Durante los últimos días, se han acrecentado los comentarios en torno a la eventual realización de un debate entre candidatos a cargos...
Por: Miguel Ángel Isidro09/06/2010 | Actualizada a las 09:18h
La Nota se ha leído 2445 Veces
Durante
los últimos días, se han acrecentado los comentarios en torno a la eventual
realización de un debate entre candidatos a cargos de elección popular.
La
primera en poner el dedo en la llaga fue la colega Pilar Mondragón, candidata a
diputada local por el Partido de la Revolución Democrática, quien incluso ya
presentó ante el órgano electoral competente una solicitud oficial para que se
desarrolle este ejercicio en fecha próxima, bajo un formato avalado por la
legislación electoral en vigor.
El
argumento expresado por la joven comunicadora es elocuente: es importante saber
qué propuestas tienen quienes buscan representar a los matamorenses en el
congreso local.
Este
martes, navegando por Facebook, me encontré el siguiente comentario atribuido
al usuario que se identifica como “José Julián Sacramento Garza”, y en cuya
página aparece la fotografía del candidato a gobernador y senador con licencia
del Partido Acción Nacional. El texto original estaba en mayúsculas, pero transcribo
la sintaxis y ortografía original del mensaje: “En
reiteradas ocasiones he declarado ante los diferentes medios de comunicacion
la importancia de un debate con mis adversarios políticos para que se enteren
de viva voz lo que pensamos de los diferentes temas que aquejan a los
tamaulipecos, pienso que deberia ser una obligacion de todos los
candidatos llevarla a cabo, POR RESPETO A LOS CIUDADANOS, LAMENTABLEMENTE NO HE
RECIBIDO RESPUESTA ALGUNA !!!!! Por respeto a los ciudadanos, lamentablemente
no he recibido respuesta alguna!!!”.
Efectivamente, el debate político es una herramienta útil para conocer
el posicionamiento, ideología y capacidad discursiva de un actor político. En
términos estrictamente técnicos, el debate es una técnica de comunicación oral donde
se expone un tema y una problemática.
En un debate participan dos o más ponentes, un moderador, y un
público que participa. El público no necesariamente está presente en el lugar
donde se celebra el acto, ya que este puede ser difundido por medios de
comunicación masiva.
Algo importante es señalar que desde el punto de vista de la teoría
política, en un debate no se aportan soluciones, sólo se exponen argumentos
.Las soluciones las aplican los gobernantes. Los candidatos sólo exponen
opiniones.
Otro aspecto importante a señalar es que en un debate no existen
ganadores, o no persigue implícitamente calificar a los ponentes. La
calificación la otorga la opinión pública a través de canales formales (los
medios de comunicación, las encuestas) e informales (las charlas de café, los
rumores, la propaganda negra).
En términos de comunicación política, existen tres momentos clave para
obtener un resultado favorable en un debate: -El pre-debate: La fase de preparación de un debate implica la
posibilidad de aprovechar propagandísticamente los elementos preliminares al
ejercicio. Desde quién convoca al debate, bajo qué argumentos, quién lo
organiza, bajo qué formato, qué respuesta recibe de los oponentes. Ojo, no
siempre el que pide el debate es el que le saca más provecho.
-El debate: Durante la celebración de este ejercicio, es importante
considerar si el debate fue atractivo para la audiencia a la que iba dirigido.
Si el medio de transmisión es el adecuado. Si las condiciones de horario, lugar
y contexto es el pertinente. Por ejemplo, en las pasadas elecciones de
gobernador en Sonora, el debate entre los candidatos estaba programado para el
5 de junio, fecha en que se dio el lamentable incendio en la Guardería ABC,
donde murieron 49 niños. El debate fue cancelado, y fue ésta una condición
favorable para el panista Guillermo Padrés, quien finalmente se alzó con el
triunfo electoral.
-El post-debate: En esta fase entra en juego la estrategia aplicable por
cada candidato para sacar mejor partida de su participación en el acto.
Es importante reiterar que no necesariamente gana el debate el que mejor expone
sus argumentos, o el que resulta más elocuente. ¿Un ejemplo sencillo? En el
2000, Vicente Fox salió avante capitalizando un monosílabo. La frase “Hoy, hoy,
hoy” que podría haberlo exhibido como un intransigente, fue aprovechada
magistralmente por su asesor de imagen, Santiago Pando, para dar un cierre
fuerte a su campaña. Parte del fracaso mercadológico de Fox como presidente fue
el haber despedido al talentoso equipo que le sirvió en campaña.
