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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Acelere presidencial

No hay tiempo ya para modificar legalmente la ceremonia en que Felipe Calderón Hinojosa hará entrega de su cuarto informe de labores ante el Congreso de la Unión...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 29/08/2010 | Actualizada a las 23:28h
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+ Felipe Calderón difunde vía internet su cuarto informe
+ No le importa el marco legal que rige a su investidura
+ En video cápsulas grabadas habla de trabajo y logros
+ Diputados federales y senadores ya poco le interesan
 
No hay tiempo ya para modificar legalmente la ceremonia en que Felipe Calderón Hinojosa hará entrega de su cuarto informe de labores ante el Congreso de la Unión.
 
Pero hoy, a dos días del acontecimiento, es necesario destacar la áspera controversia que mantiene el jefe del Ejecutivo Federal con el Poder Legislativo.
 
Sobre todo porque el señor de Los Pinos, a través de la Internet, ya divulga en cápsulas el contenido del documento que por ley debe remitir primero a las cámaras de Diputados y Senadores para su estudio y glosa.
 
Usted bien puede comprobarlo al visitar la página electrónica de la Presidencia de la República –o quizá, como es mi caso y el de millones de compatriotas, abriendo el mail enviado por cercanos colaboradores del michoacano--, donde aparecen algunos mensajes video grabados de Felipe con respecto a “sus logros” del último año fiscal en materia de infraestructura hospitalaria; seguro popular; infraestructura carretera; economía y seguridad, cuando menos.
 
Son temas plasmados en el cuarto informe –así lo refiere el mismo Calderón Hinojosa--, que (quizá todavía) ignoran los legisladores que forman parte del Congreso de la Unión (porque el período de sesiones ordinarias se abre igual hasta el miércoles próximo), pero no la sociedad civil en su conjunto –según podrían estimarlo en Palacio Nacional--, ya que la intención del señor de Los Pinos podría ser convencernos de su fecundo trabajo con videos difundidos a través de la Internet, aunque no sé si él o quienes lo asesoran desconozcan que mis hermanos obreros, campesinos, pescadores y subempleados, por referir a gran parte de la población mexicana, apenas si tienen para mal comer y menos cuentan con recursos para acceder a los mensajes vía electrónica.
 
En fin, éste es el nuevo modelo para informar al pueblo por parte del Presidente de México.
 
Así es que Usted ya lo sabe: se compra una computadora, contrata el servicio de Internet y toma cursos intensivos en la materia, o, de plano, no podrá gozar de los beneficios que conlleva enterarse del informe antes que los legisladores.
 
Falta de voluntad
Si Felipe Calderón Hinojosa en verdad quisiera recuperar algo de credibilidad, lo más sensato hubiera sido que ante el pueblo de México reconociera sus fracasos, excesos, omisiones y exabruptos cometidos en el ejercicio constitucional.
 
Pero al señor de Los Pinos sólo parece interesarle persuadir a las cerca de mil 200 personas invitadas a escuchar su mensaje en Palacio Nacional, un día después de haber enviado por escrito el cuarto informe de gobierno a la LXI Legislatura de la Cámara de Diputados (federal, por supuesto).
 
Años atrás, Usted lo recuerda, la entrega del documento informativo y el pronunciamiento del mensaje tenían lugar en un mismo recinto y en una misma ceremonia protocolaria, pero el formato cambió en septiembre del 2007, porque Felipe no quiso visitar más el Palacio Legislativo de San Lázaro donde a la fuerza, el uno de diciembre del 2006, entró por la puerta trasera para rendir protesta como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
 
 De entonces a la fecha ha rehusado que el salón de plenos de la Cámara baja sirva de locación a cualquier encuentro entre los poderes Ejecutivo (federal) y Legislativo, donde él mismo participe, sin con ello quebrantar la legalidad –nuestra Carta Magna consigna simplemente la entrega del informe por escrito y no la intervención personal del mandatario--, pero sí exhibe su falta de entendimiento con los diputados antagónicos al membrete albiceleste y, sobre todo, carencia de urbanidad política.
 
Dos de las ventajas que ofrecía el formato anterior, era que al evento acudían todos los integrantes de los tres poderes de la Unión y los dirigentes más representativos del corporativismo obrero, centrales campesinas, agrupaciones de profesionistas, empresarios e industriales; figuras del deporte, jefes de partidos políticos y, en síntesis, todo aquél actor que dentro de su actividad fuera considerado un cabecilla --no líder, pues para alcanzar tal connotación a la mayoría les faltaban tamaños--, y la difusión que se daba al evento a través de los medios de comunicación masiva, o bien por boca de los asistentes a éste, pues para acceder al recinto, a diferencia de hoy, no importaban credos, status social, colores ni ideologías.
 
Dicho en otras palabras, era un ceremonial de respeto. De respeto mutuo entre los representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, aun cuando en el fondo no se soportaran.
 
