No cabe duda que es difícil sortear problemas como los que se viven en un sitio como Haití, por ejemplo, donde el hambre puede más que la cordura...
Por: Carlos Santamaría Ochoa20/01/2010 | Actualizada a las 14:14h
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No cabe duda que es difícil sortear problemas como
los que se viven en un sitio como Haití, por ejemplo, donde el hambre puede más
que la cordura y los actos vandálicos se comienzan a presentar.
Hay quien piensa que no se vale que haya violencia
y vandalismo cuando la comunidad mundial está volcándose en ayuda. Sería justo
ponerse en el sitio de quienes tienen dos o tres días sin comer, una semana
viviendo en la calle sin bañarse o descansar en una cama y una recámara, sin
ver en la televisión cualquier cosa. Simplemente, sabedores de que se ha perdido
todo, absolutamente todo. No es nada fácil.
Y es aquí donde entra la comprensión mundial que
debe ser coordinada por alguien, aunque no somos de la idea de que fuera el
ejército de los Estados Unidos precisamente, por la fama que tiene el vecino
país del norte de inmiscuirse -así es, no involucrarse, sino inmiscuirse- en
asuntos de todos los rincones del orbe, erigiéndose como el gran juez o el
padre o tutor de todos.
El caso es que tiene que entrar la cordura en
aquella nación y ya suena inclusive la invitación a varias personas para que
puedan emigrar y establecer su residencia en otro país.
La situación es desoladora, lo sabemos, sin
embargo, la generosidad, en este caso, de los victorenses y tamaulipecos se ha
puesto de manifiesto, y se ha hecho llegar la ayuda en todo tipo de cosas.
Sabemos los mexicanos lo que es que se te caiga la
casa y todo tu entorno, y no tener a donde recurrir.
Es hora de mostrar esa solidaridad. No ver las
escenas conmovedoras -y amarillistas, la mayoría- de la gente que está muriendo
en las calles que semejan hospitales y quirófanos, o los miles de muertos que
nos presentan a la hora del descanso, como montañas de fantasmas que están ahí,
sin que nadie pueda reclamar su ausencia, simplemente, porque no se sabe si son
o no y de quien.
El estado de descomposición que impera en el lugar
también está haciendo presa de muchos cuerpos. Hoy, es más fácil reunirlos e
incinerarlos para salvaguardar la integridad de aquellos que no tienen problemas
de sanidad, y que, heridos o no, están ahí, vivos aún.
En el DIF del estado, la siempre valiosa señora
Adriana González de Hernández ha dispuesto a través de su equipo de
colaboradores y colaboradoras la instrumentación de programas que buscan ayudar,
de forma tal que nos han solicitado el apoyo material y económico, pero
principalmente, llevar agua, comida y medicamentos a quienes tienen necesidades
más sentidas que nosotros.
Somos un país en desarrollo, cierto, y tenemos
grandes carencias, pero en casos como el de Haití, es fundamental hacer algo
por mejorar la situación dramática.
Imagine que llegan diez mil botellas de agua para 3
millones... no es fácil tener que elegir a quien se otorga el apoyo, porque
todos comen y beben, todos tienen necesidades e inquietudes.
Quizá ello sea lo más difícil, porque alguien tiene
que quedarse a esperar, y ver las decenas de caras que a cada momento suplican
ayuda no es una tarea que alguien quisiera llevar a cabo.
Y luego de Haití, debemos concentrar nuestros esfuerzos
en la reconstrucción de una nación que ha sufrido severas crisis; hay que hacer
un gran esfuerzo por ayudar.
Existen una serie de centros de acopio dispuestos
por el DIF y el gobierno tamaulipeco, para que usted pueda entregar los apoyos
que ha decidido enviar a aquella nación.
Es muy importante que se haga una tarea
comunitaria, y que cada uno de nosotros nos demostremos que se puede llevar a
cabo, que algo que no necesariamente es sobrante de casa se puede llevar.
No es entregar limosna o artículos que no sabíamos
cómo sacar de casa: es la hora de participar activamente en la parte que nos
toca a cada quien en la reconstrucción y apoyo a los que perdieron todo, como
sucedió hace años en la ciudad de México y que tuvo el apoyo de la comunidad
internacional.
Como mexicanos tenemos por ahí la tradición de ser
solidarios, de apoyar cuanta causa se nos presenta. Esta es la oportunidad de
hacerlo.
No se crea que debemos anunciar la ayuda y
necesariamente recibir agradecimientos o bendiciones. Es hora de dar sin
esperar nada a cambio, como dice una de las máximas de los Scouts: "El
Scout es útil y ayuda a los demás sin pensar en recompensa".
En este momento, convirtámonos en Scouts de ser
necesario, pero ayudemos a quienes requieren de nuestra mano solidaria. Es
tiempo de demostrarnos a nosotros mismos lo mucho que podemos hacer.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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