Ha habido tradicionalmente en la televisión de paga, llamada abierta, y que la verdad, dista mucho de ser un medio de comunicación masiva...
Por: Carlos Santamaría Ochoa05/08/2010 | Actualizada a las 16:31h
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Ha habido
tradicionalmente en la televisión de paga, llamada abierta, y que la verdad,
dista mucho de ser un medio de comunicación masiva de calidad, una serie de
programas que tienen que ver con los concursos para adivinar palabras y esas
cosas.
En Galicia
existe un excelente programa al respecto, y los ganadores por lo general son
gente muy instruida, gente que conoce su lenguaje; no podemos decir lo mismo de
los que ofrece la cadena televisiva mexicana más importante no solo del país
sino de América Latina y probablemente entre las cinco mejores del mundo: su
contenido deja mucho que desear.
Hoy, por
ejemplo, tenemos un programa denominado “Cien mexicanos dijieron”, así como se
escribe, lo que pone de manifiesto no una palabra chusca, sino al que piensen
que el teleauditorio está compuesto por ignorantes. Nos rebajan y ningunean sin
problema alguno.
Ahí también
se escuchan palabras que poco conocemos: cuando se habla de un anacoreta, se
quiere decir de una persona que vive en un lugar solitario, entregada
enteramente a la contemplación y la penitencia.
Mil palabras
existen que no conocemos, pero hay algunas que probablemente no quisiéramos
conocer su significado: metástasis, tumor, mioma, cáncer, radiación,
quimioterapia y otras más que se manejan en un ambiente muy exclusivo, de poca
gente que, a diario, tiene que sobrellevar la penitencia de luchar por la vida,
y que, la verdad sea dicha, no podemos concebir ni conocer hasta que nos
adentramos en el mundo de esta enfermedad tan peligrosa que ocasiona millones
de muertes al año en todo el mundo.
El cáncer podría
describirse como una enfermedad neooplásica –donde se multiplican o crecen
anormalmente algunas células en un tejido del organismo- con transformación de
las células, que proliferan de manera anormal e incontrolada.
Para ese
pequeño grupo de seres humanos que se dan cita en las afueras del Centro
Oncológico ubicado allá por Tamatán, o en la consulta de oncología en los
hospitales del sector Salud –General, Civil, Infantil, de Alta Especialidad,
etc.- la palabra TUMOR tiene muchas connotaciones, pero todas están sumamente
ligadas con la diferencia entre vivir, bien vivir y morir. Suponemos que cuando
nos dicen que hay un cáncer en el organismo la expectativa de vida cambia:
vemos las cosas de otra manera.
Más
impactante cuando a uno de los seres que más queremos le diagnostican un tipo
de esta enfermedad que ha sido duramente condenada y que tiene alternativas de
vida aún en las etapas más difíciles.
La
experiencia de estar esperando la consulta, la qumioterapia –quimio, le dicen
los pacientes- o radiaciones de diversa índole, o el que se pueda surtir algún
medicamento es muy difícil de vivir, ya que por lo general estamos hablando de
tratamientos mucho muy costosos que a veces –casi siempre- la gente no puede
sufragar.
Hay
pastillas, por ejemplo, con un costo de casi 3 mil pesos la caja para un mes, y
los doctores las recetan por 6, 12 o 18 meses como mínimo, aunado a las
consultas, los exámenes y las otras opciones del tratamiento.
Y así, la
vida de quien vive con cáncer es una apuesta diaria por la vida y la familia,
contra la soledad y la depresión, por lo general, ocasionadas por los
familiares que no han podido o querido entender qué es el vivir con la vida en
un hilo.
Quienes
tenemos enfermedades incurables sabemos lo que hablamos, y tratamos de verlas
con una mejor expectativa: visualizamos la vida de una manera alegre y sincera,
de forma tal que no nos afecte el avance de estas enfermedades.
Y ellos, los
que están confinados a un pequeño inmueble donde las alternativas son muchas y
el espíritu humanista es gigantesco, propician en cada acción una esperanza de
vida más para cada uno de los que hemos llegado en busca de una solución a
nuestro problema… o mejor dicho, condición de vida.
Es cuando
realmente valoramos el esfuerzo de aquellos gobernantes que dieron los primeros
pasos para que exista en Victoria un Centro Oncológico, y más aún, para los que
lo han mantenido con vida, y sobre todo, vigente, actualizado y con una
infraestructura que, si bien es cierto que le faltan algunas cosas, permite hacer
frente a la mayoría de los casos que se presentan.
Vivir con
una condición de vida de esta naturaleza no es nada fácil. Las enfermedades
incurables no son precisamente un premio de lotería, y las que son de difícil
pronóstico como el cáncer tampoco representan gratificación, pero no debemos
verlas como el castigo de Dios o la consecuencia de nuestras malas acciones:
todos podemos desarrollar una situación similar.
El caso, lo
bueno, lo plausible, es que en Tamaulipas tenemos la manera de enfrentar a ese
enemigo de mil cabezas llamado cáncer, y que nuestro gobernador Eugenio
Hernández Flores ha determinado que siga funcionando, actualizado y vigente,
como es el espíritu de quien seguramente recibe cada una de las miles de
bendiciones, cada una, de un paciente con cáncer que espera salvar su vida,
gracias a lo que hoy tenemos.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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