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Sección: Reportaje / Generales

El enigma de Lupita García Escamilla

* ¿Era gente que servía al narco? * Si fuera así, ¿por qué vivía modestamente?

Por: Lennox Samuels y Alfredo Corchados

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01/12/2005 | Actualizada a las 16:37h

Nuevo Laredo, México – La voz en el otro extremo del teléfono estaba asustada y llena de angustia, sin embargo, extrañamente calmada. Reconocible de inmediato, quien llamaba habló en forma entrecortada. 'Mamá, estoy herida. Me dispararon. Te quiero.' Ese día, el 5 de abril, fue la última ocasión en que Beatriz Escamilla escuchó la voz de su hija, Lupita, a la que dispararon nueve veces cuando llegaba al trabajo. Once días después, Guadalupe García Escamilla estaba muerta, la última periodista muerta en la sangrienta guerra de las drogas en México. La reportera policiaca de radio XHNOE-FM se unió a la lista general de decesos que se extiende a cientos. La cuestión crítica es si la mataron porque era una dura reportera investigadora que exponía al crimen organizado o porque había caído en las redes de un cártel de la droga y fue ejecutada por otro. Las autoridades mexicanas están investigando las sugerencias de que un cártel le pagaba por información y para influir en sus artículos. Algunos investigadores estadounidenses y mexicanos, y otros reporteros afirman que Lupita estaba comprometida, que había trabajado para el cártel del Golfo. 'Sus actividades y muerte subsecuente pueden ser ligadas con el crimen organizado. Podría ser que ella trabajara para miembros del crimen organizado,' dijo Rogelio García Fernández, subprocurador del estado de Chihuahua. La familia de Lupita rechazó esas declaraciones e insistió en que no se había dejado corromper, que no hizo nada malo. Algunos ejecutivos locales de los medios de comunicación afirmaron que trató de manipular su cobertura para minimizar la gravedad de los incidentes violentos y para mostrar en una luz más favorable a sus contactos del cártel. En el peligroso e impredecible mundo del narcotráfico, donde es mucho lo que no se puede saber, el caso de la mujer que gran cantidad de gente consideraba la voz de Nuevo Laredo sigue siendo un enigma y tal vez nunca se resuelva. La prensa en la mira de los traficantes En la ciudad fronteriza, los cárteles rivales de las drogas luchan por la supremacía con ferocidad que sólo se ve en zonas de combate. En esos enfrentamientos, los reporteros antes podían contar con un asterisco: * Periodistas trabajando: no disparar. Pero esos días en la actualidad son un recuerdo. En México, los reporteros se han vuelto objetivos clave mientras los implacables narcotraficantes elevan el número de víctimas. 'Para los reporteros que trabajan en cualquier parte de América, la frontera se ha convertido en el lugar más peligroso para conseguir información', informó Leonarda Reyes, directora del Centro para Periodismo y Ética, en San Miguel de Allende, Guanajuato, México. 'Los medios de comunicación y la población viven y trabajan como rehenes, teniendo cuidado en lo que dicen o escriben. Un movimiento equivocado puede costarles la vida. La población en general ya no tiene un verdadero sentido de lo que es la verdad ya que informar al respecto conlleva consecuencias mortales'. Los cerebros de las drogas de México han comprado a personas de todo tipo: funcionarios de gobierno locales, estatales y federales, policías, altos mandos militares, jueces, jefes corporativos. Los reporteros no han sido inmunes. Algunos han sucumbido a la presión, las amenazas o los sobornos para convertirse en asociados y apologistas de los traficantes en lugar de ser los comentaristas de noticias desapasionados que se supone deben ser. 