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Sección: Editoriales / La Ley de Herodes

¿Cómo puede perder el PRI?

A escasos días de que concluya el periodo de campañas constitucionales, se vislumbra realmente difícil (pero no imposible) que se pueda presentar ...

Por: Miguel Ángel Isidro 13/06/2010 | Actualizada a las 19:28h
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A escasos días de que concluya el periodo de campañas constitucionales, se vislumbra realmente difícil  (pero no imposible) que se pueda presentar algún hecho que cambie radicalmente la opinión de los electores. A pesar de lo corto de la fase proselitista, a estas alturas ya cada uno de los partidos políticos y candidatos debe tener ya definida e identificada a su clientela electoral cautiva.
 
En este mismo espacio hemos señalado que resultaría poco menos que ingenuo dejar de advertir el hecho de que varias encuestas serias apuntan hacia un triunfo contundente del Partido Revolucionario Institucional y su candidato a la gubernatura Rodolfo Torre Cantú.  Por el lado de la oposición, el único que cuestiona los sondeos es el panista José Julián Sacramento Garza, quien asegura que hay un creciente descontento en contra de los gobiernos priistas, principalmente en los municipios. Y no se trata de desmentir al abanderado blanquiazul, pero tampoco ha presentado algún estudio que respalde con rigor metodológico su percepción. Seguramente el senador con licencia debe conocer lo que apuntan las encuestas de la Presidencia y Gobernación.
 
¿Qué será lo que señalan?
 
El PRI no es, con mucho, un partido infalible ni invencible. De hecho, pocos priistas se imaginaron que algún día habría otro partido en la presidencia. Y por supuesto que el PRI ha perdido infinidad de espacios, pero lo cierto es que en el sexenio calderonista, el tricolor aparece como el partido político más eficaz y productivo en tiempos electorales.
 
Sin embargo, hay algunos estados de la República donde el tricolor no es ni de broma esta avasallante aplanadora que presume don Ricardo Gamundi en Tamaulipas.  Uno de ellos es el estado de Morelos, gobernado desde el año 2000 por el Partido Acción Nacional. Como ya lo he explicado,  en esa entidad tuve la oportunidad de iniciarme en la labor periodística, y es por ello que me permito recurrir al anecdotario para explicarle como fue que el otrora todopoderoso PRI perdió la gubernatura de esa entidad.
 
En 1994, el PRI postuló como candidato a la gubernatura a Jorge Carrillo Olea, poderoso e influyente asesor del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari en materia de Seguridad Nacional y Relaciones Exteriores.  Carrillo Olea ya había intentado un sexenio antes hacerse de la gubernatura, pero le ganó la jugada el ex líder del Senado y también priista Antonio Riva Palacio López, con quien inició una profunda  rivalidad.
 
Contando con el respaldo presidencial y con el apoyo de algunos grupos que le sirvieron de avanzada, Carrillo Olea ganó fácilmente las elecciones de aquel año. Sin embargo, se trataba de un político desarraigado de la entidad, a tal grado que en su natal municipio de Jojutla, nadie recordaba a su familia, ni dónde había vivido, ni donde estudió.  Militar de carrera en grado de coronel retirado, Carrillo Olea siempre fue un hombre acostumbrado a dar órdenes, poco proclive a la negociación.
 
La mayor parte de su carrera política la desarrolló en las altas esferas del gobierno federal, y nunca había participado ni en una campaña, ni había desempeñado jamás un cargo de elección popular. Jorge Carrillo Olea es, en cambio, un político cultísimo, elocuente orador (jamás le vi leer siquiera una tarjeta en público), acostumbrado a dialogar en su nivel con secretarios, presidentes, embajadores e intelectuales.
 
