El Anzuelo...
¿Por qué no les dijeron, comentaron, sugirieron ... planchar?
por El Fisgón
No hay tiempo ya para modificar legalmente la ceremonia en que Felipe Calderón Hinojosa hará entrega de su cuarto informe de labores ante el Congreso de la Unión...
Por: Juan Sánchez-Mendoza
+
Felipe Calderón difunde vía internet su cuarto informe
+ No
le importa el marco legal que rige a su investidura
+ En
video cápsulas grabadas habla de trabajo y logros
+
Diputados federales y senadores ya poco le interesan
No hay tiempo ya
para modificar legalmente la ceremonia en que Felipe Calderón Hinojosa hará
entrega de su cuarto informe de labores ante el Congreso de la Unión.
Pero hoy, a dos
días del acontecimiento, es necesario destacar la áspera controversia que
mantiene el jefe del Ejecutivo Federal con el Poder Legislativo.
Sobre todo porque
el señor de Los Pinos, a través de la Internet, ya divulga en cápsulas el
contenido del documento que por ley debe remitir primero a las cámaras de
Diputados y Senadores para su estudio y glosa.
Usted bien puede
comprobarlo al visitar la página electrónica de la Presidencia de la República
–o quizá, como es mi caso y el de millones de compatriotas, abriendo el mail
enviado por cercanos colaboradores del michoacano--, donde aparecen algunos
mensajes video grabados de Felipe con respecto a “sus logros” del último año
fiscal en materia de infraestructura hospitalaria; seguro popular;
infraestructura carretera; economía y seguridad, cuando menos.
Son temas
plasmados en el cuarto informe –así lo refiere el mismo Calderón Hinojosa--,
que (quizá todavía) ignoran los legisladores que forman parte del Congreso de
la Unión (porque el período de sesiones ordinarias se abre igual hasta el
miércoles próximo), pero no la sociedad civil en su conjunto –según podrían
estimarlo en Palacio Nacional--, ya que la intención del señor de Los Pinos
podría ser convencernos de su fecundo trabajo con videos difundidos a través de
la Internet, aunque no sé si él o quienes lo asesoran desconozcan que mis
hermanos obreros, campesinos, pescadores y subempleados, por referir a gran
parte de la población mexicana, apenas si tienen para mal comer y menos cuentan
con recursos para acceder a los mensajes vía electrónica.
En fin, éste es
el nuevo modelo para informar al pueblo por parte del Presidente de México.
Así es que Usted
ya lo sabe: se compra una computadora, contrata el servicio de Internet y toma
cursos intensivos en la materia, o, de plano, no podrá gozar de los beneficios
que conlleva enterarse del informe antes que los legisladores.
Falta de voluntad
Si Felipe
Calderón Hinojosa en verdad quisiera recuperar algo de credibilidad, lo más
sensato hubiera sido que ante el pueblo de México reconociera sus fracasos,
excesos, omisiones y exabruptos cometidos en el ejercicio constitucional.
Pero al señor de
Los Pinos sólo parece interesarle persuadir a las cerca de mil 200 personas
invitadas a escuchar su mensaje en Palacio Nacional, un día después de haber
enviado por escrito el cuarto informe de gobierno a la LXI Legislatura de la
Cámara de Diputados (federal, por supuesto).
Años atrás, Usted
lo recuerda, la entrega del documento informativo y el pronunciamiento del
mensaje tenían lugar en un mismo recinto y en una misma ceremonia protocolaria,
pero el formato cambió en septiembre del 2007, porque Felipe no quiso visitar
más el Palacio Legislativo de San Lázaro donde a la fuerza, el uno de diciembre
del 2006, entró por la puerta trasera para rendir protesta como Presidente
Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
De entonces
a la fecha ha rehusado que el salón de plenos de la Cámara baja sirva de
locación a cualquier encuentro entre los poderes Ejecutivo (federal) y
Legislativo, donde él mismo participe, sin con ello quebrantar la legalidad
–nuestra Carta Magna consigna simplemente la entrega del informe por escrito y
no la intervención personal del mandatario--, pero sí exhibe su falta de
entendimiento con los diputados antagónicos al membrete albiceleste y, sobre
todo, carencia de urbanidad política.
Dos de las
ventajas que ofrecía el formato anterior, era que al evento acudían todos los
integrantes de los tres poderes de la Unión y los dirigentes más
representativos del corporativismo obrero, centrales campesinas, agrupaciones
de profesionistas, empresarios e industriales; figuras del deporte, jefes de
partidos políticos y, en síntesis, todo aquél actor que dentro de su actividad
fuera considerado un cabecilla --no líder, pues para alcanzar tal connotación a
la mayoría les faltaban tamaños--, y la difusión que se daba al evento a través
de los medios de comunicación masiva, o bien por boca de los asistentes a éste,
pues para acceder al recinto, a diferencia de hoy, no importaban credos, status
social, colores ni ideologías.
Dicho en otras
palabras, era un ceremonial de respeto. De respeto mutuo entre los
representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, aun cuando en el fondo
no se soportaran.
