lleno de defectos. El caso es que viene todo apretando: los teléfonos
celulares eran conocidos como “ladrillos”; hoy, pequeños, digitales, táctiles,
con una serie de aplicaciones que los hacen insustituibles, y todo pasa así,
sin embargo, el ser humano no puede dejar a un lado sus tradiciones, sus
costumbres… sus cosas viejas. Hace 3 décadas en el Puerto de Tampico había una
mal cuidada plaza precisamente donde están edificios legendarios: correos,
telégrafos, el edificio de la luz y otros más que la memoria no ayuda a
recordar. Daba tristeza llegar a una plaza maloliente, donde la prostitución
había sentado sus reales y la inseguridad era pan de todos los días. Los integrantes del comercio organizado y fuerzas
vivas del puerto se dedicaron a buscar la manera de recuperar su historia, sus
tradiciones, y entonces formaron un patronato que ha dejado esa plaza
completamente remozada, con un estacionamiento subterráneo y además, los
edificios aledaños también fueron restaurados en un trabajo que llama la
atención de propios y extraños. Amigos nuestros viajan de la ciudad de México o
Aguascalientes, de San Luis Potosí o Querétaro para admirar esa plaza y sus
alrededores. Hoy, se ha buscado remodelar más edificios para recuperar aquel
Tampico que a principios del siglo pasado era la copia de ciudades importantes,
con el estilo arquitectónico que le ganó el mote de “El Nueva Orleans
tamaulipeco”. Resulta realmente confortante ver que algunas
personas se ocupan precisamente de recuperar lo que tuvimos; Victoria tiene
pocos edificios valiosos, sin embargo, algunos fueron derrumbados por manos
ignorantes –o mentes- que decidieron instalar negocios en la zona centro en lugar
de aquellas muy pocas construcciones que había. Queda aún la Casa Filizola que
sufrió aquel incendio que devastó prácticamente todo, pero que por alguna razón
no ha sido atendido el asunto en relación a recuperar ese hermoso edificio con
un estilo arquitectónico también de hace unos 80 o 90 años. Victoria tiene pocas cosas, pero se podría hacer
algo por recuperar lo nuestro. En este sentido, nos da mucho gusto y podríamos
decir que un poco de envidia, -sin especificar si es buena o mala, porque hay
quien asegura que la envidia, por donde se le vea, es mala- ver que en
Matamoros se está haciendo algo similar a lo que sucedió en Tampico: están
remodelando una plaza muy interesante, con edificios que seguramente tendrán el
toque de los tamaulipecos que se entregan a recuperar lo que nos deja vestigios
de historia. Curiosamente, somos muy celosos para guardar
ruinas arqueológicas y los edificios como que los dejamos ahí, al garete, sin
poner la atención debida. Si visitamos Reynosa o Nuevo Laredo, Victoria o el
Mante, San Fernando o Abasolo, Jiménez o Casas, encontraremos seguramente algún
inmueble que puede ser significativo en la historia del lugar. Tendemos a minimizar cuando las ciudades, pueblos
o municipios son pequeños, pero no entendemos que para esa gente “su” iglesia,
casa o escuela resulta harto valiosa. Un ejemplo claro, la vieja escuela y la iglesia de
Viejo Padilla, que podría ser recuperado e inclusive aprovechado para construir
instalaciones de tipo cultural o turístico, y de esa forma, allegarse recursos
para su mantenimiento. El caso es que nos ha dado mucho gusto ver que
Matamoros tiene un programa de remodelación de sus espacios, aquellos donde
seguramente personajes como Servando Canales y otros pasearon y discutieron
aspectos que resultaron de trascendencia para la vida del Tamaulipas que
vivieron y que ha sido la base del que hoy disfrutamos. Las raíces de cada uno de nosotros son
importantes, y como una sociedad, un estado, resultan fundamentales. Es importante este tipo de trabajos. Hacemos votos
porque la sociedad siga organizándose, porque las autoridades de los tres
niveles pongan su grano de arena y porque, entre todos, podamos disfrutar, como
ahora lo hacen nuestros paisanos de Tampico, de sus maravillosos edificios
totalmente restaurados, respetando su arquitectura original, para que nuestros
hijos y nietos puedan darse una idea de lo que fue su terruño, su estado, su
raíz. Esperamos pronto poder visitar Matamoros y
disfrutar de la restauración de la que hacemos mención, y sobre todo, que estas
acciones se multipliquen. Si usted tiene la fortuna de vivir en uno de esos
inmuebles, no piense que resultará caro restaurarlo: cuídelo por y para usted,
porque haciéndolo lo está trasladando como un beneficio social, comunitario, de
todos, pues. Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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