Por la televisión dimos cuenta de dos reportajes en distintas partes de la República Mexicana, que se referían al mismo tema: la obesidad en los cuerpos de seguridad...
Por: Carlos Santamaría Ochoa22/07/2010 | Actualizada a las 16:36h
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Por
la televisión dimos cuenta de dos reportajes en distintas partes de la
República Mexicana, que se referían al mismo tema: la obesidad en los cuerpos
de seguridad, y hablaba no de los casos en que la nómina es obesa en relación
con sus integrantes, sino en la forma en que los elementos de estas corporaciones
tienen ante sí una prominente barriga, producto de una gran inversión de
carbohidratos básicamente.
Claro
que los elementos del estado de Guanajuato presentaban mejor condición física,
y las mujeres policías estaban entusiasmadas con las clases de zumba que una
hermosa instructora imparte. El reto: bajar la panza, disminuir el peso en la
báscula para poder tener un mejor desempeño.
En
Victoria ya se había llevado a cabo un programa similar, e inclusive había
gratificaciones para quien lograra el objetivo señalado por los expertos en
nutrición. En el caso de policías, bomberos y socorristas, resulta básico el
mantenerse en buena forma, dada la característica de su trabajo que implica un
gran esfuerzo físico.
No
decimos que otras profesiones no lleven gran esfuerzo, pero en los cuerpos de
seguridad es indispensable tener velocidad, aguante, fuerza y todo eso que
regalan los ejercicios bien diseñados.
Un
tiempo se refería la gente a los policías municipales como los “alegres
tripones azules”, y aunque todavía hay quienes ostentan un sobrepeso
manifiesto, se han hecho esfuerzos por contratar gente capacitada y físicamente
responsable tanto de su cuerpo como de lo que pudieran ser los esfuerzos que
ello implica.
La
obesidad se ha convertido en un muy serio problema de salud pública, a grado
tal que los expertos consideran que es la principal causa de la diabetes
mellitus y la hipertensión arterial, lo que nos lleva a pensar que por
enfermedades del riñón, corazón, nervios y sistema cardiovascular entre otros,
tiene mucho que ver el que se tenga mucho peso extra en relación a lo que se
considera una vida normal y adecuada.
Hemos
seguido la información en el Hospital Infantil de Tamaulipas, por ejemplo,
cuando en la clínica de obesidad se da seguimiento muy estricto a pequeños con
ese problema de salud; también, en el Hospital General de Ciudad Victoria y
otros puntos de nuestra ciudad se hacen esfuerzos muy importantes.
En
el sector educativo, sabe el lector que se ha desatado una guerra sin cuartel
contra las cooperativas para evitar que se comercialice chatarra en forma de
alimento, aunque la verdad, no entendemos por qué se prohíbe ahí y se permite
su venta en cualquier parte del país, es decir, solo se restringe en un sitio,
pero se da vuelo a los sitios donde puede cualquier menos ir a comprar dos
panquecitos o bolsas de frituras sin menoscabo de que le digan qué puede o no
comprar.
Como
que la ley se quedó a medias, o al menos, esa impresión nos dio.
Es
ahora cuando tenemos que comenzar a planear el ciclo escolar que iniciará
prácticamente en un mes: qué hacer para que nuestros hijos tengan un buen
aprovechamiento y que el ciclo sea positivo en todos aspectos, incluyendo la
salud, que debe ser lo más importante.
Tenemos
que aprender a dejar a un lado los tiempos en que los hijos lucían esas
barrigas redondamente enormes, grotescas y estorbosas para todo, incluyendo,
para vivir. Es hora, sinceramente, de que cada padre y madre de familia
tengamos la oportunidad de demostrar a los hijos cuánto les queremos, porque la
única manera de hacerlo es regalándoles lo más valioso: la salud.
Es
hora de demostrarnos que nos interesa la familia, y sobre todo, que la salud es
la gema más preciada de la existencia que debemos cuidar. No es posible tener
hijos obesos, ser padres obesos porque estamos condenando, en el primer caso, a
los herederos a ser diabéticos, hipertensos, a tener problemas con las grasas
del cuerpo y estar sujetos en cualquier momento a un infarto.
En
el segundo caso, los estamos condenando a que, si caemos en cama producto del
descuido que con la enorme barriga está más que de manifiesto, a que sean
nuestros cuidadores en vida, lo que se reduce a tenerlos atados a la cama en
que nos encontremos, sin que puedan salir libres a buscar su felicidad.
El
amor a los hijos se demuestra realmente con acciones. Si alguno de nosotros ha
visto a esos “polis” o “tránsitos” con las enormes y brillantes panzas, piense
que no queremos ver a nuestros hijos así; si nosotros somos los poseedores de
tan abultada fisonomía, pensemos un poco en la conveniencia de estar sin la
barriga, de sentirnos sanos, de poder hacer muchas cosas más, pero sobre todo,
de gozar de cabal salud, el mejor regalo que podemos tener.
Es
hora de comenzar con un buen programa de alimentación adecuada y ejercicio
idóneo, es la hora de que nos juntemos con los seres queridos y hagamos lo que
nos toca para evitar problemas mayores a futuro.
La
decisión, como siempre, en nuestras manos.
Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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