Volver a escuchar los nombres de antaño: Maricela, Laura, José Angel, Mauro o Sheila, por mencionar algunos cuantos, significa volver a vivir muchas ...
Por: Carlos Santamaría Ochoa17/07/2010 | Actualizada a las 19:15h
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Volver a
escuchar los nombres de antaño: Maricela, Laura, José Angel, Mauro o Sheila,
por mencionar algunos cuantos, significa volver a vivir muchas cosas. Vivencias
de juventud o adolescencia, y quizá hasta de la niñez.
Aquellos
tiempos en que, en el Paseo “Pedro J. Méndez” nos llegamos a reunir personas
como Claudia, Laura, Archi, Vega, Ricardo o el “bigos”, miembros de lo que era
el grupo 1 de Scouts de México en Victoria, y además, el único, muy poco tiempo
antes de que se formara otro similar.
Tener en
la mente las imágenes de aquellos días en el parque “México” y el grupo 24, o
de “Campitos” y sus gritos en las canchas del club de fútbol de la UNAM, hasta
recordar los días en que el maestro Lechuga nos llenaba de conocimientos básicos
como eran las vocales y que uno más uno sumaban dos, o que Miguel Hidalgo había
iniciado la lucha por la independencia aquella madrugada del 16 de septiembre
de 1810.
Todos
esos recuerdos se acumulan en la historia de cada uno de nosotros; muchos, se
pierden con el tiempo y con la llegada de otros más recientes y emotivos, para
bien o para mal, pero que ocupan lugares preponderantes en nuestro corazón y
nuestra mente.
Los
amigos, los buenos amigos…
Platicar
con los hijos acerca de los amigos del Cendi es recordar todos estos bellos
momentos y añorar algunos nombres y rostros; los amigos de la primaria, la
secundaria, la prepa, la facultad y uno que otro del trabajo. Todos forman parte
de nuestros recuerdos.
Y
conforme pasa el tiempo, se van perdiendo muchas relaciones por causas
naturales: algunos cambian de residencia, otros y otras se casan y se van a
construir su futuro lejos, aunque a veces estén cerca físicamente, pero los
ambientes cambian, porque cada quien tiene su mundo, su gente, sus amigos.
Es cuando
toman un valor importantísimo las redes sociales, concebidas desde nuestro
punto de vista para estas cosas. Las experiencias últimas nos han permitido
valorar su importancia.
Reencontrarse
con hermanos que no conocimos por causas naturales, con sobrinos que no
teníamos idea de que existían, es ahora posible gracias a una herramienta
maravillosa llamada Facebook, que nos permite buscar, localizar y anclar a
nuestra lista de contactos a esos seres perdidos en alguna parte de nuestra
vida.
Los
hermanos y la demás familia comienzan a unirse en una sola causa, y tenemos la
comunicación gracias a la Internet… y al Facebook.
Pero no
solamente estos recuerdos. Hace ya algunos calendarios que tuvimos la
experiencia increíble de formar parte de una generación de licenciados en
Relaciones Públicas, egresados de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde
conocimos a mucha gente valiosa y no tanto, pero todos, dentro de nuestros
afectos.
A varios
calendarios de distancia, hemos podido reencontrarnos con algunos de ellos,
quienes buscaron los nombres de sus antiguos compañeros en el “Face” y
encontraron el contacto necesario.
Charlas
comunes en estos casos que se refieren al “qué te has hecho” o al “me dedico a
tal o cual cosa, me he casado y tengo tantos hijos o hijas” son parte de la
comunicación cotidiana.
Hemos
sido muy críticos en el uso de estas herramientas, porque de repente
consideramos que no se les da el empleo adecuado y solamente se manejan frases
triviales y superficiales, sin embargo, hoy nos hemos dado cuenta que son
importantes en muchos de nosotros.
El
reencuentro con algunos compañeros de generación es interesante, nos lleva a
desempolvar recuerdos de aquellos años de estudiantes, cuando tratábamos de
matar las horas de aburrimiento en los pasillos de la escuela porque los
maestros no llegaban a cumplir sus obligaciones. Con la broma en el salón de
clases o el corredor de la parte superior, padeciendo los calores de Victoria
en aulas sin aire acondicionado, pero que nunca lograron hacernos claudicar en
el interés de concluir los estudios.
Luego,
saber que uno o una se han casado y tienen sus hijos, o que han desarrollado
una empresa o una trayectoria como comunicadores, siempre es alentador ser
partícipe de estas historias, algunas, de éxito, y otras, únicamente de
supervivencia.
La vida
nos ha permitido disfrutar de las herramientas del presente, que se reducen al
Messenger, al Facebook o al Twitter, y que logran lo que muchos no pudimos
hacer por la vía normal: reencontrarnos uno a uno, compartir de nuevo nuestra
existencia y hacer más fuertes los afectos que crecieron con nosotros.
No nos
queda, en este sentido, más que dar gracias a la vida por saber de nuestros
compañeros, aquellos que tuvieron igual que nosotros, la oportunidad de dar una
clase en aras de una buena calificación, o de formar parte de nuestro equipo de
trabajo escolar.
Algunos,
más que otros, están en la vida disfrutando su éxito o sus vivencias. Y
nosotros, gracias al Facebook, tenemos la fortuna de volver a reencontrarnos
con ellos.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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