Uno de los delitos que aún no se castiga como debiera, es, sin duda alguna, el referente al acoso sexual, que se presenta por lo general en empresas y dependencias...
Por: Carlos Santamaría Ochoa16/06/2010 | Actualizada a las 18:27h
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Uno de los delitos que aún no se castiga como debiera,
es, sin duda alguna, el referente al acoso sexual, que se presenta por lo
general en empresas y dependencias donde algunos –y algunas- vivales se quieren
aprovechar de la necesidad de la gente.
El acoso sexual ha sido comentado por legisladores y
funcionarios; de hecho, curiosamente, en el Instituto de la Mujer se dice mucho
al respecto: que si existe, que si se da, que si se denuncia, y en ese sentido,
algunas declaraciones dejan mucho que desear, porque siempre se dice que no se
denuncian los casos.
En este sentido, se argumenta que muchos de éstos son
desechados porque las mismas autoridades desdeñan la queja, afirmando que las
que denuncian “se lo buscan”, o “lo querían”, lo que pone en un papel difícil a
las féminas que son objeto de este delito. Las ubican prácticamente como
damiselas, personas que se dedican a la vida fácil y ligera y, en muchos casos,
las comparan con quienes se dedican a la prostitución.
No existe una cultura de defensa de los derechos mínimos
de la mujer en este caso. No hay una respuesta adecuada, y para ejemplo,
permítame citar el hecho de un simple robo en un vehículo: cuando vimos que
habían roto la aleta del automóvil, acudimos a las autoridades a denunciar el
hecho, y recibimos como respuesta, de una agente: “pero va a salir en el
periódico”, como si fuera obligación que todas las denuncias se hagan del
conocimiento público.
En el caso del acoso, muchas damas no quieren denunciar
porque no quieren que se ventile en todas partes su caso, sabedoras que muchos
ignorantes y mal pensados dirán que ellas se lo buscan, que andan primero de
coquetas y luego se arrepienten o en el peor de los casos, que lo hacen por
despecho.
Todo esto es una realidad, y para ser honestos, no
siempre es atinado, porque las mujeres también tienen todo el derecho a
defender su dignidad como tales, al igual que los varones.
Hay casos en que una persona que se ubica en cargo de poder hostiga o acosa a
un varón, porque le ha llenado el ojo y quiere sostener relaciones con él. En
el caso de las damas, cuando la agredida tiene la “desgracia” de ser madre
soltera o divorciada, los patanes piensan que tienen todo el derecho, al fin
que ya sabe la mujer a lo que se atiene, y consideran que si tuvo ya una
pareja, bien puede sostener relaciones con cualquiera.
Equivocado a más no poder: la mujer tiene el derecho de
elegir a su o sus parejas sin que nadie quiera o pretenda interferir en ello,
más que su propia dignidad, su forma de pensar y su formación personal. Punto.
El acoso sexual se convierte en un arma para algunos
infelices que ostentan cargos públicos. Recientemente, la diputada local Leonor
Sarre Navarro tocó el tema porque una chica ha sido objeto de no solamente
acoso sexual sino amenazas y actitudes de revanchismo por parte de un patán que
tiene cargo en una institución educativa local, y que aprovechó para querer
pasarse de listo.
La legisladora comenta que la mujercita está a punto de
interponer la denuncia penal a nivel federal, porque, asegura, en Tamaulipas el
acoso sexual no está tipificado como delito.
Esperamos que algún amigo abogado nos saque de la duda y
se pueda conjurar esta situación.
Pero volviendo al delito en cuestión, no se vale que una
mujer u hombre sean objeto de este tipo de actitudes por el solo hecho de que
le hayan gustado al patán o a la infeliz mujer que piensa que por su cargo
puede disponer del cuerpo de alguna persona sin merecerlo.
Si la persona se deja convencer, si el tipo o mujer
tienen la capacidad de conquistar y hacer que la gente les acompañe, por una
buena labor o actitud, cada quien sabrá su situación, pero, aprovechar el
hambre y la necesidad, es peor que un delito de acoso: es una situación
injusta, bárbara y que, simplemente, no tiene madre.
En ese sentido, debieran existir leyes que, en primera
instancia, inhabiliten a esa bestia humana que piensa abusar sexualmente de
otra persona a cambio de un trabajo, cargo o puesto o ascenso, y luego,
castigar con cárcel con penas muy severas, difundir a través de todos los
medios a esa persona y prevenir a la población para que nunca más tenga
oportunidad de acceder a un cargo con poder que le permita seguir siendo
abusador o abusadora.
Se requiere, en este rubro, legislar, buscar que las
leyes castiguen estos delitos, y que se propicie el dignificar no a la mujer
sino también al hombre, es decir, al ser humano.
No se trata de asumir poses feministas o machistas, sino
de hacerse respetar; no compartimos actitudes de grupos de defensa de la mujer
o del hombre: somos de la idea de que se debe asumir una forma de pensar
universal, sin sexo ni ideología, sin partido político o religión.
Se trata de que seamos dignos ciudadanos del mundo, y todos colaboremos en esa
dignificación, hombres o mujeres, y a quien no entienda, que lo refundan en una
mazmorra fría y húmeda para que, en ese congelante y oscuro ambiente, se le
baje la calentura y las ganas de seguir abusando. No se vale que tengan forma
de dirigir, porque no tienen el mínimo respeto por los demás.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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