'Incluso si se empieza siendo idealista, los cárteles nos quitan eso. Si se desea sobrevivir aquí, se debe seguir una línea tenue', comentó un reportero de radio de otra estación. Algunos colegas sostienen que Lupita parecía haber cruzado esa línea en la siempre creciente guerra de los narcóticos. Mujer de armas tomar Lupita García, de 39 años de edad, era una periodista comprometida y entusiasta. En eso están de acuerdo la familia y sus colegas. En el edificio blanco de dos pisos en las calles de Moctezuma y Morelos, en la Colonia Juárez, donde en el pasado estuvo gran parte de sus días, los hombres que trabajaban con ella se sientan en un estudio, hablando frente a un tablero de micrófonos. Una señal en la puerta anuncia: Área de Silencio. En una antesala cercana, el diminuto escritorio de Lupita está como lo dejó, pilas de casetes usados, archivos con etiquetas claras y en una bandeja. La reportera caída de Stereo 91 era madre soltera con un hijo adolescente. Era blanca, con cabello rojo, su ojo derecho fijo en un estrabismo permanente. Era baja y algo regordeta; todo el tiempo seguía dietas pero no le importaba mucho el ejercicio. No fumaba. Era inconformista, apasionada y tenaz. Hacía que muchas personas se sintieran incómodas por su honestidad. Era perseverante, movida por la injusticia, determinada a sacar la noticia. 'Sabíamos que la habían amenazado.' El director de noticias, Roberto Gálvez Martínez, un diminuto veterano de 30 años del negocio de la radio, dice esas palabras casi con resignación. 'Mucha gente lo escuchó, en especial los que siguen la cobertura de la policía, ya que cualquier podría escuchar las amenazas en la radio. Algo como “Lupita García, eres la siguiente. ¡Viva Sinaloa!” Eso sólo hacía que Lupita se enojara más. Y si conocían a Lupita, sabrían que no debían hacerla enojar.' Al parecer, alguien actuó basándose en esas amenazas la mañana del martes 5 de abril. Eran casi las 8 a.m. cuando Lupita bajó de su Hyundai 2004, blanco, después de estacionar el auto en su lugar normal cerca de la puerta trasera de XHNOE. La gente en la calle se dirigía a sus asuntos. Nadie prestó atención alguna a un joven que llevaba mochila y paseaba en la acera de la calle Morelos. Cuando Lupita caminaba hacia la entrada, el hombre sacó un arma de 9 mm. de la mochila y le disparó 15 veces. Nueve balas dieron en la reportera: en pecho, abdomen, brazos y muslos. El atacante escapó en el calor de la mañana mientras ella caía cerca de un grupo de parquímetros. Sus compañeros de trabajo, sorprendidos por los tiros de arma, se apresuraron a salir de la estación y pidieron ayuda. '¡No me pasará nada! ¡No me pasará nada!', gritó Lupita, mientras los paramédicos atendían sus heridas. También pidió algo para disminuir el dolor. 'Cuando llegamos al hospital, Lupita estaba muy conciente. Intentó hablar conmigo, decirme algo, pero tenía un tubo en la garganta así que sólo podía hacer contacto con los ojos. Por 11 días entré y salí del hospital', recuerda su madre, la señora Escamilla. 'La extraño mucho, extraño todo lo de ella. Tenía tanta energía, tanto valor. He perdido a mucha gente en mi vida, pero ella se lleva una parte importante de mí.' Una frontera en manos del hampa El éxito de Lupita no fue inmediato en su carrera. El dueño y administrador de la estación, Noé Cuellar González, tuvo dudas al principio. 'De ninguna manera tenía una voz agradable', recuerda. Pero la gente cambió de opinión y empezó a sintonizar su programa, 'Punto Rojo'. Cuellar puede avalarlo. 'Con el paso del tiempo, a los radioescuchas les gustó su agresividad, su profesionalismo y su valor para buscar la historia sin importar nada. Tenía buenas fuentes. Demostró que era más que una voz. Con el tiempo se convirtió en la voz de la ciudad. Era una voz con autoridad en el tema del crimen'. Además, tenía sentido común, tenía conocimiento de las calles, lo que a su vez le daba credibilidad en las calles. 'Tenía esta determinación y enojo, y en su mayor parte, los usaba bien. Se aseguraba de cubrir todo asesinato. Incluso si estaba fuera, a menudo era la primera en aparecer en la escena del crimen. A veces sabía más que la policía', explicó Gálvez, quien presenta un programa de noticias matutino con un amplio público en Nuevo Laredo así como al otro lado de la frontera en Laredo, Texas. Nuevo Laredo no se parece a la idea que tenga alguien de una zona de guerra. No es Faluja. Es hogar de 310,000 personas, un grupo esparcido de casas sencillas. Pero nadie sale en defensa de Nuevo Laredo. Como sea, no con efectividad. La policía local es indiferente o impotente. O lo que es peor, está comprada. En un país donde demasiada gente recibe dinero