El concepto es viejo, sin lugar a dudas, pero válido en cualquier época y situación geográfica mundial: el servir a los demás es una cualidad que muy poca gente tiene
Por: Carlos Santamaría Ochoa28/05/2010 | Actualizada a las 16:44h
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El concepto es viejo, sin lugar a dudas, pero
válido en cualquier época y situación geográfica mundial: el servir a los demás
es una cualidad que muy poca gente tiene.
No concebimos que haya personas involucradas en oficinas que atienden a los
demás, y que no tengan un ápice de amabilidad, de actitud de servicio,
aptitudes y todas esas cosas que se necesitan para entender que cuando alguna
persona se acerca a una ventanilla, mostrador u oficina de atención es porque
tiene alguna situación específica que no ha podido resolver, y ha tenido que
acudir donde supuestamente están los que nos sacarán del problema.
Y estos sitios pequeños pero tan importantes, muchas veces están en manos
inexpertas e irresponsables.
No podemos pensar en que exista gente sin herramientas adecuadas de
comunicación carácter, profesionalismo y otras virtudes necesarias para
entender que la gente que se queja es porque algo no funciona, y cuando
acudimos al departamento de SERVICIO, es porque buscamos precisamente que nos
atiendan, o dicho sea literalmente, que nos sirvan, ya que, viéndolo frío, para
eso les pagan.
Pero no. La realidad es otra. Hay cada espécimen que no tiene idea de lo que es
atender a los demás, y propicia que haya malos entendidos, gritos, a veces,
hasta violencia física o verbal, porque no tienen la mínima idea de lo que es
servir.
Tagore describía muy bien esta vocación en una rima que decía más o menos “dormí
y soñé que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví,
y descubrí que en el servicio se encuentra la alegría”. Podemos entender mucho
de lo que se pensaba acerca de la manera en que se podía entregar uno a los
demás.
Hoy, desgraciadamente, no es así en muchas partes.
Cuántas veces no nos topamos con una mujer mal encarada en la ventanilla o
mostrador que dice “a mí no me toca”, o “no sé”, así de fácil. No les importa
que la gente tenga prisa.
Muchas personas de esta índole también piensan que como ellas estarán de 8 a 15
horas encerradas detrás del mostrador, todos tenemos la obligación de esperar a
que quieran atendernos. No entienden, pareciera, que la gente tiene otras
ocupaciones.
Y esto lo vemos en agencias automotrices, en bancos, dependencias y entre
servidores públicos que malamente se ostentan como tales, porque lo menos que
tienen es ser precisamente servidores.
Uno de los bancos de la localidad que finalmente fue absorbido por un banco
mundial –Santander- se caracteriza por la falta de entendimiento y madurez de
sus funcionarios.
Quizá, esa haya sido la razón por la cual la Universidad Autónoma de Tamaulipas
dejó de trabajar con ellos. Es impresionante la falta de capacidad ejecutiva,
personal y moral, así como intelectual que tienen los “ejecutivos”, porque
hemos de entender que hoy, a cualquier persona se le llama así: ejecutivo,
cuando antes, el término estaba limitado a esas personas que saben qué hacer
con el trato hacia los demás.
Santander nos ha dado una pésima lección de lo que alguien puede o debe hacer
para lograr la satisfacción de sus clientes, y para lo anterior, ponemos un
ejemplo: cuando uno viaja a otra nación y en Estados Unidos es muy normal, y
encuentra un bien o servicio insatisfactorio por alguna razón, por pequeña que
sea, nos cambian todo, sin importar una aparente pérdida. Buscan que la gente
esté contenta, que se vaya contenta para que vuelva y les recomiende.
Esa es la diferencia entre el mundo de los anglosajones y nosotros. Aquí, nos
tratan con la punta del pie, y no tienen idea de qué hacer ante los conflictos
que se les presentan.
Y como dijo aquel personaje en un comercial
televisivo: “y esto pasa todos los días”.
Claro, las agencias automotrices no cantan mal las rancheras: escudadas en ser
las únicas de cada marca, o en que sus propietarios son gente mucho muy
conocida, aprovechan para entregar un malísimo servicio a través del
departamento de ese nombre, y nos obligan a tener malos momentos, a que no se
arregle el desperfecto a satisfacción y muchas otras cosas más.
¿Qué hacer?
En el gobierno estatal hay gente muy valiosa y también la que casi no tiene ese
“plus”; en este sentido, las administraciones deben trabajar muchísimo. ¿Qué
les cuesta atender una llamada en un minuto? Podrían decir: estoy ocupado,
dime, y en un minuto resolver.
Pareciera que el hecho de negarse o hacer que la gente de vueltas les diera
mayor importancia. Todo lo contario, porque nos decepcionan como personas, y la
verdad, no quedan ganas de volver, sin embargo, a veces la necesidad nos orilla
a hacerlo, aunque sin ganas y a sabiendas que están jugando con nuestra
dignidad.
No les cuesta nada contestar un mensaje o llamada, nada los hace más pequeños:
al contrario, quien se entrega al servicio es más grande cada día.
Ojalá estos individuos y damas entiendan la importancia del término SERVIR, que
Tagore nos ejemplificó hermosamente.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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