
El Anzuelo...
¿Seguros que están hartos de EPN? ¿Se habrán equivocado?
por El Fisgón
Allí estaba en la ultima fila de cómodas butacas, se metió a la conferencia de barbas, él iba a descansar un rayo, porque venía a golpe de calcetín desde la ultima parada del metro y aparte de la cruda y el sol...
Por: Roberto Montes Vázquez
Allí estaba en la ultima fila de cómodas
butacas, se metió a la conferencia de barbas, él iba a descansar un rayo,
porque venía a golpe de calcetín desde la ultima parada del metro y aparte de
la cruda y el sol, tener que esperar que
se vaciara el auditorio, para ver al jefe de seguridad y arreglar lo de la
chamba de vigilante, lo fresco del lugar lo fueron venciendo hasta quedarse dormido.
Cuando llegó a la enorme aula del El
Instituto Nacional de Ciencias Penales, un abogado en la tribuna citaba a
Eso fue lo último que escucho y en eso se
quedó pensando, cruzando sus piernas secas y largas. Se llamaba Federico, pero
desde la primaria le decían el picudo, porque era flaco y tenía la cara muy
alargada hasta su barba en punta. Pero muchos creía que por lo entrón cosa a la
que el sacaba provecho con los que se
dejaban. Esa fue la causa de que lo expulsaran de al secundaria, todo los que
se extraviaba aparecía en su mochila. Y mejor se dedicó a eso: apegarle al
peligro, decía ufano el menguado
Míralo está que ni pintado, le dijo un
joven bien vestido a otro que lo acompañaba en la asamblea.
No hombre le contestó el otro joven
trajeado, es un viejo grandote, cochino y guevón.
Fíjate bien tiene la frente hundida, muy
desarrolladas las arcadas supraciliares. ¿Qué…... de que hablas? De los huesos
de las cejas, no seas buey
No seas mamón…… No hombre es el perfil
perfecto del delincuente nato Lombrosiano. Fíjate en todas sus características
antropológicas, tiene gran desarrollo de los pómulos, orejas grandes con el
tubérculo de Darwin en la punta, asimetrías craneales. Déjalo que se pare verás
que tiene los brazos más largo de lo normal, coincide con el perfil del
delincuente que daba el antiguo maestro Cesare Lombroso.
Vamos a tomarle unas fotos y las anexamos
al trabajo del semestre, seguro con eso la hacemos.
Ya vas. En cuanto se pare yo voy y lo
cotorreo para que me tomes unas fotos con el, después las editamos.
¿Hola patrón que anda haciendo? Pos aquí mi
buen, contestó desconfiado. Cuando se paró junto a el, advirtió su alta
estatura y su fragancia de alcohol usado. ¿Que le pareció la conferencia? No
pos bien, dijo el picudo volteando a ver al otro joven elegante que les tomaba
fotos. Yo nomás vine a ver al de seguridad y me piro. Y ya chale con las fotos.
No se fije mi buen (dijo imitándolo para ganar confianza) son recuerdos del
simposio. Y si viene a ver al de seguridad ahorita se lo encamino, le dijo y se
dirigió a donde estaba su amigo de la cámara. Dale una propina yo voy al baño,
nos vemos en el coche. Le dijo de pasada-
Se le acercó al picudo y le explico, son
fotos del evento, pero por su paciencia le voy a dar algo para su refresco. Y
le tendió un cincuentón que dejó tartamudo al picudo…… No pos si, cuando quiera
ya sabe, vivo en la casa abandonada que está atrás del cine viejo en la plaza
del Coplico, la cuido ya sabe de marihuanos y chemos, cuando se le ofrezca
nomás pregunte por el picudo y todo mundo le dará razón. Ahí me puede tomar las
fotos que quiera.
Ya ni esperó al de seguridad, casi
corriendo busco una tienda y se compró una pacha, el primer buche lo trajo de
vuelta al mundo y meditó: no pos si quieren más fotos por esta paga ya van.
Tomo un camión de segunda y en el traqueteo, pero ya sarazo, no se quitaba de la mente lo que escucho del
secuestro.
Cuando llego a la casa abandonado donde vivían
él, la moto y el chanclas miadas, no para cuidarla porque ellos eran los grifos
y borrachos que dormían ahí y no dejaban que nadie les llegara a su territorio.
Entró a la casa semidestruida y mal
oliente y en un cuarto techado encontró a sus compinches. Ya está raza, les
dijo y les aventó una caguama helada, ¡Órale! ¿Apoco ya te dieron la chamba de
vigilante? No hombre, algo mejor me dieron la idea de cómo salir de jodidos
para siempre.
Al moto le decían así porque desde niño se
la pasaba imitando el ruido de la motocicleta y, al chanclas miadas como estaba
muy panzón no se la alcanzaba a ver y
siempre que orinaba se mojaba los zapatos. También eran deshechos de la
secundaria y por flojos e indolentes se acomodaban con el picudo, el pensaba
por los tres. Y, los llevaba a algunos jales del mercado que estaba cera y hay
la iban pasando.
El picudo les explicó que secuestrarían al
viejito que sacaban en silla de ruedas todos los días a la iglesia, cuando lo
dejarán solo lo empujaban hasta el chante de ellos y ahí lo mantendrían
escondido hasta que pagaran el rescate, después lo dejarían en el parque y cada
quien por su lado hasta no verte Jesús mío, pero ya con el riñón cubierto.
