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Sección: Editoriales / La Ley de Herodes

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Estamos a poco menos de ciento setenta días del cambio de poderes constitucionales en el estado de Tamaulipas. Un periodo que pareciera muy largo...

Por: Miguel Ángel Isidro 20/07/2010 | Actualizada a las 19:05h
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Estamos a poco menos de ciento setenta días del cambio de poderes constitucionales en el estado de Tamaulipas. Un periodo que pareciera muy largo para algunos, pero que para otros correrá como arena entre las manos.
 
El tiempo transcurrirá lento para aquellos que se la partieron en las campañas, que se las tomaron en serio,  y que aspiran a poder afrontar los retos que implicará el cumplir las promesas efectuadas a los electores, en el menor tiempo posible y con las mejores expectativas de éxito.
 
Sin embargo, el tiempo correrá como de rayo para los que legaron al poder, se embriagaron con sus mieles, y ahora ven con nostalgia el inevitable avance del calendario.
 
Sin embargo, ¿cuál será el panorama que habrán de enfrentar los futuros responsables de la conducción política del estado, en el ejecutivo estatal, en el congreso, en los municipios?
Definitivamente, Egidio Torre Cantú recibirá el estado en condiciones delicadas. Porque a pesar de los denodados esfuerzos de la administración saliente, habrá que asumir de inmediato la recuperación de los daños generados en la entidad por los fenómenos meteorológicos como el huracán Álex. Y porque también estará enfrente el  enorme reto de recomponer el tejido social dañado por la inseguridad y la violencia, que han tenido su más cruenta expresión en el propio sacrificio del doctor Rodolfo Torre Cantú. El reto para el gobernador entrante es, entonces, no sólo delicadísimo, sino personal.
 
Pareciera que quienes la tienen más sencillita son los señores y señoras diputadas.
 
Sencillita porque tras el mediocre desempeño de la legislatura saliente, cualquier esfuerzo sobresaliente en el trabajo de los nuevos diputados será digno de llamar la atención. Porque no se antoja difícil llenar los zapatos de un cuerpo de legisladores que se caracterizó por su proclividad al pleito con fines publicitarios, pero poco productivo en términos del interés supremo de la sociedad que los llevó a la curul.  O como quien dice: porque en tierra de ciegos, cualquier diputado tuerto luce como rey.
 
El Poder Legislativo del estado está obligado a retomar un papel preponderante como caja de resonancia del sentir ciudadano. Como espacio para el debate, sí, pero también para la propuesta, el consenso y la negociación de altura. Necesitamos legisladores con auténtica visión de estado, responsables y congruentes con la problemática de sus regiones. Porque la improductividad legislativa sólo genera mayor desapego y desconfianza de la sociedad civil hacia los espacios de representación popular. Por eso la gente no acude a las urnas. Porque un congreso mediocre no merece la más mínima atención del respetable, aunque algunos de sus integrantes sean buenos pegando pancartas o haciendo “gamundiñas”. Eso es vodevil barato, que merece inmediato olvido. 
 
Mención aparte merece el caso de las presidencias municipales. Porque obviamente las condiciones  bajo las cuales cada una de las 43 comunas tamaulipecas procederán a la transición de mandos son radicalmente diferentes.  Porque obviamente cada uno de los alcaldes salientes tiene distinto nivel de desempeño, y su respectiva calificación ya quedó expresada de alguna manera en las urnas.
 
La generación saliente de alcaldes fue la del discurso del “quiero, pero no puedo; tengo proyectos, pero no tengo dinero”. Claro que existen excepciones a la regla, pero son tan pocas que realmente ni viene al caso destacarlas.
 
¿Cuál será la principal preocupación para los señores presidentes municipales que en cinco meses y medio entregarán la estafeta? ¿Cerrar sus respectivas gestiones a tambor batiente, demostrando que van a cumplir hasta el último día con sus proyectos? ¿Limpiar la casa para que el entrante no tenga argumentos para seguirles el rastro? ¿Obsesionarse en heredar nóminas y séquitos a quienes  fueron electos para sucederlos en el cargo? ¿Conseguir chambas gubernamentales con pedigrí para hermanos, compadres o cómplices? ¿Buscar algún otro espacio en la ancha ubre del presupuesto público donde se requiera de sus heroicos servicios a la Patria?
 
Estoy seguro que en cada respuesta, el amable lector está dibujando de pies a cabeza a un personaje distinto.
 
La otra incógnita está en el papel que gobernador, diputados y alcaldes electos habrán de desempeñar durante este largo periodo de vigilia política previo a su toma de poderes. Pero seguramente ese tema nos dará material para otra entrega.
 
DE BOTEPRONTO:  Es inevitable, pero surgió un chiste cruel en torno a la visita del embajador Carlos Pascual a la ciudad de Matamoros. Ahí le va:
 
Platican dos funcionarios municipales:
 
-“Licenciado, que buena imagen nos va a dar a nivel nacional esta visita del embajador Pascual,  que seguramente vino a verificar los apoyos otorgados por su gobierno tras el paso del huracán Álex...”.
 
-“Ay, Ingeniero, usted siempre tan ingenuo!…. La verdad es que como el gobierno gringo cree que la presa Falcón todavía está muy llena…  El embajador nomás vino a checar si los matamorenses todavía aguantamos más agua encima”. 
 
Sorry, Mr. Pascual. Así somos los mexicanos. Hacemos chistes de todo….
 
Por el momento es todo. Le espero de lunes a viernes en los espacios informativos de Grupo Fórmula Tamaulipas (89.5 de FM), de Tele Fórmula (Canal 60 de Comunicable) y Libertas TV (www.libertas.tv). Y por supuesto, agradezco sus comentarios en formulatamaulipas@gmail.com . O si prefiere, sígame en twitter: @miguelisidro.

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