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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Proselitismo insustancial

Las campañas de los partidos antagónicos al Revolucionario Institucional (PRI) no se ven ni se sienten; menos han logrado penetrar en el ánimo ciudadano y sí, ...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 23/05/2010 | Actualizada a las 23:56h
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Las campañas de los partidos antagónicos al Revolucionario Institucional (PRI) no se ven ni se sienten; menos han logrado penetrar en el ánimo ciudadano y sí, por el contrario, exhiben bajo nivel de competencia.
Esto ocurre porque sus candidatos, asesores, panegiristas que los acompañan y uno que otro aprendiz de político, han sustituido al debate y al razonamiento por el pleito callejero.
A la menor provocación los corifeos se lanzan a la yugular del adversario --con todo--, sin que les importe que los ojos de la ciudadanía estén puestos en ellos ni que sus riñas motiven la crítica fundamentada de los medios de comunicación masiva, que ante lo insulso de las ofertas opten por destacar temas de menor trascendencia.
Todos sabemos cuáles son lo problemas centrales que aquejan a la población.
De ahí que el mensaje de quienes aspiran arribar a la gubernatura, los 43 ayuntamientos y al Congreso local no aporte mucho, aun cuando en las entrevistas de prensa o en su perorata saquen a relucir la trillada letanía: empleo y seguridad; justicia y educación; amén de un sinnúmero de apoyos, aumentos, disminuciones, becas y la creación de instituciones, etcétera…
Así, lo que ve, lee y escucha el elector, en todo caso, no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones, cuya diferencia entre uno y otro prospecto lo marca el énfasis que cada cual aplica a su discurso.
El problema de bajo perfil que registra el proselitismo de los candidatos ajenos al PRI, no se da porque los contendientes expongan las necesidades de los segmentos poblacionales que habitan en el estado, sino por la manera en que ambigua en que plantean superar dichas carencias y rezagos.
Es decir, no exponen con claridad cuáles son sus estrategias específicas, partiendo de lo que hasta ahora se ha realizado y dejado de hacer.
Esto es lo que podría distinguir a un proyecto de otro.
 
Discurso gastado
La población tamaulipeca de ningún modo pretende encontrar en la boca de los políticos resultados mágicos, pero sí un mensaje coherente que evidencie compromisos y el conocimiento acerca de lo que éstos ofertan como solución.
Me explico: si se trata de combatir el narcotráfico y la delincuencia, lo más indicado es que digan cómo planean hacerlo, pues no basta con echarle la culpa a otras instancias ni exigir ajustes de personal en las dependencias encargadas del asunto o modificaciones orgánicas, sino de ir al fondo de estos asuntos que se han convertido en un fenómeno estructural y amenaza la tranquilidad familiar, tanto en la zona fronteriza como en el centro y sur del estado.
Por tanto, el reclamo ciudadano es vigente y válido, en virtud a que transcurre el tiempo sin que la Federación atienda puntualmente su responsabilidad; y las asignaturas pendientes se han convertido en un círculo vicioso, dada la ineficacia que distingue al equipo presidencial en materia de seguridad pública.
Igual es entendible que la población se sienta agraviada y exija algo más que la buena y noble voluntad del gobierno que viene, en su quehacer de gestoría de un problema cuya responsabilidad es del señor de Los Pinos.
Merced a lo anterior, el cuestionamiento es elemental:
¿Por qué la gente tiene que creerle a tal o cuál candidato, si en más de una ocasión ha escuchado brillantes piezas oratorias sobre la problemática que sufre y al respecto, en el mejor de los escenarios, poco se le resuelve?
 
La turbulencia
Hoy, como ayer, persiste la incredulidad comunitaria. Y a esto contribuye, sin lugar a dudas, la terquedad de quienes aspiran al poder y pretenden devastar lo que construyó el antecesor; o de erigir su mandato sobre las ruinas del que se va, aun sabiendo que sus propios proyectos nacieron muertos.
Hay áreas y programas que proyectan derribar para levantar en el mismo espacio y con propósitos similares verdaderos monumentos a la egolatría y la mediocridad.
Eventualmente la continuidad es discursiva, al menos hasta la fecha, y en lo que respecta a los planes de largo alcance, estos pasan a engrosar el archivo de los sueños milenarios.
Por lo anterior y mucho más, los candidatos opositores al PRI están obligados a emplearse a fondo y establecer sólidos compromisos con los grupos sociales, en vez de enfrascarse en un intercambio de acusaciones y descalificaciones que sólo enturbian el panorama.
Si no quieren debatir, que no lo hagan, porque lo más importante, ahora, es ir al encuentro con la ciudadanía y escucharla, lo que de ningún modo cancela la obligación de mostrar en público su proyecto.
Justamente eso es lo que podría inclinar la balanza el día de los comicios.
Por tanto, no basta con privilegiar la cultura del pendón, los mensajes cortos en medios electrónicos o andar como saltimbanqui, de un lado a otro, haciendo como que se está en campaña.
Sería suicida soslayar el hecho de que las estructuras partidistas que soportan a esos contendientes son bastante limitadas, bajas en mística y viciadas, debido a la contaminación pragmática que les endilga el sistema de “control institucional”.
Nadie en su sano juicio puede ignorar que, en conjunto, los individuos que deciden pertenecer a un partido político con dificultad llegan al 10% del electorado total.
Ello significa que el grueso de las personas en edad de votar no ha encontrado la suficiente motivación para expresar su pertenencia hacia un membrete de los que ahora toman parte en las elecciones estatales.
La experiencia también señala que las tendencias que permanecen latentes e inactivas, una vez que palpan la mentira y el engaño o la seriedad y justeza de las propuestas, salen de la pasividad e imponen su voluntad en las urnas.
Aún es tiempo de que los candidatos eleven la mira y expresen con claridad cómo y cuándo piensan transformar la problemática actual.
Ellos tienen la palabra y la obligación de hacerlo.
No hay de otra, si es que juegan a convencer y ganar.
El triunfalismo, la perversión, el sectarismo y las bravuconadas, así como la tentación manipuladora, deben quedar al margen.
La sociedad, más que circo y pan, merece respeto.
 
E-m@il
golpeagolpe@prodigy.net.mx
jusam_gg@hotmail.com  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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