El Anzuelo...
Y ¿Tan seguros están que ni piensan en el pago de marcha?
por El Fisgón
Martha y sus hijas alcanzaron a ver a su padre, al otro lado del puente, pero no han visto su casa: “ahorita no sabemos nada, pero estamos tristes"
Por: Alejandro Paz
Hidalgo,
Tamaulipas.-“Nos salimos porque el agua llegaba al puente, vimos que la
gente estaba saliendo y también nos salimos, allá deje a mi esposo y mi hijo”,
relata Marta Sonia Cabello Álvarez en el lado de “El Tomaseño”.
Ella jamás pensó que aun cuando al estar a menos de 50 metros de su esposo,
tendría que platicar con él por teléfono.
Por ese medio, dice que a su casa el agua rebaso la ventana, que los muebles
están inservibles y que la ropa se la llevo la corriente.
“Mi esposo me dijo que perdimos todo, pero después me dice no te preocupes todo
fue material, tenemos ahí viviendo 28 años”.
Y añade: “Hoy hable con él porque me marco del teléfono público de la tienda al
celular de mi hija, pero le tuvimos que enviar toalla, ropa para que se bañe”.
Martha y sus hijas alcanzaron a ver a su padre, al otro lado del puente.
Pero no han visto su casa: “ahorita no sabemos nada, pero estamos tristes, ya
quisiéramos de perdido saber que vamos a hacer, si lavar, barrer o que”.
Por su parte, Marta Ramírez Larube recuerda que hace diez años se desbordo el
rio, “pero fue poquito el nivel del agua” al tiempo que señala con su mano que
sólo llego a unos 100 metros de su casa, “pero ahora llego hasta acá, y se
metió a nuestras casas sin darnos oportunidad de sacar las pertenencias”.
La tristeza es doble para María de los Ángeles Bernal Jasso, ya que mientras
que apenas se pudo comunicar con sus padres el domingo por la noche, tras ser
restaurada la línea telefónica en Monterrey, hoy les llora desde el puente.
“Mi mama está enferma y yo quiero saber si hay alguna manera de transportarla
hacia acá, con la marina o con un helicóptero. Hoy llegue porque apenas antier
ayer supe de ellos”.
Después de limpiar las lágrimas que derramo por su rostro, dice que no ha
podido acercarse con el presidente municipal “así námas”.
Explica que sus padres son del ejido La San Juana, pero que se encuentran viviendo
con un familiar porque el arroyo les destruyo por completo su vivienda, aunque
destaca la importancia de que lograron salir a tiempo.
Al igual que Evangelina Tobías Ortiz, quien frente a su casa relata que el día
del aguacero se salieron rápido sin “chance” de sacar la ropa, “más que solo
unos animales en rastra”
Hoy ella y su familia, viven en la orilla de la carretera y en la noche se
meten a la casa de un familiar.
Unos esperan en lugares donde nunca pensaron que dormirían.
Otros que llegaron a trabajar están prefiriendo partir hacia otro lugar, porque
aquí no hay nada que hacer, dice Feliciano Cano Villanueva, quien llegó de San
Luis Potosí a trabajar en la corta de caña.
En Hidalgo, el aire sopla vientos de desesperación, impotencia y enojo porque
el agua se llevó lo que encontró a su paso, y porque algunos han decidido
lucrar con la tragedia, vendiendo botellones de agua en 100 pesos y kilos de
tortillas hasta en 20 pesos.
Aunque otros se tientan el corazón y deciden dejar el kilo en los 15 pesos.
En este poblado, el ruido que se escucha es el de los voluntarios, el de las
máquinas de los camiones del Ejército y la Armada, que se mezclan junto al
sobrevuelo de los helicópteros.
También se escucha el sonido que hace el agua al avanzar por el rio, el que
nunca podrá ser olvidado por sus habitantes.
Marta Sonia Cabello Álvarez del “El Tomaseño”, relata que ella jamás pensó que aun cuando al estar a menos de 50 metros de su esposo, tendría que platicar con él por teléfono
Fotografía Alejandro Paz
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