El Anzuelo...
Calderón, sus cuentos alegres y la charanda a raudales
por El Fisgón
Papá no quiere que llore... Desea que sea hombre... Y no por lo que me hereda en la carne... Si no por el carbón que traigo en los genes...
Por: Eleazar Ávila
(Réquiem)
Papá no quiere que llore...
Desea que sea hombre...
Y no por lo que me hereda en la carne...
Si no por el carbón que traigo en los genes...
Papá yo te debí esperar
Y no sé cómo romper este egoísmo.
Papá dime que estas bien para no hacer reclamos.
Dime que la hostia del domingo no es una estafa...y dame un empujón.
Fuerte como el golpe de tu martillo.
Firme como la invitación a tomar café o cerveza...
Amoroso como los abrazos que no nos dimos...
Papá no quiere que llore
Pero sus regaños no me alcanzan
Papá el del millón de historias
Todas ganadas...
Papá ya ni te apures....
Que la imagen y semejanza de Dios nos haga el favor...de estar juntos
Para empezar de nuevo...
Sin el dolor de tu pierna...
Papá, me engaño y me arrullo en la
mentira...
Pero no me pidas que te de gusto, que si te esperas
Ya me jalarás las orejas
Pero por favor...
Dime que la hostia del domingo no es una estafa...y dame un empujón...
Aunque tenga que llorar
Por la alegría de ver otra vez
Junto a Papá Toño y
Mama Cristina...
Amen...
Lo
mejor de cada casa…
Un día tomó la decisión. No quería fumar
más, estaba arto de levantarse por la madrugada tosiendo, con flemas que
parecían no despegarse nunca de sus pulmones. Le faltaba aire y esa sensación
de saciedad, que tenía a los 10 años, cuando jugaba darle el golpe estaba muy
distante. En ese entonces, sus motores de vida ni por enterados se daban,
estaban chavitos.
Eran millones y no había nada que se les
pusiera enfrente, no había nada que no procesaran. 60 años después simplemente
le dijo adiós al cigarro. Siempre fue terco y aun cuando lo intentó, el tabaco
lo tenía secuestrado. La nicotina y el orgullo de decir, no he de morir de
parto, tampoco de fiebre carbonosa, mucho menos en la víspera.
Don Mago, hoy escribo al más grande héroe
de La Carbonera y su familia, padre de nueve hijos, junto a Doña Paula, los sacó adelante, como se
dice en su tierra, a sombrerazos, y no obstante, que a veces se le atoraba la carreta, nunca se
rompió.
De las piscas, a los “raques”, quitando hielo de las vías del
tren en Illinois, cuando el frio congelaba hasta los orines antes de caer, con sus Winston rojos, de esos que
fuman los hombres, le hacían menos triste la distancia e impedían que su
corazón se le congelara pensando en sus chilpayates, Cristina, Lalo, Rosa y
Eleazar, que después vendrían cinco más. Rebeca, Luz María, José Luís, Juan
Antonio y Martha Elena.
En ese entonces, igual masticaba “la
tatacha”, el inglés gringo del norte, que unos panes, pero nunca, sin dejar de lado el cigarro. Ese del que
decidió divorciarse, porque ahí de repente apareció la tos. Su intermitente
compañera, su agresiva cobradora de facturas, peleando centímetro a centímetro
el amor de Don Mago.
(Descansa en paz Margarito Ávila Martínez).
18 pendientes…
Correo:eldebateequis@hotmail.com
eldebatex@hotmail.com
Publicidad
Lo más visto
Minuto a Minuto de la Sección