Por: Carlos Santamaría Ochoa02/01/2010 | Actualizada a las 15:58h
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¡Quien iría a
pensar que se daría tan lejos!
Sin lugar a
dudas, cuando podemos establecer una buena comunicación con los seres que
amamos, atesoramos momentos y recuerdos que seguramente, dentro de varios años,
permanecerán en nuestros corazones.
Y sucede que, en
familia, a veces no tenemos el tiempo suficiente para encontrar esos
maravillosos momentos que nos da un ser querido: los hijos constituyen, sin
lugar a dudas, la mayor responsabilidad y amorosa preocupación para todos.
En estos días de
asueto, la oportunidad de convivir con los hermanos que viven lejos, los padres
que tienen su residencia en otro sitio del país y los sobrinos, producto del
amor de nuestros hermanos y quienes han decidido conformar una familia, son
momentos que realmente vale la pena vivir y revivir cuantas veces sea
posible.
En estos días, la
ciudad de Aguascalientes se convirtió en el fiel testigo de uno de esos
maravillosos momentos.
Caminar por las
calles del centro de esta bonita y tranquila ciudad, abrazados por el sol
invernal que, al aire libre, como que quema la piel y nos hace sentir en un
sitio veraniego, pero en la sombra nos lleva a un frío que cala hasta los
huesos –como popularmente se dice- y que nos provoca temblor en las
extremidades, nos ubica en un tranquilo y amoroso momento que hemos vivido
gracias a muchas cosas, pero sobre todo, al sentimiento solidario de dos
individuos.
Aguascalientes se
abrió en el cielo y dio paso al sol quemante invernal para hacer un paseo
inolvidable: ver aquel grabado que recuerda la reunión constituyente o la
legendaria construcción de la catedral, hasta el hermosísimo y tranquilo jardín
de San Marcos fueron los testigos de esta convivencia que debemos propiciar
todos con los nuestros, aunque sea de vez en cuando.
Caminamos mucho.
La recomendación fue ir en automóvil de alquiler por aquello del tráfico, sin
embargo, los dos decidimos acudir en vehículo hasta un estacionamiento para, de
ahí, comenzar el recorrido que durante horas hicimos a esos sitios que tienen
un toque especial.
La arquitectura
colonial de Aguascalientes nos regaló la oportunidad de conocer y comentar: que
si el edificio es tal o cual cosa, y que si los detalles ornamentales
constituyen algo importante… tantas cosas que fueron un muy buen “pretexto”
para poder comentar cualquier cosa, cualquier concepto: el encanto se presentó
por la convivencia, no por lo que vimos ahí.
No puede una
persona dejar estos momentos como algo superficial: sin duda alguna, fue uno de
los mejores episodios en la existencia de quien ha procurado ser padre para sus
hijos con quien se ha constituido como el hijo y compañero, el amigo y
camarada: el compañero de viaje y turista.
La estampa típica
de dos personas con acento distinto, forma de andar peculiar, y el tono de voz
que nos ubica como norteños, fueron parte de todas esas características que nos
ubicaron como turistas; la cámara fotográfica en la mano de cada quien tuvo su
parte en todo este episodio: por una parte, fue el instrumento donde captamos
esos sitios tan especiales que la historia ha colocado en la ciudad de
Aguascalientes, y por otra, era también el “distintivo” del turista que llega a
“robar” las imágenes de esas estampas que pudimos traer para compartir más tarde.
Aquella mañana
comenzó el mejor día de nuestras vidas quizá. No podemos olvidar, claro, la
manera en que, hace años, él tuvo la oportunidad de iniciar una aventura en la
Secundaria que culminó con el nacimiento de la tradición del basquetbol en el
colegio Surval, o el hecho de haber podido gritar y gozar un campeonato
nacional.
Tampoco podemos
dejar a un lado el hecho de haber convivido muchos partidos de fútbol en
televisión o la película de moda. El poder estrenar un pantalón o un par de
tenis o disfrutar de un plato hecho en casa para ellos.
Han sido muchas
cosas las que hemos podido vivir y que forman parte de esa historia del hombre
y su hijo.
¡Cómo dejar de
pensar en los momentos en que las hermanitas llegaron al mundo!
Hay muchas cosas
que vienen a la mente, pero lo más fresco, lo más reciente, sin lugar a dudas
que el habernos convertido en turistas allá por Aguascalientes, comer juntos,
platicar mucho y disfrutar de las calles de esos lugares.
Es cuando
volteamos la mirada al cielo y, en busca de ese Ser Supremo que nos permite
vivir y disfrutar de todo lo que hay en la vida, agradecemos la maravillosa
oportunidad de experimentar la paternidad, pero más importante aún, el poder
convertirnos en compañeros de jornada, y disfrutar quizá, uno de los mejores
días de nuestras vidas.
Yo lo pienso así,
y probablemente él también. David me ha regalado uno de los mejores días de mi
existencia, y la verdad, no quise que pasara desapercibida tan significativa
ocasión. Gracias a la vida por poder vivir esto, pero sobre todo, gracias, a
ti, por ser mi hijo.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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