Cuando las autoridades ejercen su fuerza para recuperar el orden, hay siempre muchas opiniones, en su mayoría...
Por: Carlos Santamaría Ochoa05/09/2010 | Actualizada a las 18:12h
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Cuando
las autoridades ejercen su fuerza para recuperar el orden, hay siempre muchas
opiniones, en su mayoría, y desde nuestra óptica, fuera de toda racional forma
de pensar.
Entendemos
que un agente de cualquier cuerpo está capacitado para mantener el orden de una
forma u otra, lo que quiere decir que en ocasiones se tiene que emplear la
fuerza para lograrlo. No concebimos, por ejemplo, cuando las comisiones de
Derechos Humanos acusan a policías de ejercer violencia innecesaria o desmedida
cuando son agredidos por ciudadanos estupidizados por tratar de defender una
causa que pudiera no ser justa, pero que tendrá su dosis de respeto por parte
de los demás, siempre y cuando no afecte no los derechos de los que vivimos en
ese mismo sitio.
Hemos
visto videos en los que un loco prende fuego con una lata de aerosol en la cara
de un policía, o cuando les lanzan ladrillos y piedras, cuando los patean o
recibena tubazos: estas acciones se
consideran “normales.”, porque nadie critica a esos bárbaros –bestias, pues-
que agreden a los policías.
No suceda
al revés, que un policía someta a uno de estos salvajes con un macanazo o un
golpe para poder arrestarlo, porque entonces, el policía es un animal, un
bruto, un salvaje.
Son dos
ópticas muy distintas en las que los cuerpos de seguridad siempre tienen las de
perder. En una balacera, cuando el delincuente dispara no se dice nada, pero si
el policía lo hace y da en el blanco, entonces es el peor de los asesinos.
Sucede lo mismo con elementos del ejército mexicano, la marina, policía
federal, municipal y estatal.
Y con los
plantones: lo mismo, pero mejorado.
Siusted o yo decidimos cerrar, por ejemplo, la
calle Juárez ola de Hidalgo en protesta
porque no estamos de acuerdo con tal o cual determinación, llegan los elementos
abusivos de las grúas y nos levantan con todo y carro, porque no tienen idea de
lo que es la ley ni el respeto a los demás: nos llevan por alterar el orden o
el “bando de policía y buen gobierno”. El caso es que acabamos en el 2 Zaragoza
y luego allá, por Tamatán.
Pero si
usted tiene credencial de algún grupo de agitadores profesionales, no pasa
nada. El claro ejemplo lo vemos con los señores que dirigen Antorcha Campesina
que ya amenazan con bloquear Victoria el día 9 del presente mes, según Carlos
Martínez Leal, quien seguramente estará desempleado y por esa razón encabeza
movimientos de rebeldía, aunado a la falta de pago por parte de instancias que
le permiten llevar el ritmo de vida que lleva.
Ahora
reclama innumerables acciones de vivienda y culpa al gobierno de que los
muchachos se van a la frontera de mojados y demás. Ahora resulta que porque los
jóvenes no son mantenidos por el gobierno son delincuentes o ilegales. Solo
faltaba eso.
No ha
entendido seguramente que los padres tenemos mucho que ver con lo que son
nuestros hijos, y que el gobierno estatal -ni el federal o municipal- está
obligados a mantener a gente que no quiere trabajar.
Y decimos
“no quiere”, porque si bien es cierto que hay desempleo desmedido, sucede que
muchos de estos personajes buscan trabajos de director o jefe, con salarios de
película y horarios mínimos. O sea, se busca trabajo rogando a Dios no encontrar,
y si tenemos ya tiempo, nos unimos a estos grupos y exigimos casa gratis,
despensa gratis, escuela gratis y demás.
Y la
gente que trabaja, comerciantes –organizados y ambulantes- empresarios,
industriales, académicos y demás. ¿No tendrían el mismo derecho?
¿Por qué
habría el gobierno de dar vivienda y alimento a los que no trabajan cuando no
se los da gratis a los que trabajan y permiten que México sea lo que es?
Don
Carlos, sinceramente, está desubicado y con sus amenazas puede propiciar que
haya violencia en las calles, porque hay que pensar qué sucederá cuando
bloqueen una calle o avenida y venga alguien con verdadera urgencia de pasar.
¿Aguantaremos
las ofensas que suelen regalar a los ciudadanos que somos afectados?
Hay
garantías individuales constitucionalmente permitidas, pero definitivamente, la
autoridad no debe permitir que se lleven a cabo estas muestras de permisividad
y abuso. La autoridad, en todos sus niveles, debe impedirlo, porque para ello
les pagamos los ciudadanos.
Antorcha
Campesina tiene sus postulados, los que no compartimos pero respetamos, sin
embargo, el hecho de desquiciar una ciudad, a ellos o a otros, les diremos que
nunca estaremos de acuerdo, y sí podemos, como gente afectada, ser susceptibles
de acciones que lleven a la convivencia desigual.
La
autoridad debe prevenir estas cosas, hablar con los vividores –perdón,
dirigentes- y advertirles que estas acciones, con nosotros no van, porque la
reacción puede no ser muy agradable.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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