El picudo estaba en todo, el vejete
sacristán de la iglesia le había contado en los ratos que se arrimaba cuando llegaban las señoras de la congregación
de ayuda, para hacer la lucha que le dieran alguna ayudadita .que lo alivianara
de la eterna resaca. Al viejito lo dejaban solo la criada, en el atrio cerca de
la entada de la iglesia porque no podía
subirlo y bajarlo sola ya que había un escalón para ingresar al templo. Y se
iba a la sacristía en donde el padre le arrimaba la indulgencia y se pasaban
mucho tiempo en la ceremonia.
La familia del anciano paralítico nunca lo
acompañaba porque al decir del sacristán manco, era un estorbo para ellos, como
no hablaba se le salía la baba y siempre traía húmeda la camisa y la solapa de
la chaqueta. Además, como era incontinente, cada rato el olor no era de rosas.
En alguna ocasión le dijo el sacristán con sorna al picudo; a ese hasta yo lo
secuestro y desaparezco con una sola mano,
Como
ya los había heredado, los hijos, las nueras y los nietos, solo se paraban
junto a el, cunado la damas de la congregación lo visitaban en la enorme casa
anticuada que habitaban algunos, para dejarle la donación que le tenían
asignada. La cantidad no era limitada porque muchas damas de edad ya pasada de
la media y célibes por sus apariencias, tenían en sus conciencias las
perturbadoras abotonadas, arrimones y lamidas que les había dado el interfecto
cuando estaba en buena forma y asistían a sus talleres de literatura.
El día de los hechos, el moto se agenció un
diablo del mercado a donde iba a cargar bultos, el chanclas miadas esperaba con
el picudo perennemente crudo, que la rellena sirvienta que era la nana del
anciano paralítico, se fuera a sus funciones ministeriales y al dejarlo solo a
la puerta del templo, en la soledad de la mañana de las iglesias antiguas, lo
pararon de la silla de ruedas, con ayuda del moto que llegó con gruesos lazos
de ixtle, a los que el erudito picudo tiro molesto instruyéndolos: con cinta
canela, pendejos y si se acaba el agua que trae en esa bolsa de plástico
colgando, llénenla aunque sea con agua de la llave porque es para la “hidratatoria”.
Lo ataron al diablo, tapándolo con grandes cajas
de cartón de papel sanitario vacías, acondicionadas de tal forma que parecía
que iban cargando ese producto. Llegaron a su casa y entre los tres no tuvieron
dificultad para dejar el fiambre en un rincón de su apestoso cuarto, arrancándose
el moto a entregar el diablo para que no lo buscaran y el picudo se encargaría
de hacer la llamada.
No hubo pedo en el ejido, la familia aceptó
para pronto, pero pusieron dos condiciones: la primera que serían veinte mil
pesos en lugar del millón y, la segunda se las mandaría por escrito junto al
dinero del rescate.
El sacristán manco fue el encargado de
llevar el rescate, la recomendación del señor cura fue inapeable, además el
manco pasaba largos retiros con la hija solterona de la familia, haciéndole el
favor, También el hizo el recado deforme con la segunda condición: veinte más
si no regresa. El manco no podía frotarse el muñón, porque en la mano llevaba
la bolsa de plástico negro con el dinero y el recado; estaba seguro que
cumplirían con la segunda condición, porque conocía al picudo y su avaricia, y él
cobraría los segundos veinte mil para el solito, por eso pensó en el rufián
borracho, cuando la hermana mayor, con las que se veía todos los días en el
campanario, a la hora de dar el ángelus, le pidió consejo en un reposo de los
embistes canteados por el muñón erótico, para deshacerse del viejo, a cambio de
una buena recompensa.
Puntual el picudo recogió la bolsa debajo
de la banca del parque y, aunque ya estaba oscureciendo se dirigió a zancadas a
la casa abandonada, iba nervioso, le sudaban las manos más que en las crudas y
sentía el escalofrío del primer sorbo, no alcanzaba a pensar nada.
Al llegar a la esquina de la casa se paro
en seco, porque en una mirada de vigilancia al estilo de Pedro Navaja, vio un carro grande con varios tipos que algo
bajaban y lo primero que pensó fue en la tira. Regresó de inmediato y al cruzar
la calle sin otear a los lados, dio los
primeros trancos descompuestos y se
produjo el encontronazo que hizo que aventara la bolsa esparciendo los billetes
que provocaron una rebatinga entre barrenderos, boleros y usuarios que se
dirigían al metro
La lujosa camioneta iba de prisa a la casa
del viejo ante la noticia de su secuestro y la intempestiva cruzada que dio el
hombre no dio tiempo a frenar, la mujer solo se afianzo del volante y sintió
cuando la llanta pasó sobre la cabeza del atropellado, entre los gritos de
angustia y jaculatorias de las miembros de la congregación.
Los jóvenes juristas que buscaban al picudo
por el éxito de las tomas con celular y
querían más fotos y su perfil, habían terminado de bajar y armar el tripie de
la cámara que venía en funda negra, y junto a más compañeros corrieron a la
esquina al oír la frenada y el golpe.
El viejo paralítico murió en la casa hedionda, por
la falta de sus medicamentos, todos los participes fueron detenidos, el manco,
el moto y el chanclas miadas cantaron más que los tres tenores, pero Cosas
Veredes Mío Cid, cuando el ministerio público presentó el resultado de sus investigaciones
nadie le creyó, le dijeron que era un mal cuento y los dejaron libres.
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