en sobornos, la policía a menudo es ejemplo de corrupción. Los policías parecen dominar todo, sin embargo, son los mismos que la Operación México Seguro del presidente Vicente Fox, una campaña del gobierno federal para incrementar la seguridad a lo largo de la frontera, hace poco retiró de sus dependencias, al menos temporalmente. ¿El problema? Corrupción. Dicen los federales que muchos policías locales estaban demasiado cerca de los cárteles y sus secuaces, los Zetas y los Hombres de Negro. En este medio entró García, una reportera investigadora defensora que creía que 'se debía descubrir a los criminales', de acuerdo a Raymundo Ramos, reportero y director del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo. Algunas personas dicen que el cártel de Sinaloa hizo que mataran a Lupita porque fue demasiado lejos en sus reportajes de investigación. Gálvez recuerda tratar de hacerla retroceder. 'A menudo le decíamos, -Lupita, no te acerques tanto, no profundices tanto. Podrías hacer que personas se sientan incómodas. Ninguna historia vale tu vida-. Pero siempre se tenía la sensación de que las palabras le entraban por un oído y le salían por el otro'. La historia que tal vez provocó el ataque a Lupita fue la que llevó a cabo el día antes de que le dispararan, respecto a Fernando Partida Castañeda, abogado que supuestamente representaba a narcotraficantes. Balacearon a Partida el 4 de abril, apenas unas horas antes que a Lupita; fueron dos hombres armados que dispararon a su auto a poco más de 100 metros de una comisaría. Murió al instante. Los asaltantes escaparon. Nadie sabe con certeza si fue la noticia de Lupita lo que causó que la atacaran, pero el reportaje recibió mucha atención. ¿Fue la reportera víctima de la violencia de las drogas? Tal vez, afirmó Gálvez. 'Tenemos dos campos que se lanzan rocas uno al otro y estamos atorados en medio con pocas garantías o ninguna.' Otros tienen explicaciones diferentes y más siniestras. Afirman que Lupita en realidad estaba trabajando con traficantes, específicamente, con los Zetas, sicarios del cártel del Golfo. Que servía como centro de intercambio de información, que decía a otros periodistas qué temas de noticias podían publicar y qué debían acallar. 'Estamos investigando informes no corroborados de que recibía dinero de miembros de un grupo específico del crimen organizado en intercambio por información y el control de la misma', explicó García Fernández, subprocurador de la república para el área de Nuevo Laredo. Un investigador de Estados Unidos, utilizando la información reunida de informantes de México, describe su papel como 'el amortiguador entre los Zetas y el público, la persona que ayudó a determinar qué salía al aire o se imprimía en intercambio por dinero e información'. ¿Por qué fue asesinada? El investigador y algunos reporteros afirmaron que en el caso de Fernando Partida Castañeda, lo que pudo sellar el destino de Lupita es que había demasiada información en su reportaje. Eso pudo hacer enojar al cártel de Sinaloa, que se cree fue responsable de la muerte del abogado. Algunos críticos comentaron que la participación de Lupita en el cártel del Golfo se podía inferir de la forma en que sus reportajes tendían a concentrarse en el cártel de Sinaloa y quitaban importancia a los supuestos crímenes de la organización del Golfo. En su última historia de radio del 4 de abril, Lupita fue fidedigna, hasta el punto en que su reportaje estaba lleno de detalles: La precisión que los asaltantes tuvieron al disparar a Partida. Desde donde dispararon. Que conducían un Taurus verde oscuro. Que lo dejaron mal estacionado en medio de la calle, en dirección contraria. Que una pistola de 9 mm. estaba en el piso del lado del asiento del pasajero delantero. Describió cómo condujeron alejándose. Su ruta de escape. Nunca mencionó nombre alguno, de ningún asaltante. Ni de ninguna organización criminal. El investigador de Estados Unidos afirmó que los señores de las drogas buscan controlar el flujo de la información en la ciudad, de poner mordaza a los medios de comunicación. Según algunos ex colegas, Lupita era un intermediario clave. Está la ocasión en que México estuvo de acuerdo en extraditar al supuesto líder