En esta ocasión,
como ya es del dominio público, habrá dos eventos en torno a un mismo tema.
El primero tendrá
lugar en el Palacio Legislativo de San Lázaro el miércoles venidero, cuando los
diputados federales reciban el documento de manos de un colaborador de Felipe,
y el otro tal vez al día siguiente, cuando Calderón Hinojosa, en Palacio
Nacional, pronuncie un mensaje ante sus invitados.
Promesas, sólo promesas
La oferta
política de Felipe Calderón Hinojosa, contra lo estimado por sus testaferros de
mayor confianza, no ha quedado en el olvido para los cerca de 106 millones de
mexicanos que una y otra vez lo escuchamos prometer que durante su régimen no
habría crisis económica en el país… y menos inseguridad.
Así que, quiéralo
o no, el señor de Los Pinos tendrá que responder a esos sus compromisos, so
pena de perder la escasa credibilidad que todavía dicen que tiene.
He aquí algunas
de sus ofertas hasta hoy incumplidas, por supuesto:
a) Hacer crecer
más del siete por ciento anual el Producto Interno Bruto (PIB); b) crear un
millón 300 mil empleos anuales; c) crear un sistema nacional de becas y
financiamiento para los estudiantes pobres; d) quitarle a Gobernación las
funciones de la seguridad nacional; d) aumentar al doble el presupuesto para la
educación, del cinco al ocho por ciento del PIB; e) distribuir a estados y
municipios el 45 por ciento del presupuesto en lugar del cerca de 20% actual;
f) la exención total de impuestos a toda empresa nueva que genere empleos; g)
acotar el fuero para funcionarios federales; h) que los Centros de Readaptación
Social sean verdaderas áreas de rehabilitación; i) que no exista déficit fiscal
en el año 2010; j) inflación igual a la que registra la Unión Americana; k) una
reforma fiscal a fondo para que la recaudación de impuestos crezca del 10 al 16
por ciento del PIB, sin que se sangre más a los contribuyentes pero sí
incorporando a los evasores fiscales al sistema tributario; y l) procurar la
seguridad pública y desterrar la delincuencia organizada.
Para alcanzar
muchas de las metas aquí enumeradas, se requiere modificar preceptos
constitucionales, que, por ley, sólo puede reformar el Congreso de la Unión –no
un decreto presidencial--, y para hacer posibles los cambios se necesita que la
mayoría de los legisladores esté de acuerdo, pues los diputados federales y los
senadores del Partido Acción Nacional (PAN) y sus homólogos circunstanciales
son minoría.
Lo que sigue faltando
Por tanto, a dos
días de que Felipe Calderón Hinojosa entregue su cuarto informe presidencial,
vale la pena ventilar algunos asuntos que están pendientes de resolver.
Durante los
últimos cuatro años la vida económica, política y social del país, ha estado
supeditada a la necesidad, los caprichos, los enojos y los rencores del
michoacano; aunque lo peor es el clima de violencia que crece exageradamente en
todos el país, sin que haya visos de recuperar la tranquilidad que gozábamos
antes de que él llegara al poder.
Recibió, es
cierto, una herencia nada agradable: una economía prendida con alfileres y a
millones de mexicanos sumidos en la pobreza y en la desesperanza.
De inicio
enfrentó una profunda crisis económica, producto de la política aplicada en
nuestro país desde 1982 y profundizada por sus antecesores.
Y aunque todavía
se discute quién tuvo la responsabilidad mayor en esa crisis, lo cierto es que
las medidas adoptadas para remediarla no se han diferenciado en nada a las de
sus antecesores, y aun cuando dice haber logrado superar el problema y retomar
la senda del crecimiento, su saldo en ese terreno es negativo.
Por lo que se
refiere a las condiciones sociales de existencia de la mayoría de los
mexicanos, el presidente ofreció que llevaría bienestar a las familias
mexicanas.
Sin embargo
durante su régimen el número de pobres sigue creciendo y los ricos siguen
haciéndose cada vez más ricos, ya sea a través de las enormes ganancias
obtenidas por la vía de mantener bajos los salarios o por el premio a la
ineficacia y a las prácticas deshonestas que, en complicidad con funcionarios
públicos, les permiten recibir del gobierno cuantiosas sumas aunque con ello se
deje endeudados por décadas a todos los mexicanos.
La administración
actual se enfrenta también el reclamo de no dar solución a los problemas de
carácter social, pues se dice que éstos jamás han estado en la agenda del
Presidente.
Y es que Calderón
Hinojosa es un gobernante insensible y sin la connotación del líder y estadista
que los mexicanos reclamamos desde hace mucho tiempo.
Ahí está
creciente la inseguridad pública que nos mantiene aterrorizados y él, por
comodidad, hoy dice que es responsabilidad de todos, cuando el Gobierno federal
que encabeza cuenta con presupuesto, armamento y efectivos para combatir el
crimen, mientras la sociedad sólo tiene para el mismo fin sus vidas y mediante
oraciones cotidianas pedimos mendrugos de justicia.
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx
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