Ocasiona tristeza el saber que hay gente que vive dentro de una burbuja de aire, y no se da cuenta de qué sucede en su entorno
Por: Carlos Santamaría Ochoa26/05/2010 | Actualizada a las 18:38h
La Nota se ha leído 1847 Veces
Ocasiona tristeza el saber que hay gente que
vive dentro de una burbuja de aire, y no se da cuenta de qué sucede en su
entorno. Quizá, las altas bardas llenas de enredaderas, bugambilias y una que
otra araña les hacen vivir una realidad que no es parte de un mundo de a de
veras.
Existe en la calle Morelos de esta ciudad capital, casi en la esquina de la
calle15, una guardería, de esas que concesiona Sedesol o el IMSS, y que tienen
servicio para cientos de madres trabajadoras, cuya función profesional les
obliga a tener que dejar encargados a sus hijos.
Qué tristeza saber que los pequeños están supeditados al criterio de gente sin
escrúpulos, sin formación ni moral, pero que presumen de ser elegantemente
importantes, cuando la carencia de educación, moral y valores está a flor de
piel.
Muchas de esas personas piensan que, escudadas en enormes “camionetonas”,
muchas veces sin placas, -porque tienen a alguien cercano en las esferas
oficiales- se hacen de un respeto que la vida les ha negado, gracias a su
carencia de modos y de formas de asimilar una existencia entre iguales, porque
de todos es sabido que la igualdad entre los seres humanos es permanente, y no
existe ningún modelo de automóvil ni aroma caro o tamaño de la chequera que
haga a uno mejor que otro.
Al contrario, en muchas ocasiones, el grueso de la chequera hace que la gente
piense que todo mundo le debe pleitesía, y los hace, sencillamente,
insoportables.
Cientos de personas a diario transitan en nuestra ciudad con esos complejos:
“es que me dijo tal que podía andar sin placas”, “es que yo puedo estacionarme
en cualquier parte, al cado que fulano me quita la multa”, y otros comentarios
similares son los que dañan a una clase social que, decadente, nos lleva a
establecer un abismal límite entre los que vivimos en Victoria, y los que se
encierran en sus burbujas.
En la puerta de la guardería, el día de ayer, una persona del sexo femenino, aparentando
conducirse como dama pidió al columnista de manera poco propia que se quitara,
con una frase similar a la de “me voy a mover, pero usted no se puede
estacionar aquí”. Claro, la dama estaba en un lugar según ella prohibido,
porque era exclusivo para la subida y bajada de niños, enfrente de la
guardería, a pesar de que el reglamento de tránsito es muy claro: no hay
exclusividad en las banquetas.
En ese sentido, hemos manifestado nuestra queja a las autoridades municipales
que encabeza Arturo Diez Gutiérrez Navarro, en el sentido de que cualquiera se
posesiona de las calles. El secretario del Ayuntamiento César Saavedra está de
acuerdo con el columnista en el sentido de que la arbitrariedad es difícil
combatirla, y hacen un gran esfuerzo.
No falta una mujer que, en su camionetota llega y quiere pisar a los demás.
Curiosamente, dijo que estaba enterada de la trayectoria del periodista en
cuanto a abusos y demás, y nos preguntamos, ¿qué será más difícil de asimilar,
si el criticar a alguien que procura el respeto a la ley –con sus lógicos
vaivenes humanos- o hacer gala de una absurda prepotencia que le otorga el
tener en casa a alguien que trabaja en el gobierno?
El columnista está preocupado por la
percepción que se pueda tener de nuestro gremio.
Cierto es que hay quien abusa de la palabra PRENSA y comete arbitrariedades,
sin embargo, confiesa el columnista que trata de hacer respetar la ley al
máximo, y las autoridades con las que ha acudido a dirimir asuntos podrían
testificarlo.
El argumento de la dama, cuya ocupación no puede ser más trascendente que andar
en la calle presumiendo el lujo de su carro, no puede ser validado, menos en
una comunidad tan pequeña donde todos nos conocemos.
Es sabido por los victorenses que hay quien ejemplifica a la perfección el
dicho aquel que reza: “si quieres conocer a alguien, dale poder y verás”.
Contamos con autoridades que tratan de ubicarse dentro de la comunidad, con
candidatos que conocen a su gente, sin embargo, este tipo de personas nos hacen
pensar en la descomposición social, y seguramente, estarán indignadas
condenando los comentarios en su club de gente con quehaceres nulos, afirmando
que todos los periodistas somos terribles, prepotentes, abusivos y demás.
Insisto, los hay, pero no todos.
Es triste, sinceramente, que en Victoria se den estas diferencias sociales
entre quienes vivimos en un lugar de todos, y quienes piensan que, por haber
tenido oportunidad de casarse con alguien que ha hecho una fortuna ilegal y
deshonesta pueden convertirse en juezas sociales.
Patética, sin duda, la actitud de este tipo de personas. Ojalá aprendieran un
poquito de quienes realmente saben colocarse el calificativo de DAMAS, y que
llevan su honorabilidad en todo momento, y que no dependen de estar encerradas
en el aire acondicionado de sus vehículos para ver desde arriba a una población
que, con carencias y todo, tiene un corazón igual que todos, y piensa y siente
igual que la totalidad.
Somos iguales, el dinero no nos hace diferentes. Lo que marca la diferencia es
la calidad moral, la educación, lo que se aprende en casa, no en los estados de
cuenta, pues.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas