Sin duda alguna, Tamaulipas ha experimentado una gran pérdida al dejar de existir físicamente el ingeniero Américo Villarreal Guerra, ex gobernador de nuestra...
Por: Carlos Santamaría Ochoa24/06/2010 | Actualizada a las 15:31h
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Sin duda alguna, Tamaulipas ha experimentado una gran
pérdida al dejar de existir físicamente el ingeniero Américo Villarreal Guerra,
ex gobernador de nuestra entidad y podemos afirmar que ha sido el precursor del
nuevo Tamaulipas del que hoy gozamos.
El ex gobernador Villarreal ha dejado de existir
físicamente, sin embargo, miles hemos de recordarle y llevarle vivo en nuestros
corazones, porque durante su prolífica existencia supo hacer lo que el ser
humano está llamado a realizar con benevolencia: amigos.
El ingeniero tuvo una brillante carrera profesional y
política. En el primer rubro, desatacó como experto en aspectos hidráulicos,
pero en el político, supo ganar posiciones hasta llegar a ocupar el máximo
honor que puede ostentar un hijo de la tierra del Bernal: ser gobernador
constitucional de su tierra, su patria chica.
Con Américo inicia en la entidad una nueva etapa de
consolidación política y además, deja atrás un poco de eso que caracterizaba a
algunos mandatarios: dejó de llevó de llevar a cabo una ostentosa y gar a cabo
una ostentosa y gran obran obra para inmortalizarse: enterró su huella y sin
quererlo fue más significativa que otras.
En el sexenio de tan ejemplar victorense se construyó el
acueducto de la Presa Vicente Guerrero a Victoria, conjurando el viejo y grave
problema de la falta de agua en la capital de Tamaulipas.
Recordamos aquellos días en que había que levantarse en
la madrugada a “pescar” un poco de agua, a llenar cubetas, ollas y lo que fuera
para garantizar el tener un poco para tomar o para las más elementales tareas.
El acueducto significó la diferencia entre tener y no
tener, entre vivir y sobrevivir. El ingeniero Américo tuvo la visión y el
cariño suficiente para tu tierra, y de esta forma se logró atender el más
importante de los problemas.
Hablar de quien nos falta es fácil: todos decimos
solamente cosas buenas y recordamos sus virtudes. Américo supo ser gobernante y
amigo de todos.
En una ocasión, en la escuela primaria “Lauro Aguirre” se
llevó a cabo el homenaje al ex alumno, entonces gobernador de Tamaulipas. La
ceremonia fue encabezada por él y su distinguida esposa Oralia, y ahí, un
pequeño de primero de primaria dedicó unas palabras, una significativa pieza de
oratoria que emocionó al “gober”.
Lo saludó, lo abrazó y algo le dijo que el pequeño nunca
olvido esas palabras, a grado tal que en cada ocasión que se encontraban se
saludaban como viejos amigos. También, el pequeño educando recibió una carta
del gobernador donde agradecía sus palabras. El gesto nunca ha sido olvidado
por el joven David, y el sentimiento hacia su amigo Américo nunca cambió.
Detalles de esta naturaleza vivió el hombre a diario: la
gente lo quería, lo saludaba en cualquier parte porque él transitaba en
cualquier parte, como uno más de nosotros, sin aparatos de seguridad o
publicidad especiales.
Sin duda alguna, Américo fue siempre un hombre especial,
singular, y durante su prolífica existencia cultivó miles de amigos que hoy nos
encontramos tristes por la natural pero irreparable pérdida.
En el ámbito familiar, tuvimos cercanía con algunos de
los miembros de su familia y la verdad, a juzgar por los resultados, entendemos
que ha sido una familia con raíces especiales, únicas.
Hoy sus hijos lamentan la partida del hombre, el
estadista, pero sobre todo, del padre de familia y amigo que seguramente vivió
momentos inolvidables con cada uno de sus hijos.
El homenaje del gobierno de Eugenio Hernández Flores no
es más que un acto de justicia a uno de los grandes tamaulipecos del siglo
veinte, un hombre que sembró la base de lo que hoy vivimos y que conocemos como
nuestro Tamaulipas.
Seguramente, los sentimientos encontrados están presentes
aún en quienes tuvimos la maravillosa oportunidad de conocerle y entender que
lejos del gobernador o ex gobernador encontramos a un ser humano, un hombre, un
buen amigo.
A la distancia es difícil vivirlo; situaciones familiares
nos ocupan a muchos kilómetros de distancia y lamentamos enormemente no poder
acompañar a los miembros de la familia Villarreal Guerra. Hoy, nos hubiera gustado
expresar nuestro pesar a cada uno de los que hemos conocido como seres humanos,
sus hijos y nietos, sus nueras y yernos.
Julio se significará en la historia del Tamaulipas
moderno por la pérdida de un gran hombre, sin embargo, reconocemos su importante
aportación al desarrollo, a la política y a la experiencia de conocer que se
puede ser político sobresaliente sin perder la gran calidad humana, la
honestidad y los dones que el Creador deposita en un individuo llamado a dejar
una imborrable huella, en los suyos y los que le rodean.
Descanse en paz, nuestro querido amigo Américo Villarreal
Guerra.
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Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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