“No se escatimarán los recursos del FONDEN para apoyar a los municipios afectados por el huracán Álex, pero también los gobiernos de los estados tendrán ...
Por: Miguel Ángel Isidro12/08/2010 | Actualizada a las 22:56h
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“No se escatimarán los recursos del FONDEN para apoyar a
los municipios afectados por el huracán Álex, pero también los gobiernos de los
estados tendrán que trabajar duro, pues van a ser insuficientes”. Palabras más,
palabras menos, fueron las declaraciones realizadas hace tres semanas por el
presidente Felipe Calderón en una visita relámpago a Tamaulipas, en la que
escasamente pisó por 90 minutos las instalaciones del Aeropuerto Internacional
Servando Canales de Matamoros. Y la advertencia fue en serio… Y en qué forma. Por supuesto que cuando hablamos de una tragedia de la
magnitud del huracán Álex y sus secuelas, difícilmente habrá dinero que
alcance. Todo urge. Todo duele. Sin embargo, la medición de los daños debe obedecer a
mecanismos más claros. Simple y sencillamente porque una situación tan delicada
no puede medirse sólo por el ojo del buen cubero. Veamos el ejemplo de Matamoros. Hace unos días, el
alcalde Erick Silva Santos manifestó que los daños generados por el huracán y
el desfogue de las presas del norte del país, requerirían de la aplicación de
un presupuesto de por lo menos 300 millones de pesos. Sin soslayar la gravedad de lo acontecido, no sabemos
cuáles fueron los parámetros tomados por el edil matamorense para cuantificar
en esos niveles los daños. Sobre todo, porque en el caso de otros municipios
mayormente afectados, como Nuevo Laredo, donde las inundaciones dejaron
incomunicada a la región durante varios días, además de las cuantiosas pérdidas
en infraestructura, el edil Ramón Garza Barrios apenas estimó los daños en 50
millones de pesos. Finalmente, el gobierno federal, con esa bondad graciosa
que le caracteriza, anunció la autorización de 206 millones de pesos para ¡19
municipios! de Tamaulipas. Es decir, con el total del techo financiero
asignado, no alcanzaría para resarcir los daños generados siquiera en
Matamoros, al menos en base a las cuentas que le entregaron al alcalde Silva
Santos sus letradísimos asesores. Finalmente, el
edil matamorense dio a conocer que tras las gestiones realizadas se obtuvo una
asignación de 43 millones de pesos por parte del Fonden. Obviamente argumentó
que los recursos son insuficientes para la reparación de calles, afectación en
obras y 20 caídos por rehabilitar. Eso sin contar las afectaciones generadas en caminos
rurales, los estragos generados en el mal llamado relleno sanitario regional y
la consecuente contaminación del Arroyo del Tigre. Ni qué decir de las
afectaciones agrícolas. Total, que el presupuesto obtenido apenas representa el
12 por ciento de lo estimado por el gobierno municipal. Pero además, la autoridad federal ha advertido que el
presupuesto autorizado va a traer “candados”, todo esto para evitar que los
fondos no se canalicen a otra cosa que no sea la reconstrucción de las
comunidades afectadas. En el fondo, lo que salta a la vista es la desconfianza
que persiste entre las autoridades representativas de los distintos niveles de
gobierno, a pesar de las campañas grandilocuentes, a pesar de los discursos
alegres. Lo que está por venir es también delicado. Finalmente,
las administraciones del estado y los municipios van de salida. Tienen una
justificación de oro para dejar un tiradero a su salida: total, los recursos asignados
fueron irrisorios. Lo más seguro es que los ediles y el gobernador entrante
encuentren en las arcas sólo cuentas por pagar. Así es que tendrán que comenzar
sus gestiones más debajo de cero, prácticamente. Cuando los ciudadanos de este país le apostamos a la
alternancia, a la pluralidad política en el ejercicio gubernamental, nunca se
nos advirtió que lejos de abonar a la gobernabilidad democrática, ésta nueva
condición de la vida institucional nos generaría un saldo en contra. Pero esa
es la realidad. Si los gobiernos de la Federación, el Estado y los Municipios
son (o pueden ser) de distinto partido, lo que resulta es el imperio de la
desconfianza, la constante guerra sucia. Autoridades que no colaboran, sino que permanentemente
están compitiendo entre sí. Buscando capitalizar los errores del otro.
Aprovechando cada oportunidad de ganar terreno. Y los ciudadanos en medio de
todo, como rehenes. Ningún partido político en este país ha estado exento del
uso electorero de los recursos públicos. A estas alturas todos han incurrido en
el mismo pecado. Ninguna de las fuerzas políticas que han ejercido el poder en
cualquiera de los tres niveles de gobierno ha sido ajena a dichas prácticas.
Así que el recurso de la calidad moral queda descartado. ¿Qué lectura deja esta guerra de las desconfianzas, cuyo
costo terminamos pagando, como siempre, los gobernados? Muy sencillo: que los
ciudadanos ya estábamos preparados para la democracia, para la alternancia
política, para la pluralidad. Los que no estaban preparados son los que viven
de la política, los que han hecho del gobierno su coto personal. Y mientras no
abandonen esta actitud, seguirán siendo vistos como Padrotes de la Patria. DE BOTEPRONTO: Si el argumento para poner “candados” a la
lana del FONDEN es la desconfianza a los ediles salientes… ¿a poco los
delegados federales no tienen su corazoncito contaminado por las tentaciones de
la política? ¿de verdad todos ellos son dignos de confianza? ¿A quién rinden
cuentas? ¿Cada cuándo presentan informes públicos de su gestión? ¿Quién evalúa
su desempeño? ¿Quién conoce sus declaraciones patrimoniales? Son preguntas
ingenuas, que conste… Por el momento es
todo. Le espero de lunes a viernes en los espacios informativos de Grupo
Fórmula Tamaulipas (89.5 de FM), Tele Fórmula (Canal 60 de Comunicable) y
Libertas TV (www.libertas.tv). Y por
supuesto, agradezco sus comentarios en formulatamaulipas@gmail.com,
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