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Encantos de las mujeres insurgentes, arma muy temida por el gobierno colonial
Los gobiernos coloniales en la Nueva España persiguieron y reprimieron, incluso con la muerte, a mujeres insurgentes a las que acusaban de utilizar ...
Por: EFE / Julián Rodríguez Marín18/07/2010 | Actualizada a las 14:06h
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México,
18 jul (EFE).- Los gobiernos coloniales en la Nueva España persiguieron y
reprimieron, incluso con la muerte, a mujeres insurgentes a las que acusaban de
utilizar sus encantos para seducir y convencer para cambiar de bando a sus
oficiales, dijo a Efe la historiadora María José Garrido.
"El
delito de seducción fue una de las más frecuentes acusaciones contra las
mujeres que optaron por la insurgencia", dijo Garrido, quien ha
investigado el papel de la mujer en la guerra de la Independencia de México que
estalló en 1810.
Garrido,
doctora en Historia y titulada en la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que aunque en esa época
la mujer no tenía ningún derecho político y acceso a los puestos de poder, los
insurgentes veían en ellas una gran fuerza que favorecía a su causa.
La
historiadora explicó a Efe que, sin embargo, en diarios insurgentes de la época
se conminaba a la mujer a no ceder a las pretensiones amorosas de los
realistas, término que utilizaban para denominar a los partidarios del poder
colonial.
"En
1812, uno de los diarios insurgentes publica dos artículos que invitan a
mujeres que viven en la Nueva España a que participen en la Guerra de
Independencia de diversas maneras", señala la historiadora.
Explica
que, para el autor de esos artículos, las mujeres tenían una gran deuda debido
a que consideraron que su sometimiento a partir de Doña Marina, La Malinche
(mujer indígena del conquistador Hernán Cortés), era el responsable de la
conquista y debían participar en la lucha por la Independencia.
En
esos artículos, los autores piden a las mujeres que no se casen con españoles y
a quienes están casadas con ellos les sugieren que se conviertan en espías en
favor de la causa americana.
En
caso de un inminente matrimonio con un español les piden que condicionen la
unión a que se pasen al bando insurgente y que eduquen a sus hijos en favor de
la causa de la independencia.
En
el artículo "Los temores de los realistas: las mujeres de los
insurgentes" publicado en la revista "Relatos e Historias de
México" (edición de Julio de 2010, Editorial Raíces), Garrido cuenta cómo
en octubre de 1814 Agustín de Iturbide permitió tomar rehenes a las mujeres y
los hijos de los insurgentes para obligarlos a rendirse.
En
noviembre de ese año unas 300 mujeres fueron encarceladas por dos años sin
juicio penal como una forma para frenar las acciones de un grupo de insurgentes
comandados por José Antonio Torres en el estado de Guanajuato.
En
respuesta a la detención, los insurgentes "enfurecidos" quemaron las
haciendas, prohibieron bajo amenaza de muerte la salida de víveres y decretaron
"exterminio y muerte" contra todos, por lo que Iturbide amenazó con
fusilar a las mujeres cuando los insurgentes cometieran ciertos delitos, aunque
no se ha documentado alguna represalia.
Iturbide
defendió su decisión con el argumento de que "esta clase de mujeres causan
a veces mayor mal que algunos que andan agavillados (...) considérese el poder
del sexo bello sobre el corazón del hombre, y esto solo bastará para conocer el
bien y el mal que pueden producir".
Anteriormente
Iturbide ordenó fusilar a María Tomasa Estevez de Salas, quien fue juzgada por
seducir a la tropa realista en la región de Salamanca, de quien aseguró habría
tenido mucho éxito en sus actividades rebeldes por "su bella figura".
Otro
de los casos fue el de Bernarda Espinoza, quien fue fusilada por expresar su
júbilo ante una derrota realista y por haber vertido proposiciones en favor de
los insurgentes.
La
opinión de Iturbide era compartida por otros militares y autoridades coloniales,
para quienes los atributos femeninos era una grave amenaza para la autoridad
que no podían combatir.
Otros
estudios históricos destacan el papel de Carmen Camacho quien seducía a los
soldados de una guarnición para que desertaran.
En
1815 un juez calificó a estas mujeres como uno de los mayores males porque
debido a su sexo eran el instrumento para seducir a toda clase de personas y
quienes podrían transmitir mensajes, espiar y contrabandear armas bajo sus
faldas.
Por
este motivo la vida privada y la sexualidad de las mujeres durante la guerra de
Independencia se convirtió en un asunto de seguridad política. EFE
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