Nadie desconoce que, en el trabajo, por lo regular existes riesgos. De ahí que, en buena parte de ellos, se observe como los trabajadores...
Por: Melitón Guevara Castillo01/08/2010 | Actualizada a las 17:45h
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Nadie desconoce que, en el trabajo, por lo regular
existes riesgos. De ahí que, en buena parte de ellos, se observe como los
trabajadores tienen que cubrir con ciertos requisitos de seguridad. Es un
protocolo cuidar la vida. Ninguna actividad laboral escapa a los riesgos; y en
el caso de los periodistas creo que, todos, sabemos de los riesgos que se
corren. Ejercer la libertad de expresión siempre a sido una amenaza para el poder,
sobre todo el político, que busca instrumentar la censura o autocensura. Por años, cada vez que se celebra el día de la libertad
de expresión, el estado –el gobernante en turno-, hace la misma promesa:
garantizar el ejercicio de la libertad de expresión. Esto significa, en
palabras llanas, eliminar los obstáculos que pudiera tener, sea el medio
periodístico o el periodista, para desarrollar libremente su trabajo de
informar, de opinar, de trasmitir cultura a la audiencia. Muchas veces me pregunte, ¿Cómo el Estado puede
garantizar el libre ejercicio de la libertad de expresión? Y la respuesta es
solo una: siendo, en primera instancia, un ente tolerante, que acepte la crítica
y, además, no realice acciones tendientes a bloquearla u eliminarla. Pero hay
un detalle que no se puede soslayar: en México, según los reportes de
Reporteros Sin Frontera, como de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos,
el ejercicio periodístico es un peligro; lo constatan el secuestro y crímenes
de periodistas. Han sido muchos, demasiados, los periodistas que han sido
secuestrados, levantados y buena parte de ellos no han aparecidos. Ahí es
donde, precisamente, uno ve que el Estado se muestra incapacitado para
salvaguardar uno de los derechos más elementales del ser humano, la libertad.
Garantía que ofrece el Estado, a todos, no solo a los periodistas. El estado no
puede poner, vaya pues, un policía a cada ciudadano, o cada periodista, para
que lo cuide. Si puede, el cambio, el Estado dar muestras de eficacia y
eficiencia en el combate a la delincuencia organizada. Dar a la sociedad
elementos, evidencias, de que los hechos delictivos no quedan impunes o que, en
cualquier circunstancia, se tiene capacidad de encontrar una respuesta, y en el
caso de los secuestros, encontrar la forma para obtener su liberación, tal y
como sucedió con los 4 reporteros que recientemente fueron “levantados” en
Durando, cuando cubrían protestas en un penal. Creo que los ciudadanos, los periodistas en especial, se
congratularon cuando la Secretaria de Seguridad Publica informo del rescate de
los periodistas secuestrados. Sorprenden los motivos del secuestro, al menos
por lo expresado por quienes fueron levantados y posteriormente liberados: que
sus captores, presuntamente del Cartel de Sinaloa, buscan con el secuestro
forzar a los medios de comunicación que trasmitan sus mensajes. Esta condición,
que se recuerde, solo es utilizada por los “terroristas” que buscan dar a
conocer su lucha, sus principios y reivindicaciones. A todas luces el secuestro de los reporteros nos presenta
una nueva cara de la delincuencia organizada: que ya no quieren permanecer en
el anonimato, que no buscan impedir se difunda sobre sus actividades; que
buscan, en todo caso, tener la oportunidad de hacer llegar a la sociedad la información
que crean, consideren, sea pertinente, que les sea útil. En todo caso, los
“secuestrados” al ser liberados no dijeron que tipo de información querían, sus
captores, que se difundiera. Esta comprobado: un riesgo de la profesión del ejercicio
periodístico es la integridad física o la vida misma. Y se corre ese riego, y
quizá otros menores, por solo un motivo: dar a conocer la verdad, por descubrir
corruptelas, errores u equivocaciones, principalmente, de quienes ejercen el
poder público. De ahí, que uno de los vicios del periodismo sea la censura o
autocensura en su grado extremo. No todos los periodistas siguen las
recomendaciones de Bertolt Brecht, de salvar las 5 dificultades para decir la
verdad. Comentarios: meligue@prodigy.net.mx
Melitón Guevara Castillo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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