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Sección: Editoriales / Desde esta esquina

Prevenir ¿controlar que?

Tal y como lo anuncio el gobernador Eugenio Hernández Flores, ya hubo más nombramientos; que fueron, como efecto domino...

Por: Melitón Guevara Castillo

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16/01/2008 | Actualizada a las 17:15h

Tal y como lo anuncio el gobernador Eugenio Hernández Flores, ya hubo más nombramientos; que fueron, como efecto domino, por el fallecimiento de Joaquín Contreras Cantú: José Manuel Assad Montelongo pasa a Educación; Alejandro Jiménez Riestra es el nuevo Secretario de Administración y, el exdiputado José Francisco Rábago Castillo es el nuevo Contralor del Estado. Completan los nombramientos el de Maria Eugenia Rhi Sauci Anaya como Directora General de Vinculación Social en la Procuraduría General de Justicia, ahí donde ordena José Ives Soberón.
 
 
La primera declaración que hizo Rabago Castillo, ya ungido como Controlar, tiene como eje central “prevenir”. Prevenir es un concepto de administración, que tiene que ver con el control que se ejecuta: es un control a priori. En este sentido tiene mucha razón el contralor: el carácter preventivo, dice, es para asegurar que ningún funcionario y empleado público cometa alguna irregularidad. Si la comete, dice, será sancionado conforme a la ley. Que no será, recalco, de mano dura.
 
 
Para dejar bien claro su papel de nuevo contralor, Rabago Castillo no vacila en recurrir a la historia. Recordó que fue en tiempos de Américo Guerra –otro americanista que regresa-, que como contralor mando a cientos de servidores públicos deshonestos a la cárcel… la historia, recalco, esta en los medios de comunicación. Efectivamente, la Contraloría se creo en los últimos tres años de Emilio Martinez Manautou y su titular fue Rene Perez Castro; y en los seis años de Américo Villarreal, el contralor fue José Francisco Rabago Castillo.
 
 
En el gobierno de Manuel Cavazos Lerma, al inicio, la contraloría hizo trizas a Pedro Silva y a Víctor Manuel Márquez Gatica, el primero había sido funcionario de la Secretaria General; y el segundo titular de SIPOBLADUR. En el sexenio pasado, en el de Tomas Yarrington, por efectos de la Contraloría el turno fue para Pedro Hernández Carrizalez por las deficiencias, ineficiencias y corruptelas en la construcción de la carretera Rumbo Nuevo. En esta administración, la de Eugenio Hernández Flores, ni un pez gordo, medio gordo o pequeño ha sido balconeado como corrupto.
 
 
La explicación que dio Rabago Castillo a la prensa fue clara: prevenir que los servidores públicos y empleados, hagan mal uso, distraigan o se aprovechen de los recursos públicos, de los bienes muebles e inmuebles, de las inversiones, porque son dinero del pueblo. En este caso, la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos como el Código Penal tipifican los delitos que, en sus funciones o tareas publicas, pueden cometer los servidores públicos.
 
 
Con más de 20 años de existencia la Contraloría debe, o debería, haber perfeccionado sus métodos y procedimientos de prevención. Cuidar la mano y las bolsas de ciertos servidores públicos no es fácil. Y, para Juan Pueblo, es una realidad que la Contraloría no ha cumplido; que no ha cuidado bien las manos de unos y otros, porque al fin de cada sexenio, como bien decía Don Jesús Silva-Herzong, siempre hay una comalada de nuevos ricos. ¡Ricos Sexenales!
 
 
En fin, con las primeras declaraciones de José Francisco Rabago Castillo, imaginamos, más de un servidor público debió ponerse a temblar. Saben que, ahora, tendrán que cuidarse más, ser más precavidos, para no ser parte de las estadísticas de corruptos que llegan a la cárcel por la acción vigilante del contralor. Los hechos, los hechos, son los únicos que ponen a cada quien en su lugar. La demagogia se descubre con el tiempo.
 
 
Comentarios: meligue@prodigy.net.mx

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