del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas, a Estados Unidos. La gran noticia virtualmente se ignoró en Nuevo Laredo. Lupita telefoneó a reporteros, afirmaron algunos ejecutivos de los medios de comunicación, para darles instrucciones de que se debía ignorar el asunto, o al menos enterrarlo en los reportajes de los medios de comunicación. La idea era que el cártel estaba preocupado de que una cobertura muy amplia podía dar crédito a que en verdad habían extraditado a un cerebro clave de las drogas, algo que rara vez sucede en México. Un ejecutivo de los medios de comunicación que recibió una llamada de ese tipo de Lupita, se quedó tan consternado que la volvió a llamar por teléfono después de que la historia se publicó y transmitió, con pocas fanfarrias. 'Le comenté que les dijera que si así iba a ser, bien podíamos cerrar ya que no tendríamos credibilidad con el público', recordó. Había seguido sus instrucciones como algo obligatorio, pero se sintió forzado a protestar después de que el público se quejó de que habían enterrado la historia. Parece que incluso los señores de las drogas desean fortalecer sus imágenes. 'Los cárteles son como otras organizaciones de negocios. Les gusta la buena publicidad. Y pagarán para tenerla.' Ésa fue la opinión de un ex compañero periodista de Lupita, quien también ha sentido presión de los narcotraficantes. 'Así que no debe ser una sorpresa que pudiera ser agente de prensa de los Zetas. Ella era su representante de relaciones públicas y su muerte fue un mensaje que mandó la gente del Chapo Guzmán'. El mensaje: que los periodistas deben mantenerse en línea. Vivía modestamente Beatriz Escamilla, de 65 años de edad, es consciente de las historias sobre su hija. Contempla lo que llama las ironías de la vida de Lupita, mientras se encuentra en la casa que en la actualidad comparte con 10 gatos y cuatro perros. Le gustaría regalar los animales pero siente que como eran de su hija, está obligada a conservarlos. 'No creo que vaya a saber nunca quién mató a mi hija. No habrá justicia. En lugar de la justicia, las autoridades ensuciarán la reputación de una persona después de que se fue. Así está sucediendo con mi hija', comentó con indignación. 'De repente se presenta especulación sobre ella como persona. Si estaba implicada en lo que fuera con los cárteles de las drogas, no sabíamos nada al respecto. No sabemos si tenía algún vínculo con esa gente. Nunca habló de ellos, nunca dijo ni una palabra. Y ahora que está muerta, dicen todas esas cosas desagradables de ella. Me sorprendería e impactaría si hubiera participado en algo de eso.' Si Lupita estaba ligada con una organización criminal, no se tiene evidencia de que se beneficiara materialmente. La casa en la colonia Madero, donde vivía a 10 minutos de la estación, se compró por menos de 8,500 dólares. Es una casa del gobierno, comentó la señora Escamilla, aún no está pagada. Está equipada con lo fundamental: televisión, estéreo, computadora, muebles simples. Su Hyundai procede de su novio, Marcos Hernández, empleado de aduanas de México. Dejó 25,000 pesos en dos cuentas bancarias, alrededor de 2,300 dólares. 'Si mi hermana era narcotraficante, o trabajaba para ellos, ¿viviría en este basurero?', preguntó Héctor Manuel Contreras Escamilla, de 26 años de edad. '¿No viviríamos en una gran mansión o rancho de manera que esos animales pudieran vagar libres? En la actualidad, cualquier muerte hace que los políticos se sientan incómodos, le echan la culpa a la violencia de las drogas. Eso explica por qué mataron al vendedor de helados, o al bolero, o al reportero. Es la salida fácil.' Si no había soborno financiero, ¿qué podía motivar a Lupita para hacer un trato con criminales? Lo mismo que la impulsó a ser periodista por principio de cuentas, comentaron sus colegas: la noticia y tenerla antes que todos. Sin embargo, para un compañero reportero son apócrifas las afirmaciones de la participación en las drogas. E irrelevantes. 'Estuviera involucrada o no, su muerte se debe investigar por completo. Estamos hablando de la pérdida de un ser humano', explicó. Corchado y Samuels escriben para The Dallas Morning News.

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