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Sección: Editoriales / La Ley de Herodes

¿Quién elige a quién?

Después de algunos días de injustificada ausencia en este espacio, motivada por la enorme carga informativa generada por los fenómenos...

Por: Miguel Ángel Isidro 06/07/2010 | Actualizada a las 19:53h
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Después de algunos días de injustificada ausencia en este espacio, motivada por la enorme carga informativa generada por los fenómenos político electorales y meteorológicos que han tocado territorio tamaulipeco (tormentas todas), retomamos la labor. Agradezco de antemano la paciencia de lectores y cibernautas.
 
A primera instancia, el resultado de las pasadas elecciones en 14 estados del país deja múltiples lecturas, pero la más curiosa es que todos los partidos tuvieron algo que cacarear.
 
El PRI se alzó con el mayor número de victorias, con 9 gubernaturas… pero perdió tres espacios importantes, que son Oaxaca, Puebla y Sinaloa.
 
El PAN invitó a sus simpatizantes a “salir a las calles a festejar los triunfos”,  a pesar de que hubo elecciones, como la de Tamaulipas, donde quedó superado por poco más de 2 a 1.
 
El PRD logró dar crédito de utilidad a su propuesta de alianzas “contra natura”. El pragmatismo impone ganar como sea, con quien sea, asociado con quien se pueda.
 
El gran problema sigue siendo que, a pesar de los sesudos análisis, una vez más el nivel de participación ciudadana quedó por debajo de las expectativas.
 
Con todo y la guerra sucia.
 
Con todo y el voto sentimental.
 
Con todo y las grabaciones obtenidas por vías inconfesables para exhibir las también inconfesables conductas de algunos peces gordos de la política.
 
El problema es que la política sigue siendo vista como herramienta para el escarnio, para la confrontación, para la vileza, la ruindad… y hasta para el magnicidio.
 
La política, en su estricto sentido, es el arte del debate, de la negociación de altura, de la defensa de los principios, de la ideología. Del consenso incluyente, del diálogo con argumentos. ¿Algo de esto apareció en las campañas recientemente fenecidas? Muchos pensamos que no.
 
Queda claro que a pesar de las múltiples asignaturas emergentes que se anotan en las agendas laboral, económica, fiscal y de justicia y seguridad, se requiere de una vez por todas de una reforma política de alto alcance, que signifique que los procesos electorales sean verdaderamente atractivos para la población, y que en su desarrollo se obligue a los candidatos a presentar propuestas, ideas, y no sólo índices de fuego para señalar los errores y pecados de sus contrarios.
 
México es seguramente el único país del mundo tiene un significado peyorativo.
El hecho es que en nuestro país, cuando se menciona la palabra “politizar”, quiere decir que al tema o personaje en cuestión… ya se lo llevó el tren.
 
Esto no puede seguir pasando.  Es urgente retomar el verdadero sentido y valor de la política, y no seguir alimentando artilugios legales que en aras de lo que se presume como “políticamente correcto”, terminan sirviendo de sostén a campañas y candidaturas que terminan alejando a los electores de las urnas.
 
Lo cierto es que a pesar de lo que se diga, el presente modelo de ley electoral no hizo que las campañas fuesen más ejemplares,  menos denostativas. Tampoco más propositivas, y por supuesto… tampoco más baratas.
 
Probablemente la generación de un nuevo modelo de participación política electoral no sea cuestión de unos cuantos meses y años, porque requiere del esfuerzo y el compromiso de una generación completa de mexicanos.
 
No debe ser labor exclusiva de los partidos políticos, porque ya sabemos que bien o mal, ellos terminan siempre arreglándose en lo oscurito o donde se pueda.
 
Sólo la participación comprometida y permanente de los ciudadanos puede cambiar las cosas.
 
Hay que informarse, cuestionar, exigir y comprometerse.
 
Porque de lo contrario, le estaríamos haciendo el juego a esos políticos que anhelan que los ciudadanos aparezcan en sus planes sólo en tiempo electoral, y que al término de las campañas, nos puedan meter en un costal y guardar en el rincón para cuando se nos vuelva a requerir.
 
Está visto que los partidos políticos no van a cambiar…. Chango viejo no aprende maroma nueva.
 
El cambio de actitud debe venir de los ciudadanos.
 
En síntesis: la mejor sociedad no es la que elije a los mejores gobernantes. No señor.
Es la que construye a los mejores ciudadanos. Ni más… ni menos.
 
DE BOTEPRONTO: De repente aparecieron algunos priistas queriendo espantar incautos con el petate del muerto en la elección de presidente municipal en Río Bravo.  Que ni pierdan su tiempo buscando al responsable del desastre en esa elección. Tiene nombre y apellido, y todavía despacha como presidente municipal, aunque al parecer nadie le avisó de que se trataba el asunto. Los resultados están a la vista.
 
Por el momento es todo. Le espero de lunes a viernes en los espacios informativos de Grupo Fórmula Tamaulipas (89.5 de FM), Tele Fórmula (Canal 60 de Comunicable) y Libertas TV (www.libertas.tv). Y por supuesto, agradezco sus comentarios en formulatamaulipas@gmail.com. O si prefiere, sígame en twitter: @miguelisidro  

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