Por muchos años han estado ahí, callados, soportándolo todo, testigos mudos de incesantes travesías, pasiones desbordadas y carreras desenfrenadas...
Por: Rosa Elena González04/08/2010 | Actualizada a las 01:07h
La Nota se ha leído 2446 Veces
Por muchos años han estado ahí, callados, soportándolo
todo, testigos mudos de incesantes travesías, pasiones desbordadas y carreras desenfrenadas.
Son los más fieles, y parecen no pasar de moda, soportan
que les maltraten, les desgarren el corazón, que les pisoteen, les ensucien,
les destrocen y hasta que les escupan sin quejarse, sin una palabra de reclamo
miran pasar el tiempo, los atardeceres tristes, otros llenos de algarabía,
lluviosos, cálidos y en ocasiones con un frio infernal mientras su esencia se
comienza a desmoronar. Extrañamente de jóvenes y resplandecientes nadie les
mira, nadie les contempla su esplendor, porque no dan problemas, porque solo
sirven para que quienes pasen sobre ellos lo haga con tranquilidad, que nunca
le valoran. Es solo hasta que están viejos, con sus cuerpos
destrozados, sus siluetas desgastadas cuando son tema de conversación, de
demandas, reclamos, desacuerdos y un mundo de palabrerías de quienes conducen,
viven y gobiernan. Esa gente que al verles viejos, maltrechos, con hondas
huellas en cada parte de su cuerpo les reclaman la ingratitud, les gritan
que ya no son lo que se desea, les acusan de atentar contra la
tranquilidad humana y maltrato los bienes. Mientras ellos ahogando un grito de dolor, pidiendo
auxilio, desesperados, exigen compasión y un bálsamo de alivio para curar las
heridas que le han dejado más de 150 mil vehículos que diariamente circulan
sobre ellos. Incesantes rodadas, cambios bruscos de temperatura, desde
candentes rayos del sol que hacen que su ser se colapse, hasta sus peores
enemigas las lluvias, las más dañinas son aquellas que se estrellan contra
ellos despacio, pero constantemente, dejándoles marcados a su paso. Así es, los pavimentos de todas las ciudades del mundo
sufren los estragos del tiempo, las temperaturas, y el descuido humano, esos
pavimentos que en un sin fin de ocasiones fueron la promesa de candidatos, y el
disgusto de ciudadanos, cuando al correr de los días estos se deterioran cada
vez más mientras que sus administradores fingen no verles. Los baches no son exclusivos de una ciudad, un Estado, ni
siquiera de un país, estos existen por todos lados y se convierten en el
demonio de la adversidad, el coco de los pavimentos viejos y cansados son la bandera
para partidos políticos y los mismos políticos del color que sean busquen
reflectores. Quizá ese sea el enojo de la gente, que cada candidato
ofrezca terminar con ellos cuando se requiere todo el presupuesto del mundo
para curar las heridas que deja el tiempo en todas las ciudades. Es por eso que es relevante dar la cara y de aplaudirse
hablar con claridad, no prometer las perlas de la virgen, pues esas valen mucho
más que 400 millones de pesos de presupuesto anual, lo mejor es comprometerse
ir disminuyendo el problema poco a poco. vida.diaria@hotmail.com
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio. Fue jefa de Prensa en Ciudad Victoria y ocupó la jefatura del Departamento de Difusión y Comunicación Social de la Comapa.
Además ha colaborado en distintas campañas políticas.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas