El alba sudafricana presagiaba un horizonte de fiesta en El Continente Negro, el día había llegado. 32 equipos empezarían el Mundial de Fútbol
Por: Femexfut11/06/2010 | Actualizada a las 12:19h
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El alba
sudafricana presagiaba un horizonte de fiesta en El Continente Negro, el día
había llegado. 32 equipos empezarían el Mundial de Fútbol pero un partido sería
el encargado de cortar el cordón inaugural: los anfitriones le harían los
honores al Tricolor mexicano. El Soccer City
emulaba su nombre al simular una ciudad de futbol en medio de la salvaje y
hermosa sabana africana. Lleno total, miles de playeras amarillas, las vuvuselas
ensordeciendo la tarde, la ola verde eterna en minoría y un puñado de Chapulines
Colorados apoyando a la escuadra verde. Y saltaron a la
cancha las banderas y los equipos. Las vuvuselas comenzaron su trabajo aunque
regalaron silencio para que Joseph Blatter diera la apertura oficial de este
sueño africano; el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, recordó a ese ícono de
libertad que es Nelson Mandela y que no pudo estar en el encuentro por un
percance familiar, mientras que Felipe Calderón, Presidente de México, y
Justino Compeán, Presidente de la Federación Mexicana de Futbol, estaban
atentos con sus bufandas tricolores. Los himnos
sonaron, la pelota ya iba rodar. La elegancia
estaba del lado azteca. La playera negra dominaba el balón y su gente
ovacionaba en las tribunas con la alegría que caracteriza al pueblo verde, a
Latinoamérica en sí. Las caricias que
los jugadores aztecas daban a la de gajos les permitieron tener la primera en
los pies de Giovani, su disparo fue desviado y el primer infarto de la hinchada
se presentó. El toque, la
cadencia, el terciopelo sobre la esférica estaba de lado de Aguirre y sus
muchachos. La velocidad de Giovani conduciendo el balón, el estilo de Márquez
en la media cancha, Carlos Vela y su picardía, sin embargo a la hora del tanto
la histórica falla. La danza azteca
no culminaba en el sacrificio frente al arco de Khune. Mientras, en la banca
Aguirre se encargaba de poner el clásico folclor nacional con sus gritos. El segundo
infarto lo regaló El Guille, el ariete bajó una pelota con calidad pero su
envío se estrelló en la mano del cancerbero sudafricano ahogando gargantas de
compatriotas en el Soccer City y en todo México. Sin embargo fue
al 38’ cuando el alma de plano se fue en un grito de gol para la hinchada
verde. Carlos Vela recibió solo en un tiro de esquina y mandó guardar la
redonda, el júbilo iluminó la tarde africana de verde, blanco y rojo, el
silbato del árbitro regresó las nubes con la anulación por fuera de lugar. El descanso no
aminoró la fiesta de chapulines, charros, luchadores t verdes en la tribuna,
aunque minoría su pasión abrumaba con ruidos, risas y cantos al escándalo
sudafricano. La tormenta al
Tri se presentó mediante un rayo amarillo de Tshabalala, el jugador local dio
una alegría inmensa a su pueblo con un balazo de luz que cimbró el ángulo del Conejo
como si Soweto volviera a iluminarse ahora mediante el futbol. Giovani no tardo
en regresar el rayo con un zurdazo explosivo que amenazaba con regresar la
cortesía Sudafricana, sin embargo Khune voló y sus manos salvaron el empate
milagrosamente. La angustia
empezó a reinar en el ambiente azteca. Pero la esperanza
volvería con la figura elegante del gran líder tricolor, del jugador que mostró
que los verdes también saben ganar con los grandes. Rafa Márquez bajó un centro
de Andrés Guardado y como goleador definió a un costado de Khune para el empate
a uno. El Centro
Histórico de México estalló y se sacudió de alegría, aunque el epicentro de esa
gloria fue la portería sudafricana en el Soccer City de Johannesburgo. El triunfo estaba
a la mano, las sonrisas aztecas en la tribuna lo pedían, pero el nazareno
acalló el ímpetu cuando los dos equipos llegaban con peligro. El Mundial de
Sudáfrica 2010 empezó. La pelota ya está rodando y no se detendrá hasta dentro
de un mes. México ya probó el pasto del Continente Negro, marco un tanto y
demostró que el sueño africano puede ser mexicano con un poco de suerte.
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