A partir del día de ayer entró en vigor el ordenamiento de las autoridades federales de salud en el sentido de que no se podrá vender antibiótico alguno...
Por: Carlos Santamaría Ochoa25/08/2010 | Actualizada a las 17:37h
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A partir del día de ayer entró en vigor
el ordenamiento de las autoridades federales de salud en el sentido de que no
se podrá vender antibiótico alguno sin la presentación de la receta
correspondiente. Bueno y malo.
Recordamos aquellos tiempos en que
llegábamos a la farmacia y nos atendía, obviamente, un farmacéutico; de repente
le decíamos que nos dolía tal o cual parte o que sentíamos los síntomas
determinados.
El mismo personaje, en forma diligente
nos decía: “tome tal cosa o póngase tal cosa”, y nos daba inclusive la dosis
recomendada que, por lo general, era la adecuada.
Muchos de ellos prácticamente eran como
médicos. Nos ayudaban y de alguna manera, a quien no podría pagar un médico, le
servía la experiencia de estos personajes tan especiales. Hoy, han quedado
reducidos a despachadores, únicamente, porque la ley prohíbe que se venda
antibiótico alguno sin receta.
La medida ha sido criticada por muchos,
sin embargo, somos de la idea de que todo medicamento debe ser sugerido en su
aplicación o uso por un profesional de la medicina. El auto recetarse no es
bueno y así lo entendemos, pero hay que considerar otros factores en este
sentido.
¿Cuáles son los problemas sobre este
tema? Que se ha olvidado la autoridad que vivimos en un país correspondiente a
los países en vías de desarrollo o tercermundistas; dicho sea de otra forma,
somos una nación económicamente débil, “fregada”, para que se entienda, y mucha
gente no acude con el médico por dos razones: en el caso de quien tiene derecho
a atención en instituciones del sector salud, es decir, la asistencia pública,
por lo general hay que perder una mañana en formarse y esperar la consulta, y
quien tiene acceso a la medicina privada, tiene que invertir de 300 a 700 pesos
por la consulta, amén del medicamento que nos receten, es decir, no cualquiera
puede hacer ese desembolso, dado que, o se cura o come.
Es bueno que se regulen las cosas, pero
se dará pie, sin duda alguna, a que se lleven recetas piratas, es decir,
falsas, y algunos farmacéuticos no se detendrán a pedir la receta, porque
entonces se perderán ventas, y para cómo está la situación en la
actualidad, no se pueden dar el lujo de perder un cliente.
Es un problema, sin duda alguna. Casos
como el del paciente que tiene que tomar un medicamento y tiene problemas
probables –casi seguros- de infección: le llama al médico y él le dice: “toma
penprocilina, 3 al día, cada ocho horas”.
Antes, íbamos a comprar el antibiótico
de referencia y listo. Hoy, hay que pedirle al doctor que nos atienda
urgentemente, sin importar día y hora, y luego, pagar la consulta para obtener
el papelito que piden las autoridades para tener acceso a curarnos.
Es una medida populista, más que
práctica, desde nuestra óptica.
Entonces, no podemos más llegar y comprar
el antibiótico que necesitamos y que sabemos cuál es, aunque tengamos el
conocimiento necesario para saber qué es lo que nos hace falta. Nada valdrá,
hoy, receta o nada, o al menos, esa es la creencia de la autoridad federal, y
han amenazado con multar y clausurar, como suelen hacerlo.
Actitudes represivas, sin duda alguna,
pero no podemos dejar de vivirlas con un gobierno como el que tenemos hoy en
día.
Habrá que buscar alternativas: las
farmacias del doctor Simi, donde hay consultas por 20 o 30 pesos, y de esa
forma, poder acceder a los antibióticos necesarios.
Otra forma, que suponemos
desgraciadamente que se va a generalizar, es la expedición de recetas “patito”,
es decir, falsas y
La última, que nunca falla, es la
corrupción, o sea, un dinerito extra para el farmacéutico que se preste a ello
y listo, no hay problema. Porque este será el caso más recurrente, y muchos se
la jugarán para no perder clientes y dinero.
En este sentido, hay muchos dueños y
despachadores que se prestan a actos de corrupción; vaya, en la localidad hay
dueños de farmacias que venden las muestras médicas de medicamentos, como
“medicamentos sueltos” y que de esa forma nos salen más baratos a todos:
a ellos, porque ganan con el medicamento que han robado, y a nosotros, los pacientes,
porque en lugar de dar los 400 o 500 pesos pagamos 200 o 300, y ya nos salió
más barato el asunto.
Entonces, no le extrañe al lector saber
que un amigo o pariente ha hecho uso de estos mecanismos, sobre todos los dos
últimos, porque no tenemos muchos la capacidad de pagar consultas cada vez que
nos sentimos mal, y el aparato oficial de salud no se podría dar abasto para
atender a todos, absolutamente todos los que necesitamos una medicina. Esa es la realidad, aunque la autoridad
federal asegura que es otra.
Es solamente salir un poco a las calles
y darnos cuenta de lo que siente cada persona que sabe que hay dinero dos veces
al mes y que hay que hacerlo rendir. Nada fácil, y eso no tiene duda.
Estemos preparados pues, para ver el
cúmulo de información sobre los abusos, fraudes y venta de medicamentos en
forma ilegal, que será, a partir de esta fecha, el pan de todos los días.
No ocultemos el sol con un dedo, veamos
las cosas como son. Esperemos que no haya problemas, pero no somos tan
optimistas. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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