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Reciclar o morir, esa es la cuestión…

En un mundo en el que nada se crea ni destruye sino simplemente se transforma, la única diferencia es el tiempo en que ese proceso de degradación...

Por: Lorena Illoldi 16/08/2010 | Actualizada a las 08:28h
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En un mundo en el que nada se crea ni destruye sino simplemente se transforma, la única diferencia es el tiempo en que ese proceso de degradación y transmutación en otro estado toma para llevarse al cabo. Es decir, en cuánto tiempo algo se “echa a perder” y se convierte en otra cosa y puede seguir siendo asimilada en el eterno reciclaje de la vida, que es lo que se conoce como biodegrabilidad, la facultad de algunos materiales de reintegrarse a la tierra por acción de la naturaleza.
 
La biodegradabilidad está relacionada con la ecología, el manejo de desperdicios, y más que nada cuando se habla de plásticos, ya que estos tardan cientos de años en ser descompuestos. Qué tan biodegradables o no es un material depende de su estructura física y química. Actualmente muchos productos son fabricados con agentes biodegradables, como pasa con los detergentes, pero todavía están los plásticos y diversas sustancias como los insecticidas.
 
A continuación, le comparto algunos ejemplos de cuánto toman en pudrirse algunos materiales que son tan utilizados por nosotros:
 
-Cáscara de banana: 2 a 10 días
-Pañuelos de algodón: 1 a 5 meses
-Papel: 2 a 5 meses
-Cáscara de naranja: 6 meses
-Cuerda o soga: 3 a 14 meses
-Calcetines de Lana: 1 a 5 años
-Envases/cartones de leche Tetra Paks (con algo de plástico): 5 años
-Filtros de cigarrillos: 1 a 12 años
-Zapatos de cuero: 25 a 40 años
-Nailon: 30 a 40 años
-Vasos de aislante térmico de poliestireno “Styrofoam”: 1 a 100 cien años
-Anillos plásticos de paquetes de latas de aluminio de seis “6-pack”: 450 años
 
Ahora bien, casi 13 millones de dólares se recuperan anualmente gracias a la labor de los “pepenadores”, quienes ayudan a que estos deshechos no terminen en vertederos o peor aún, en el fondo de ríos u océanos, y cumplen una gran labor en la urgente necesidad de reciclar más y mejor.
 
Mientras en el Distrito federal, la urbe más poblada del mundo, se pide al jefe de gobierno aplace la entrada en vigor de fuertes sanciones a los comerciantes que den bolsas de plástico a sus clientes, y se señalan las inconsistencias de la Ley que regula el manejo de los desechos sólidos. Por lo pronto, ya se tiene tema para discutir con la sugerencia de cobrar un peso por bolsa, medida que busca hacer que la gente deje de utilizarlas. Muchas personas y sectores señalan que en lugar de este tipo de medidas, lo que hay que hacer es fomentar la cultura del reciclaje.
 
Pronto deberá llegar el momento en que las tiendas se sumen a estas estrategias, y nos den bolsas de colores que faciliten el manejo de los residuos. El color verde, para los orgánicos, tales como restos de comidas, yerbas, té, huesos, etc.; el amarillo, para papel y cartón sin arrugar y seco; el azul, destinado a los reciclables, tales como envases de plástico, bolsas, botellas y frascos de vidrio en buen estado, latas, alambre, telas; el color rojo, para los elementos peligrosos, como chicle, papel sucio, excremento de perro, pañales, agujas, vidrios rotos.
 
Si lo anterior le parece muy complicado, pues le dejo la opción más simple, que consiste en usar dos bolsas de basura: una para lo que se pudre, y otra, para lo que no se pudre. Le aseguro que cualquier tipo de consideración que tomemos en estsentido, se traducirá en magníficos resultados para la ecología y sustentabilidad de este planeta en que vivimos. Y eso siempre será bueno para nosotros y nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos.
 
Cajón de lo que no debería escribir y sin embargo escribo
 
1.- LA FRASE: “Nadie nos pertenece, salvo en el recuerdo”. John Updike.
2.- UN TROZO DE POESÍA: “Dedico este poema al hombre encadenado, que trabaja horas agobiantes por mísero sueldo/ A los hijos de alcohólicos/ A las que cuidan a las criaturas de otros y ven a las suyas cada quincena/ A la que trapea en el colegio y no sabe firmar su nombre/ A los tullidos que se acurrucan junto al horno en alguna panadería/ A los que barren las calles al amanecer/ A las que bailan en cabarets y están hartas de soledad”. Jorge Torres.
3.- MISCELÁNEOS: Otro asunto para pensar: el tráfico inmisericorde de especies protegidas, como por ejemplo, las tortugas y sus huevos. Aunque la ley contemple multas hasta de 3 mil días y/o hasta 9 años de prisión a quien dañe o prive de la vida a un ejemplar de tortuga o mamífero marino, en muchas playas del país los saqueadores siguen depredando a estos animales que nada pueden hacer por defenderse. Pensémoslo bien antes de comprar una botanita exótica cuando visitemos el mar… pero ya sabe, eso digo yo.

Lorena Illoldi,

tampiqueña de origen y victorense por adopción, es actriz, poeta, dramaturga, directora de teatro y promotora cultural independiente.

Parte del colectivo artístico EL ALEPH, colabora en medios electrónicos con su columna DIGO YO..
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