En esta ocasión, como ya es del dominio público, habrá dos eventos en torno a un mismo tema.
El primero tendrá lugar en el Palacio Legislativo de San Lázaro el miércoles venidero, cuando los diputados federales reciban el documento de manos de un colaborador de Felipe, y el otro tal vez al día siguiente, cuando Calderón Hinojosa, en Palacio Nacional, pronuncie un mensaje ante sus invitados.
 
Promesas, sólo promesas
La oferta política de Felipe Calderón Hinojosa, contra lo estimado por sus testaferros de mayor confianza, no ha quedado en el olvido para los cerca de 106 millones de mexicanos que una y otra vez lo escuchamos prometer que durante su régimen no habría crisis económica en el país… y menos inseguridad.
 
Así que, quiéralo o no, el señor de Los Pinos tendrá que responder a esos sus compromisos, so pena de perder la escasa credibilidad que todavía dicen que tiene.
 
He aquí algunas de sus ofertas hasta hoy incumplidas, por supuesto:
 
a) Hacer crecer más del siete por ciento anual el Producto Interno Bruto (PIB); b) crear un millón 300 mil empleos anuales; c) crear un sistema nacional de becas y financiamiento para los estudiantes pobres; d) quitarle a Gobernación las funciones de la seguridad nacional; d) aumentar al doble el presupuesto para la educación, del cinco al ocho por ciento del PIB; e) distribuir a estados y municipios el 45 por ciento del presupuesto en lugar del cerca de 20% actual; f) la exención total de impuestos a toda empresa nueva que genere empleos; g) acotar el fuero para funcionarios federales; h) que los Centros de Readaptación Social sean verdaderas áreas de rehabilitación; i) que no exista déficit fiscal en el año 2010; j) inflación igual a la que registra la Unión Americana; k) una reforma fiscal a fondo para que la recaudación de impuestos crezca del 10 al 16 por ciento del PIB, sin que se sangre más a los contribuyentes pero sí incorporando a los evasores fiscales al sistema tributario; y l) procurar la seguridad pública y desterrar la delincuencia organizada.
 
Para alcanzar muchas de las metas aquí enumeradas, se requiere modificar preceptos constitucionales, que, por ley, sólo puede reformar el Congreso de la Unión –no un decreto presidencial--, y para hacer posibles los cambios se necesita que la mayoría de los legisladores esté de acuerdo, pues los diputados federales y los senadores del Partido Acción Nacional (PAN) y sus homólogos circunstanciales son minoría.
 
Lo que sigue faltando
Por tanto, a dos días de que Felipe Calderón Hinojosa entregue su cuarto informe presidencial, vale la pena ventilar algunos asuntos que están pendientes de resolver.
 
Durante los últimos cuatro años la vida económica, política y social del país, ha estado supeditada a la necesidad, los caprichos, los enojos y los rencores del michoacano; aunque lo peor es el clima de violencia que crece exageradamente en todos el país, sin que haya visos de recuperar la tranquilidad que gozábamos antes de que él llegara al poder.
 
Recibió, es cierto, una herencia nada agradable: una economía prendida con alfileres y a millones de mexicanos sumidos en la pobreza y en la desesperanza.
 
De inicio enfrentó una profunda crisis económica, producto de la política aplicada en nuestro país desde 1982 y profundizada por sus antecesores.
 
Y aunque todavía se discute quién tuvo la responsabilidad mayor en esa crisis, lo cierto es que las medidas adoptadas para remediarla no se han diferenciado en nada a las de sus antecesores, y aun cuando dice haber logrado superar el problema y retomar la senda del crecimiento, su saldo en ese terreno es negativo.
 
Por lo que se refiere a las condiciones sociales de existencia de la mayoría de los mexicanos, el presidente ofreció que llevaría bienestar a las familias mexicanas.
 
Sin embargo durante su régimen el número de pobres sigue creciendo y los ricos siguen haciéndose cada vez más ricos, ya sea a través de las enormes ganancias obtenidas por la vía de mantener bajos los salarios o por el premio a la ineficacia y a las prácticas deshonestas que, en complicidad con funcionarios públicos, les permiten recibir del gobierno cuantiosas sumas aunque con ello se deje endeudados por décadas a todos los mexicanos.
 
La administración actual se enfrenta también el reclamo de no dar solución a los problemas de carácter social, pues se dice que éstos jamás han estado en la agenda del Presidente.
Y es que Calderón Hinojosa es un gobernante insensible y sin la connotación del líder y estadista que los mexicanos reclamamos desde hace mucho tiempo.
 
Ahí está creciente la inseguridad pública que nos mantiene aterrorizados y él, por comodidad, hoy dice que es responsabilidad de todos, cuando el Gobierno federal que encabeza cuenta con presupuesto, armamento y efectivos para combatir el crimen, mientras la sociedad sólo tiene para el mismo fin sus vidas y mediante oraciones cotidianas pedimos mendrugos de justicia.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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