Casi profético resulta; en medio de posiciones encontradas acerca de la pertinencia de conmemorar o no el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución...
Por: Lorena Illoldi22/08/2010 | Actualizada a las 20:28h
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Casi
profético resulta; en medio de posiciones encontradas acerca de la pertinencia
de conmemorar o no el bicentenario de la independencia y el centenario de la
revolución, con ardientes panegiristas y acérrimos detractores, al dichoso
relojito que marca las horas, minutos y segundos que faltan para recordar el
inicio de estas gestas heroicas, se le ocurre descomponerse.
Me
refiero, apreciable lector, al reloj digital que ha venido dado cuenta
regresiva de estas fechas, y que se encuentra localizado en la plaza del 15, a
un lado de las escalinatas del Palacio de Gobierno, similar a los relojes
colocados a su vez en las plazas principales de cada pueblo y ciudad de nuestra
patria. El que se aprecia en la Plaza Juárez es ya el segundo que colocan; el
primero se descompuso, y este, su suplente, también; confío en que para cuando
estas letras sean leídas por usted, ya haya sido sustituido o reparado.
Lo
que buena falta haría reparar es la confianza del pueblo en sus instituciones;
en el concierto nacional, donde bien abuchean al gobernador neolonés ante su
incapacidad para gobernar, que un alto prelado católico llama despectivamente
“maricones” a los homosexuales mientras otro gobernante de oposición a su vez lo
demanda por difamarle, es esta fe en sus representantes la que primordialmente
ha sido perdida y nadie parece saber cómo recuperarla.
No
llego al extremo de negar la congruencia de conmemorar estos importantes hechos
que han conformado a nuestro país; antes bien, creo que deberíamos haber
traspuesto el límite de la simple “celebración” de estas fechas, y que mejor
habría sido abrir espacios para reflexionar en torno a estos procesos
históricos y trascender la idea de estas revisiones históricas meramente ornamentales
y falsamente festivas.
Bien
es cierto que mucho camino falta por recorrer, y que son demasiadas las
inequidades e injusticias que se enseñorean sobre México y sus habitantes,
tantas que ni falta hace mencionarlas. Sin embargo, de igual modo es cierto que
nosotros, ciudadanos del tercer milenio, poco tenemos en común con muchas de
las condiciones de nuestros antepasados que lucharon por darnos precisamente
estas garantías con las que ahora contamos. Los gobiernos emanados de la
revolución fueron los que sentaron las bases que conforman nuestro país; todas
las instituciones que sustentan nuestros sistemas son hijos y nietos de estos
procesos históricos que hoy suman ya 200 años.
Corresponde
a nuestras generaciones y a las futuras reformular estos paradigmas, y reparar,
como al relojito que está descompuesto, todas las muchas fallas en nuestra
sociedad. Creo, asimismo, que es solo mediante una responsabilidad compartida
que esto sucederá. Porque el funcionario corrupto que pide “mordida”, la maestra
floja que va de martes a jueves a dar clase, el conductor que le da “para las
cocas” y el policía que “se las bebe”, somos ud., yo, su vecino, no ninguna
clase de alienígena extraterrestre ajeno a esta realidad.
Somos
nosotros los mexicanos quienes tenemos este país en el estado en el que se
encuentra, ya sea por acción directa o por la aun más penosa omisión y apatía
del que no se involucra y solo critica, juzga y señala sin ver la viga en el
propio ojo.
Conmemoremos
estos centenarios siendo mejores personas, barriendo nuestras banquetas,
sembrando arboles, reciclando basura, evitando ser parte de lo corrompido, dando
el extra en nuestros empleos, en la escuela, en cualesquiera que sea nuestra
trinchera. No hay necesidad de cambios espectaculares; es la suma de estas
pequeñas acciones positivas y propositivas lo que finalmente posibilitará el
cambio que urge, y que no puede ni va a provenir del gobierno, sino de la
sociedad mexicana, que debe finalmente despertar de ese letargo indolente en
que se encuentra y asumir la parte de responsabilidad que le corresponde y
asumir la tarea de mejorar su entorno. Como dice un amigo artista, Chavo Nueva
Tierra, generar el cambio de adentro hacia afuera.
Porque
ya sabe, eso digo yo…
CAJÓN
DE LO QUE NO DEBERÍA ESCRIBIR Y SIN EMBARGO ESCRIBO…
1.-
LA FRASE: “El poder no corrompe: desenmascara”. Rubén Blades.
2.
UN TROZO DE POESÍA: “Y tu voz se derramará/ por todo el cielo/ en arroyos de
oro./ Y tus palabras volarán/ Cantando/ de cada uno de mis nidos./ Y tus
melodías estallarán en flores/ por mis profusas enramadas”. Sir Rabindranath
Tagore.
3.-
MISCELÁNEOS: Del 17 al 21 de este mes, la ciudad de Celaya Guanajuato fue la
sede del XI Coloquio Nacional “Educación y Cultura en la Revolución y la
Independencia”, organizado por el Seminario de Cultura Mexicana, institución
con casi 70 años de vida, que brinda espacios para la reflexión acerca de la
cultura, haciendo un énfasis en la mexicanidad para aspirar a la universalidad.
Alrededor de 70 miembros de corresponsalías de todo el país se dieron cita y
abordaron temas mediante exposiciones de algunos de sus integrantes, quienes
disertaron y analizaron importantes aspectos de la cultura a la luz de los
mencionados procesos históricos. Más que interesante y productivo el trabajo de
los especialistas y estudiosos, que ofrecieron importantes conclusiones y sobre
todo, sugerencias para la construcción y restauración de este majestuoso
México, tan lindo y tan querido…
Lorena Illoldi,
tampiqueña de origen y victorense por adopción, es actriz, poeta, dramaturga, directora de teatro y promotora cultural independiente.
Parte del colectivo artístico EL ALEPH, colabora en medios electrónicos con su columna DIGO YO..
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