Al conformar su equipo de trabajo como gobernador, el entonces mandatario morelense recurrió a sus afectos, y no a los compromisos de su partido. El gabinete se colmó de empresarios provenientes en su mayoría de otras entidades, así como de amigos cercanos que cultivó a su paso por importantes áreas del gobierno federal, como el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
 
Por si fuera poco, el flamante gobernador cortó cabezas en la dirigencia estatal de su partido. No sólo marginó del reparto del poder a muchos de los que se la jugaron sirviéndole de avanzada, sino que desmanteló la estructura que había permitido al tricolor obtener triunfos reiterados en distritos y municipios. Se dio el lujo de imponer a su consuegra en la dirigencia estatal del PRI.
 
Bajo este complicado escenario, llegaron las elecciones intermedias de 1997. Carrillo Olea, como primer priista del estado, tomó mano en el reparto de las candidaturas en los 33 municipios y 18 distritos electorales del estado. Marginó de la decisión a los sectores tradicionales, y desestimó a quienes se consideraban con méritos para alcanzar una postulación. EL resultado fue un desastre: el PRI por primera vez perdió los principales municipios del estado, así como la mitad del congreso.
 
Y por si fuera poco, dejó la capital del estado en manos del Partido Acción Nacional, quien obtuvo el triunfo con un joven licenciado en Ciencias de la Comunicación que nunca ha ejercido su carrera, pues subsistía con los ingresos de lo que entonces era su modesto, pero honorable negocio: un taller mecánico y una agencia de renta de limusinas para eventos. ¿El nombre de ese entonces imberbe político? Sergio Alberto Estrada Cajigal Ramírez. Sí, el mismo que en el 2000 se convirtió en el primer gobernador no priísta del estado de Morelos.
 
En 1998, bajo una fuerte presión del gobierno federal, para entonces encabezado ya por un muy duro Ernesto Zedillo y ya no por su gran amigo Salinas, Carrillo Olea se vio obligado a presentar licencia indefinida al cargo de gobernador, en medio de la más severa crisis política y social que había vivido Morelos en su vida contemporánea, donde el tema de los secuestro había encendido la indignación ciudadana. El priismo tradicional, ese mismo que había sido marginado de los planes y decisiones del gobernador, se limitó a observar cruzado de brazos la caída del  ex asesor presidencial.
 
Una de las frases más tristemente célebres de Carrillo Olea antes de su caída como gobernador, la dio en respuesta a los cuestionamientos de organizaciones sociales sobre su entonces procurador de Justicia, Jorge Peredo Merlo, de quien se sospechaba protegía a bandas de secuestradores, al igual que del entonces jefe de la policía judicial del estado, Jesús Miyazawa. “Meto las manos al fuego por ellos”, dijo en su oportunidad el mandatario.
 
Años más tarde, ya retirado de la vida política, y en ocasión de la presentación de un escrito donde contó su versión de esos aciagos días, tuve la oportunidad de entrevistar al exgobernador Carrillo Olea. Esta es la última pregunta de esa charla:
 
-“A siete años de los hechos que lo hicieron separarse de la gubernatura, ¿está dispuesto Jorge Carrillo Olea a meter las manos al fuego por alguien?
-No, absolutamente. Por nadie…”
 
Posdata: Al PRI le tomó 12 años recuperar la alcaldía de Cuernavaca. Lo hizo a través de un joven político, Manuel Martínez Garrigós, quien la buscaba por segunda vez.  El actual alcalde mantiene una encarnizada lucha política con sus opositores, principalmente del Partido Acción Nacional.
DE BOTEPRONTO: Ahora viene el cierre de las campañas en Tamaulipas. ¿Qué tendrán en mente los grandes mercadólogos de los distintos candidatos? Observaremos y comentaremos….
 
Por el momento es todo. Le espero de lunes a viernes en los espacios informativos de Grupo Fórmula Tamaulipas (89.5 de FM), Tele Fórmula (Canal 60 de Comunicable) y Libertas TV (www.libertas.tv) . Y por supuesto, agradezco sus comentarios en formulatamaulipas@gmail.com o si prefiere sígame en twitter: @miguelisidro .     

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