Negros nubarrones oscurecían el cielo de la capital tamaulipeca, se presagiaba tormenta, lluvia que rompía el calor eufórico propio de los tiempos, aunque más parecían...
Por: Rosa Elena González30/06/2010 | Actualizada a las 00:41h
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Negros nubarrones oscurecían el cielo de la capital
tamaulipeca, se presagiaba tormenta, lluvia que rompía el calor eufórico propio
de los tiempos, aunque más parecían nubarrones que enrarecían el ambiente y
llenaban de incertidumbre e intranquilidad a la ciudadanía.
De las tempestades nadie sabe cual será realmente la
magnitud, que rumbos pueden tomar o cuanto daño y destrucción dejaran a su
paso, tampoco se sabe si podrán derribar las edificadas instituciones,
trastocar la seguridad y tranquilidad de los habitantes de una región, una
Entidad o un País, solo se sabe que agreden con su furia a un pueblo indefenso. Ni los meteorólogos más prestigiados, ni los estadistas
sociales, ni los estudios de opinión sobre el clima que se respira en el país
lo pueden predecir, en realidad nadie sabe que sucederá al día siguiente, que
tormenta nos puede azotar o que inesperado huracán nos puede arrastrar
destruyendo sueños ilusiones y esperanzas, y eso es lo que nos mantiene en la
incertidumbre. Mientras el Estado se preparaba para recibir y hacer
frente a la temporada de huracanes, implementando acciones para salvaguardar la
integridad de los tamaulipecos y sus bienes, otra tormenta llegaba
intempestivamente y estrujo el alma de un pueblo altivo. Se lleno el cielo de negros y oscuros nubarrones,
cargados de melancolía y frustración, termino con la sonrisa de familias
que sintieron de pronto como un huracán los arrastraba destrozándoles el
corazón y desgarrándoles el alma. Las familias dolidas solo esperan que después de la
tormenta venga el sol, aunque a ellos no les alumbre, no caliente sus sueños y
esperanzas, ni calcine sus pesares. Fue tanta la tristeza que hasta el cielo lloró por ellos,
en la despedida, para luego acariciarles con una suave ventisca como queriendo
reconfortarles y decirles que los seres amados estarán a su lado siempre. El polyforum se caía a pedazos con los estruendosos
aplausos y las muestras de cariño para RODOLFO TORRE CANTU y solidaridad para
su familia, un escenario que apenas días antes se llenaba de júbilo y
algarabía ayer se vestía de luto con un infinito respeto a la memoria de
RODOLFO Y ENRIQUE. Las paredes del congreso del Estado se estremecían al
escuchar al unísono el nombre de ENRIQUE BLACKMORE quien como siempre puntual
llegaba por última vez al recinto, pero esta vez no llevaba una iniciativa, no
tomaba la tribuna para inconformarse por los altos costos de las tarifas
eléctricas, en esta ocasión era para despedirse, como todo un profesional. Su esposa JESICA LOPEZ DE BLACKMORE, sus hijos
ENRIQUE, MARCELO Y REBECA orgullosos caminaban a su lado, a ellos no les
interesa cómo, por qué, o quienes fueron los culpables, a ellos solo les
importa que el ser más importante de sus vidas no estará en cuerpo, pero saben
que siempre estará en alma, y su escancia les invadirá cada espacio que
sentirán su presencia siempre que le necesiten. Una infinita ternura ver la cara de ENRIQUE BLACKMORE
LOPEZ mirando con dulzura a su madre mientras la sujetaba fuertemente su mano, como
queriendo infundirle fortaleza, una fortaleza que seguro es herencia, y que
servirá de ejemplo… vida.diaria@hotmail.com
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio. Fue jefa de Prensa en Ciudad Victoria y ocupó la jefatura del Departamento de Difusión y Comunicación Social de la Comapa.
Además ha colaborado en distintas campañas políticas.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias
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