Resulta importante puntualizar que en nuestro país, los debates entre
candidatos a cargos de elección popular han pasado de ser ejercicios
constructivos de opinión pública a convertirse en verdaderos montajes de impacto
mediático.
En términos de estrategia, el debate resulta más útil al candidato más
débil, que a pesar de no haber realizado trabajo en campo, puede ganar
importantes puntos si cuenta con las habilidades discursivas, carisma y talento
para capitalizar una exposición pública. Una adecuada estrategia mediática
puede sacar avante la más paupérrima participación en tribuna.
La plataforma también es un aspecto importante. En la actualidad, un
debate sin imagen resultaría poco atractivo para el electorado. La historia
mediática de los debates políticos es relativamente corta: ésta modalidad de
proselitismo cumple este año su primer medio siglo de vida.
Hagamos historia: El primer debate televisado fue el de la elección
presidencial de los Estados Unidos hace cincuenta años. El 26 de septiembre de 1960, 80
millones de norteamericanos se reunían entorno a sus televisores en blanco y
negro para ver el debate presidencial entre el senador John Kennedy y el
vicepresidente Richard Nixon. La historia cuenta que Nixon, aún convaleciente
de una lesión de rodilla, insistió en participar en actos de campaña hasta
pocas horas antes del debate. Se presentó ante las cámaras bajo de peso —Había
pasado dos semanas en el hospital—, con aspecto enfermizo y fatigado. También
se negó a usar maquillaje para mejorar su aspecto, pues consideraba poco serias
este tipo de prácticas. En cambio, Kennedy, que había descansado antes del
debate, lució un saludable bronceado y se mostró relajado y confiado. Tras el
debate, las encuestas dictaron sentencia: Kennedy, que partía con una ligera
desventaja, había rebasado a Nixon.
Pero en
realidad, la mayoría de analistas políticos consideran que en términos formales
el debate estuvo muy igualado. Pero el dato relevante estuvo en el impacto que
el debate generó en los electores, según el medio que eligieron para seguirlo.
Las
personas que lo siguieron por la radio dieron a Nixon por ganador. Pero para
los 80 millones de espectadores que lo vieron en televisión, Kennedy, su buen
aspecto y su mejor disposición se impusieron por un ancho margen. Para los
seguidores de Kennedy, este ejercicio mediático representó el turning
point de su campaña presidencial.
Ahora
bien, hay que considerar que un debate no sirve para restarle votos al
contrario, más bien es un arma para convencer a los votantes indecisos.
Y lo más importante… no siempre el ganador de un debate resulta el
ganador de una elección. Recordemos el caso de Diego Fernández de Cevallos en
1994. Hay miles de historias en torno a lo ocurrido después de la demostración
de elocuencia del candidato panista, a quien es justo reconocer como uno de los
más grandes tribunos de la historia parlamentaria de México. El propio Diego
asegura que se enfermó, sus detractores señalan que lo asustó la posibilidad de
ganar una elección tan controversial. Lo malo es que en estos momentos, la
ausencia física del hombre del puro hace impensable contar con su versión
actualizada de los hechos.
Una última reflexión: un buen debatista es un buen orador. Para
ser un buen gobernante, se requieren otros atributos. Pero de eso podemos
hablar en próximas entregas.
DE BOTEPRONTO: Trivia maldosa: hay un candidato al que ya le llaman “el
ecologista”.
Y no porque lo haya postulado el partido del tucán… sino más bien,
porque se la pasa “reciclando” las mismas fotos, donde aparece rodeado de
enormes contingentes. El error de su equipo de prensa ha sido no empatar
las fechas de los boletines con los de las gráficas.
¿Adivina usted quién es?
Por el momento es todo. Le espero de lunes a viernes en los espacios
informativos de Grupo Fórmula Tamaulipas (89.5 de FM), Tele Fórmula (Canal 60
de Comunicable) y Libertas TV (www.libertas.tv). Y por supuesto, agradezco sus
comentarios en formulatamaulipas@gmaio.com
y si prefiere en twitter: @miguelisidro HABLO POR RESPETO A LOS CIUDADANOS, LAMENTABLEMENTE NO HE RECIBIDO
RESPUESTA ALGUNA!!!!!
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas