El ver las noticias que hablan del derramamiento de petróleo crudo en aguas del Pacífico, y específicamente, en el Golfo de México nos llena de terror...
Por: Carlos Santamaría Ochoa24/05/2010 | Actualizada a las 18:19h
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El ver
las noticias que hablan del derramamiento de petróleo crudo en aguas del
Pacífico, y específicamente, en el Golfo de México nos llena de terror, por las
consecuencias que pudiera tener esta irresponsable acción que tiene
prácticamente un mes sin ser controlada.
No entendemos el por qué autoridades estadounidenses, que tienen la
particularidad de entrometerse en todos los asuntos internacionales que no son
de su incumbencia y querer fungir como padres de los países en vías de
desarrollo, no han hecho nada al respecto.
Probablemente obligar a las empresas involucradas con la explotación petrolera
a trabajar juntos, o de otra forma, poner al servicio de este problema la
tecnología del país, y luego, claro, cobrarla en forma por demás espléndida a
los irresponsables de la compañía BP.
No se entiende que se permita hacer un daño ecológico terrible e irremediable,
irreversible, que nos afectará prácticamente en todo el mundo.
Todos sabemos las consecuencias de este derrame, y los americanos lo están
viviendo en primera instancia antes que nosotros, sin embargo, los daños nos
llegarán tarde o temprano.
Siendo
Tamaulipas un estado costero en el Golfo de México, nuestro litoral de más de
700 kilómetros se verá afectados por esta medida.
Y luego, leemos que un grupo de investigadores está buscando aves para
limpiarlas y descontaminarlas. ¡Excelente!, cuando miles de metros cuadrados
están siendo dañados y los seres vivos existentes están muriendo, ellos,
limpiando y bañando unos cuantos “pajaritos” quieren lavar su culpa. ¡Vaya
desfachatez!
Nosotros tenemos dentro de nuestros muchos encantos el que la tortuga Lora
llega a nuestras costas y esta acción está protegida a nivel local, nacional e
internacional, sin embargo, dicen los que sí saben de estas cosas que se verá
afectada la arribazón de la Lora y otras especies, es decir, le seguimos dango
golpes al ecosistema, y el equilibrio que debiera existir, sigue dañándose
gracias a la estupidez del ser humano.
Los grupos ecologistas ponen el grito en el cielo porque ven que no se hace
mucho. La verdad es que poco se lleva a cabo por parte de autoridades
correspondientes, y luego, los que quieren hacer, no se les deja porque tienen
que cumplir con una serie de requisitos burocráticos que terminan por
desalentar su intención.
Y aquí, ningún “Poncho” o ningún “Pepe” estarán dispuestos a hacer algo por
recuperar la tranquilidad de los habitantes de la costa, que bien deben estar
sumamente preocupados ante la tragedia que se cierne sobre nuestro litoral.
Tamaulipas puede ser uno de los grandes afectados por este problema de
contaminación, al que comparamos con el del “Prestige”, aquel barco que
desgració las costas gallegas hace años y que costó miles de millones de
dólares.
Acá, solamente les impondrán una pequeña multa, dado que se trata de una
compañía británica, y ahí hay muchos intereses estadounidenses.
¿Qué hacer ante tales desgracias?
Tenemos que entender que nuestros hijos y nietos padecerán los actos de
irresponsabilidad que llevamos a cabo nosotros, que la contaminación y la falta
de oportunidades las estamos fabricando para ellos, y si no entendemos que hay
que parar tantos daños, nunca podremos garantizar para los nuestros un mundo
mejor.
Baden Powell decía que había que dejar el mundo en mejores condiciones de como
lo encontramos, sin embargo, vemos con profunda tristeza que los daños son
irreversibles, que cada vez son mayores yque nadie se preocupa por nuestro entorno.
Y eso que tenemos un partido que habla de arbolitos y animalitos. Así, en
diminutivo, porque sus acciones no alcanzan a trascender, a significarse en la
vida nacional, y porque un grupo familiar como es el PVEM no ha sido capaz de
crear conciencia quizá ni en la misma familia Martínez, cuyos miembros han
desarrollado un cacicazgo muy interesante.
El daño que estamos propiciando es muy grande; algo se nos ha de ocurrir, y
también, esto puede ser la pauta para que, a nivel internacional se establezcan
algunas estrategias que puedan conjurar tales peligros, que no haya la angustia
de que nos puede contaminar los mantos marítimos de forma tal que queden sin
vida alguna, y obviamente, eso nos llevará a que haya desequilibrio entre la
cadena alimentaria, propiciando una vida más difícil para nosotros y los que
vienen detrás de nosotros.
Es angustiante, sin lugar a dudas pero no basta con entrar en conciencia, sino
en hacer algo congruente para evitar estos males.
Es tiempo de preocuparnos por el mundo en que vivimos, sin lugar a dudas.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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