Sería probablemente el año de 1997 o 1998: la fecha no está fija en la mente, pero los recuerdos sí. Fue en aquel viaje a ese sitio de la presa Vicente Guerrero...
Por: Carlos Santamaría Ochoa16/08/2010 | Actualizada a las 15:03h
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Sería
probablemente el año de 1997 o 1998: la fecha no está fija en la mente, pero
los recuerdos sí. Fue en aquel viaje a ese sitio de la presa Vicente Guerrero
inundado hace muchos años y convertido en paseo: el sitio es conocido como
Viejo Padilla y ahí se entretejieron innumerables historias y leyendas.
Cómo
olvidar, por ejemplo, la que habla del Padre Frías, aquel sacerdote oriundo de
ese sitio que dicen los que saben, en una ocasión se enfrentó a los integrantes
de la Logia Masónica y con su pistola en mano hizo varios disparos en la
discusión.
Miles de
historias, muchas de ellas, tuvieron como protagonista a don Andrés Bujanos, a
quien no conocimos pero supimos de su carácter bonachón y sincero, que fue la
cabeza de una tradicional familia.
El último eslabón
de la dinastía fue precisamente Guadalupe, a quien –decía ella- le llamaba
“negrita”. Ella decía que sus hermanas eran blancas y ella prieta. Siempre lo
supo y lo comentaba aunque no se avergonzó nunca de su color de piel, ni de sus
acciones que le llevaron a ser objeto de la disciplina de doña Cristina, la
esposa de Andrés. Él fungió como alcalde de Padilla, la vieja Padilla, aquel
lugar del que solamente quedaron la escuela, la iglesia, la vieja plaza y una
placa en ese sitio que da cuenta del fusilamiento de don Agustín de Iturbide,
precisamente, en esa plaza histórica, hoy, bañada por las aguas de la presa
que, con el último ciclón tomó una mayor fuerza… y capacidad.
“Mire –dijo
Guadalupe, señalando hacia un punto de la plaza- yo vivía para allá, a una
cuadra. Era la casa de mi padre”.
Ese paseo se
convirtió en una clase de la historia contemporánea del Tamaulipas de
principios del siglo pasado. Lupe tenía historias para contar toda la vida. Alegre,
servicial y con un corazón del tamaño de la “mismita” presa, doña Guadalupe
Bujanos González nos regaló muchas cosas a lo largo de esa parte de existencia
compartida: comidas –deliciosas, por cierto- atenciones, charlas y uno que otro
regaño, sin olvidar los pleitos que por lo general surgen en cualquier familia
que está conformada por seres humanos normales, aunque algunos con más virtudes
que otros. Guadalupe nos entregó realmente momentos inolvidables, hasta que la
salud comenzó a mermar su existencia.
Vinieron
consultas, hospitalizaciones y todo lo que se refiere a una persona que, nacida
el 27 de marzo de 1924 tuvo que vivir. La salud fue poco a poco yéndose,
aunque ella estaba siempre lúcida, agradeciendo a su Dios todo lo que vivía.
Madre de
siete hijos, Guadalupe tuvo satisfacciones para todos; contó la parte de su
existencia en la que tuvo necesidad de emigrar para mantener a sus herederos
Lorenzo, Tere, Oscar, Carmen, Ángel, Blanca Guadalupe y Manuel. Todos ellos,
parte de lo que hoy queda de la familia Bujanos de Padilla mismo, donde sus
raíces pretendieron ser enterradas con la presa, pero que afloraron en
Victoria, a la que tomaron como su nueva residencia.
Ahí
estuvieron dos mujeres: Doña Lolita y Doña Lupita; en Matamoros, doña Concha, y
así, las tres, daban constancia de su existencia al lado de don Andrés y doña
Cristina.
Los últimos
tres años de la existencia de Guadalupe fueron cobijados como los veinte
anteriores: en un sitio pleno de amor y atención. No podemos decir que tuvo una
difícil existencia. Ella fue cobijada por la buenaventura de siempre y la
verdad sea dicha, nunca estuvo sola.
Pero los
últimos tres calendarios, cuando ya su salud le impedía bastarse por sí misma,
encontró un nuevo hogar, donde vivió hasta el último día de su existencia: este
sábado 14 de marzo de 2010, cuando nos dejó para siempre, y para unirse a sus
padres, a los que siempre idolatró y bendijo.
“Hijo,
cuando me muera, quiero que me entierren con mis viejitos”, dijo hace ya varios
años, en una visita al panteón del cero Morelos, donde se encontraba la tumba
de Andrés y Cristina, allá por el lado sur del cementerio.
Su añeja
voluntad fue cumplida este lunes por ahí de las 10 u 11 de la mañana, donde sus
hijos, nietos, nueras y yernos, sobrinos, amigos y toda esa gente que nos
ha profesado su amistad y cariño estuvieron presentes.
Siempre que
alguien muere, todos hablamos bien. Pareciera como un adagio para lavar las
culpas o tratar de justificar algunas faltas de atención.
Lupita,
Lupe, Guadalupe para otros, hoy descansa al lado de sus viejitos, como nos dijo
en aquella ocasión.
Es una fecha
difícil para los que le conocimos, sin duda alguna, pero con la partida de
Lupita se cierra ese ciclo que iniciaron hace muchos pero muchos años en la
villa de Padilla Andrés y Cristina.
La última de
los herederos dejó de existir y finalmente, descansó de sus males que le
aquejaron y minaron la salud durante los últimos años.
Con las
innumerables muestras de cariño y solidaridad, no queda más que el
agradecimiento a esas personas que estuvieron presentes en una pequeña sala, con
la familia, con Guadalupe, con los recuerdos que son muchos.
Descanse en
paz, María Guadalupe Bujanos González, y nosotros, en tanto, extenderemos una
plegaria por su eterno descanso. Gracias a todos, de corazón.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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