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Las reglas de la sociedad

La sociedad nos impone reglas. Unas son obligatorias, como las jurídicas; otras, dicen, son morales o de la convivencia social. Si no las cumplimos, nos dicen...

Por: Melitón Guevara Castillo 21/07/2010 | Actualizada a las 13:10h
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La sociedad nos impone reglas. Unas son obligatorias, como las jurídicas; otras, dicen, son morales o de la convivencia social. Si no las cumplimos, nos dicen, desadaptados. La cuestión es que, muchas de esas reglas, nacen de la costumbre y pocas veces se hacen explicitas; tal y como, recientemente, lo está haciendo la iglesia católica a sus feligreses.
 
Las reglas de la sociedad son ampliamente conocidas. Vas a las tortillas, o a pagar la luz, el agua o el teléfono, y sabes que el camino es hacer fila, avanzar, hasta que llegas a la caja. Hay reglas que nos dicen cómo debemos vestir; formal si es en un evento o ceremonia protocolaria; una boda, si eres el novio; casual si la cuestión es asistir a una reunión social o familiar. Son reglas que observamos cotidianamente.
 
Las reglas son producto de una costumbre; pero también de valores y principios. Es fácil observar la diferencia entre militantes de la iglesia católica y los cristianos o protestantes. Una carne asada, de católicos, se puede acompañar con bebidas embriagantes; y la que hacen los protestantes con aguas fresca, refrescos, nada de alcohol. Y en la vestimenta también hay contrastes significativos. A veces, por las calles, es fácil identificar a los miembros de un grupo religioso solo por su forma de vestir.
 
Las reglas de convivencia son requisitos para ser miembro del grupo. Quien no las cumple recibe una sanción: reglas que se observan, por ejemplo, en el club social, cultural o recreativo. Hace tiempo, por ejemplo, en la escuela al niño que se portaba mal, hablaba mucho o hacia travesuras, lo sacaban del salón, lo expulsaban… había profesores que hasta reglazos daban y con permiso hasta de los papas. Hoy eso es imposible: para eso están los derechos humanos.
 
Recuerdo que en la Universidad, hace tiempo, un director de la Facultad de Derecho prohibió que los alumnos (hombres y mujeres) asistieran a clase en short, en bermudas. Ni en tiempos de pleno calor. Al último, se dio por vencido: era imposible sacar a los alumnos que se olvidaban de esa regla y, además, había profesores que si lo permitían. La autoridad se topo con una costumbre que, si bien no es extensiva, si es practicada por buen número de alumnos.
 
Los buenos modales de la iglesia católica no son de ahora. Con cierta frecuencia se les da “difusión” y se conmina a los feligreses a cumplirlas, los llaman “buenos modales en la casa de Dios”: “Vestir dignamente y con cierta elegancia para visitar a Dios. Evitar los escotes, mini faldas, shorts, blusas de tirantes, etcétera”. Y tienen sentido: cuando uno va de visita, sea un familiar o un amigo, siempre procuramos ir bien vestidos. Es una regla que poco se olvida.
 
Antonio González Sánchez, el obispo de la Capital, lo sabe muy bien. Su iglesia, la católica, día con día va perdiendo feligreses. Las causas, imagino, ellos deben conocerlas en plena conciencia. Y la forma de retener a los feligreses es, en ciertos casos, ser más flexibles: las reglas aplicadas a rajatabla traen consecuencias que tienen que con la voluntad de pertenecer a un grupo social, en este caso, a la iglesia católica. Ya imagino al obispo, al Padre Rubén Robles o a Jesús Márquez, auxiliados por un par de hermanas (madres) en la puerta de la iglesia impidiendo el paso a quien vista escote pronunciado, mini faldas, shorts, blusas de tirantes o llegue masticando chicle.”
 
Las reglas de la sociedad se han resquebrajado. En la iglesia, de ahí la recomendación a los feligreses; también en la familia y en la escuela, el significado de la autoridad se ha transformado y no se apoya en el valor de la responsabilidad, de ahí que, hoy en día, con cierta frecuencia se diga que hay desintegración familiar; que en la escuela los alumnos ya no respetan a los profesores. Y, al final, el balance es que si hay desintegración familiar, hay descomposición social. Consecuencia natural de la pérdida de valores, entre ellos, los religiosos.
 
Comentarios: meligue@prodigy.net.mx

Melitón Guevara Castillo.

Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).

Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).

Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.

Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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